Una de las funciones de la medicina intensiva es poder responder cuántos de sus pacientes mejoran o recuperan la calidad de vida previa a su ingreso en una Unidad de Medicina Intensiva (UMI) y cuántos empeoran y en qué grado.

La calidad de vida previa al ingreso y la que espera disfrutar el paciente tras el alta es uno de los factores que más tienen en cuenta los profesionales a la hora de aceptar un ingreso en una unidad de medicina intensiva. La misión de los médicos de las unidades de medicina intensiva no es solamente que los pacientes vuelvan vivos a la planta, sino que lo hagan con un nivel de salud y calidad de vida igual o mejor que el que acreditaban antes de su ingreso, y que puedan ser mantenidos durante un periodo de tiempo suficiente como para justificar las cargas humanas y económicas que una unidad de medicina intensiva soporta.

No basta, pues, con hablar de resultados en términos de mortalidad: hay que conocer también el pronóstico del paciente. La tesis doctoral de Sebastián  –Mortalidad y calidad de vida relacionada con la salud en pacientes ingresados en una Unidad de Medicina Intensiva- estudia ambos aspectos.

Mortalidad y calidad de vida

Los objetivos de dicho trabajo son el estudio de la mortalidad; determinar si los pacientes críticos sufren un deterioro de su calidad de vida a los seis meses del alta hospitalaria y en qué aspectos de esta, e identificar las variables asociadas a las variaciones en la calidad de vida relacionada con la salud.

A fin de hallar una respuesta a dichas cuestiones, Iribarren diseñó un estudio con un grupo de pacientes. Contó para ello con 377 pacientes ingresados en la UMI del Hospital Txagorritxu durante los años 1999-2000, con un seguimiento a un año después del alta.

Registró variables relacionadas con las patologías crónicas, la gravedad del paciente durante su estancia en la UMI, el esfuerzo terapéutico realizado, etc. Asimismo, preparó un cuestionario sobre calidad de vida relacionada con la salud para los pacientes que ingresan en la unidad, a fin de conocer su estado previo. Repitió el cuestionario al cabo de seis meses del alta hospitalaria.

Según los resultados obtenidos, la mortalidad hospitalaria del grupo de pacientes fue del 24,9 %, y, al año, la mortalidad acumulada era del 40,8 %. La mortalidad hospitalaria se asociaba con una estancia hospitalaria, previa al ingreso en la UMI, superior a dos días, con la gravedad de la enfermedad que ocasiona el ingreso en la UMI, etc. La calidad de vida relacionada con la salud previa es un factor independiente de la mortalidad hospitalaria.

Iribarren observó que existe un deterioro, clínica y estadísticamente significativo, en la calidad de vida relacionada con la salud a los seis meses del alta en la UMI en un 60 % de los pacientes, que afecta sobre todo a las actividades de la vida diaria (actividad laboral, caminar, capacidad de realizar esfuerzos, etc.) Sin embargo, la mayoría de los pacientes siguen siendo autosuficientes.

Concluyó que el deterioro de la calidad de vida relacionada con la salud es más acentuado en aquellos que ingresan tras sufrir un politraumatismo, sufren fracaso renal o una estancia superior a 10 días en la UMI. Sin embargo, aquellos con una calidad de vida previa ya muy deteriorada o que padecen enfermedades crónicas muestran un menor deterioro de su calidad de vida previa.

Información sobre el autor

Sebastián Iribarren Diarasarri (Pamplona, 1963) es doctor en Medicina por la UPV/EHU. El director de la tesis es Luis Carlos Abecia Inchaurregui, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UPV/EHU. En la actualidad, Iribarren es médico adjunto en el Servicio de Medicina Intensiva del Hospital de Txagorritxu (Vitoria-Gasteiz).