El pasado 18 de junio, un cohete sin astronautas dejó Cabo Cañaveral en Florida para no volver nunca más, en una misión kamikaze hacia la Luna que finalizó el pasado 9 de octubre.

La misión, llamada LCROSS, constaba de dos naves espaciales, que viajaron unidas y dieron vueltas tomando fotos a la Luna durante unos meses, hasta el 9 de octubre, que se separaron. La nave más grande encendió sus cohetes a máxima potencia apuntando al fondo de un sombrío cráter, mientras la nave pequeña, plagada de cámaras y sensores le seguía el paso.
La primera nave, de más de dos toneladas, impactó contra nuestro satélite a unos nuevemil kilómetros por hora, dejando un cráter de unos treinta metros, y levantando una columna de polvo de unos seis kilómetros.
La más pequeña filmó el impacto, para luego sumergirse en la bola de deshechos y analizarlos y enviarlos frenéticamente a la NASA, porque cuatro minutos después tendría el mismo destino.

El objetivo de la misión era simple: saber si había agua en el suelo lunar. Y el pasado 13 de noviembre la NASA emitió un comunicado explicando que los datos muestran que sí hay agua congelada en los oscuros cráteres lunares.

Hoy en día, las teorías con más evidencias sobre el origen de la Luna, dicen que hace unos cincomil millones de años, un objeto del tamaño de Marte chocó contra nuestro planeta, que en ese momento era una bola de roca fundida. El impacto habría arrancado una gran cantidad de material que quedó dando vueltas alrededor de nuestro planeta y paulatinamente se fue aglutinando dando origen al satélite.
En esas épocas tempranas del Sistema Solar, había millones de cometas (de hielo) y asteroides (de roca) dando vueltas por ahí y chocando con todo.
Se cree que el agua de los océanos proviene de una gran cantidad de cometas que imactaron con nuestro planeta en esos tiempos. Si la teoría es correcta, la Luna también debería haber sufrido esos impactos, y deberían haberse creado océanos ahí, pero sucede que es demasiado pequeña y no tiene la suficiente gravedad para evitar que el agua se evapore al espacio.

En las misiones Apolo de los años ’70, se había encontrado humedad mezclada con las rocas, pero se pensó que era humedad terrestre (nadie se dio cuenta de meter las piedras lunares en un tupper antes de volver a la Tierra).

Como el agua se escapa al espacio, no puede formar océanos en la Luna, pero sí se puede quedar congelada entre las rocas, sobre todo si se la busca en zonas oscuras donde nunca iluminó el Sol. Y eso fue lo que hizo LCROSS. Y fue un éxito. Esto afianza un poco la teoría de la formación del sistema Tierra-Luna y nos da una pista de dónde encontrar el elemento tan preciado.

¿Para qué queremos agua en la Luna?
La humanidad es naturalmente curiosa, y nuestra historia está formada por la exploración de nuevas tierras: así fue como conquistamos casi toda la superficie del mundo. Desde hace medio siglo estamos mirando seriamente hacia arriba, ya que por un lado nuestro planeta no estará siempre aquí para nosotros, y por otro, siempre vamos a querer explorar, conocer y descubrir qué hay más allá. Aquél “pequeño paso para un hombre, pero gran salto para la humanidad” de hace cuarenta años, debe continuar.
Y mientras intentamos resolver el hambre y las luchas internas de nuestro planeta, la exploración debe continuar.

El agua es uno de los elementos básicos que no pueden faltar a donde vayamos. Si queremos establecer una base en la Luna, donde comenzaremos a aprender qué significa vivir en otro planeta, tenemos que llevar mucho equipaje, lo que se traduce en tiempo-dinero-contaminación. Encontrar una fuente local de agua ayudaría mucho. Desde el pasado viernes sabemos que hay, ahora necesitamos buscar la forma de utilizarla en nuestro beneficio.

En su momento, George W. Bush, había anunciado que el hombre volvería a pisar la Luna antes del 2020, pero al ritmo que se vienen recortando los presupuestos de la NASA, y demás agencias espaciales importantes como la ESA europea, es casi imposible que esto suceda. Sin embargo, un retraso en las misiones no significa que se vayan a cancelar. Otras agencias como la india ISRO, y la rusa RosCosmos (me encanta ese nombre), tienen planes de exploración. Además del reciente surgimiento de diversas agencias espaciales privadas.

El primer cohete fue el de las misiones Apolo a la Luna en los ’70, el segundo es el de los transbordadores espaciales, los otros tres forman parte del Proyecto Constelación: una nueva generación de cohetes que llevarán a la nave Orion y otras más grandes al espacio exterior en los próximos años. 300 pies son 100 metros.

Por otro lado, está por finalizar la era de los ya aburridos transbordadores espaciales, que fueron ideados básicamente para construir la Estación Espacial Internacional. Según el cronograma los transbordadores se sacarían de servicio en 2010, y serían reemplazados recién en 2015 con la nave espacial Orion. Una versión mejorada de la que fue a la Luna, no es reutilizable, pero aun así es mucho más económico, y tiene la capacidad tanto de acoplarse a la Estación Espacial como hacer viajes interplanetarios y aterrizar en la Luna, cosa que el Transbordador no podía.

Como pronunció Carl Sagan en su maravillosa obra, Cosmos:

“La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos. Recientemente nos hemos adentrado un poco en el mar, vadeando lo suficiente para mojarnos los dedos de los pies, o como máximo para que el agua nos llegara al tobillo. El agua parece que nos invita a continuar. El océano nos llama. Hay una parte de nuestro ser conocedora de que nosotros venimos de allí. Deseamos retornar. No creo que estas aspiraciones sean irrelevantes, aunque pueden disgustar a los dioses, sean cuales fueren los dioses posibles.”