Hay numerosas leyendas sobre el árbol de navidad, pero casi todas coinciden en que la quema de un árbol durante el solsticio de invierno es una costumbre que se remonta al Egipto de hace 5000 años, donde festejaban el nacimiento de Horus, su Dios Sol, y a Sumeria, para el nacimiento de la Diosa del Sol Mitra.  

Los celtas habrían adoptado esta costumbre cerca del 1100 antes de cristo, y se supone que adornaban un árbol con piñas pintadas, hiedras y telas de colores, para luego quemarlo.

Se cree que alredor del año 700, San Bonifacio cortó por primera vez uno de estos árboles paganos adornados en el norte de Europa, y lo reemplazó por un pino, adornado con manzanas por el pecado original* y las tentaciones, y velas representando a Jesús como luz del mundo.

El árbol de navidad se difundió por el mundo como símbolo navideño a partir del siglo XVII. Hoy en día se reemplazan las manzanas con bolas rojas, las velas con luces eléctricas y en muchos lugares se utilizan árboles sintéticos. Las estrellas representan el interés de las sociedades primitivas por el cielo, y la creencia de predecir el futuro con él, así como la estrella de la punta del árbol hace referencia a la Estrella de Belén que habría guiado a los Reyes Magos para que le regalen oro, incienso y mirra a un recién nacido.

*En ningún lugar del Antiguo Testamento dice que la Fruta Prohibida es una manzana.