Un trabajo realizado en la UGR apunta que las medidas establecidas por el , basadas en la congelación de activos, no han conseguido interrumpir la financiación de la banda terrorista

ha utilizado desde su fundación distintos mecanismos para obtener fondos de facilitadores financieros, organizaciones caritativas y empresas

El intercambio de información entre las autoridades y las entidades bancarias es fundamental para detectar las operaciones de financiación del terrorismo de Al Qaeda. Porque si la información financiera por si sola puede ser insuficiente para detectar cómo se financian la banda terrorista y sus grupos afines, cuando se combina con otra información en poder de los servicios de inteligencia sí puede ayudar para que los bancos vean un indicador de una posible actividad sospechosa.

Así se desprende de un trabajo de investigación elaborado por , profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Granada.

Su trabajo apunta que Al Qaeda ha utilizado desde su fundación distintos mecanismos para obtener fondos de facilitadores financieros, organizaciones caritativas y empresas. En la actualidad las células, ramas o grupos asociados a Al Qaeda están obligados a actuar de modo autónomo y autofinanciar en gran medida sus actividades a través del tráfico de drogas y otros delitos comunes.

Todos estos grupos “han tenido que recurrir al hawala (‘transferir’, en árabe) y a los correos de efectivo para mover el dinero al margen del sistema financiero formal”. Pero además, existen otros mecanismos que pueden ser utilizados por los grupos terroristas para desplazar sus fondos sin ser detectados. “Tal es el caso del comercio internacional que por su volumen y complejidad en los medios de pago es especialmente vulnerable -destaca el profesor Del Cid Gómez-. La aparición de nuevos métodos de pagos propiciados por el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones también supone un riesgo para las autoridades ya que pueden ser utilizados por los terroristas para desplazar el dinero con total anonimato”.

Financiación no interrumpida

Las medidas establecidas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, basadas en la congelación de activos no han conseguido interrumpir la financiación de Al Qaeda, advierte el investigador. Por otro lado, la aplicación de la debida diligencia con el cliente tampoco ha mostrado gran eficacia en la detección de operaciones terroristas ya que los informes sobre transacciones sospechosas que generan las instituciones financieras en todo el mundo tienen escaso valor a la hora de congelar los fondos de la organización terrorista.

En su trabajo, el experto aporta numerosos datos relevantes sobre la financiación de banda, las necesidades financieras de Al Qaeda antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 eran de unos 30 millones de dólares anuales, según un informe de la CIA. Algunas estimaciones apuntan cuál fue el coste económico de la organización de este atentado: entre 400 y 500 mil dólares.

Del Cid advierte que, sin embargo, los grupos terroristas necesitan sufragar tanto el coste directo asociado con la comisión de un atentado como los costes de estructura relativos al mantenimiento de la organización y propagación de su ideología.

Además de la compra de armas, vehículos, materiales explosivos y detonadores que vayan a ser utilizados en el ataque, los grupos terroristas tienen que atender otras necesidades como los gastos de subsistencia de los terroristas y de sus familiares; las comunicaciones entre sí y con la red matriz de la que reciben instrucciones; la formación de sus miembros; el coste de los viajes de los miembros para preparar un atentado; la propaganda de la causa a través de distintos medios de comunicación y las actividades caritativas, que constituyen un vehículo de legitimación social para las organizaciones que promueven sus objetivos a través del terrorismo.