Investigadores de la UPM constatan la mejora de los resultados de las repoblaciones forestales cuando se aplica la fertilización en vivero adecuadamente y en abundancia, consiguiendo así una mayor recuperación de terrenos degradados.

La tradición viverística forestal en España y en otros países con experiencia repobladora aconsejaba el cultivo de para forestación en condiciones de baja disponibilidad hídrica y de nutrientes. Todo ello para producir de pequeño tamaño y, en teoría. acondicionadas a la dura situación que tendrían que afrontar en el futuro trasplante al monte.

Bajo estas hipótesis, investigadores del Departamento de Silvopascicultura, adscrito a la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han trabajado durante 7 años en conocer los procedimientos de cultivo, y en particular el manejo de la fertilización, para producir planta forestal resistente a la plantación, capaz de sobrevivir y crecer en ambientes difíciles.

Tradicionalmente, los fracasos en las repoblaciones se atribuían en su gran mayoría a fallos en la ejecución y se reponían las “marras” causadas (plantas muertas), con el consiguiente aumento de coste económico. La afirmación previa se basaba en la creencia (sin un fundamento fisiológico que lo soportara) de que las plantas pequeñas y poco alimentadas iban a soportar mejor la sequía -al no perder tanta agua por transpiración- y el déficit de nutrientes de los esquilmados suelos receptores de la repoblación.

La evidencia empírica ha ido demostrando, siempre dentro de una realidad compleja influida por multitud de factores naturales, que las plantas bien “cuidadas” en el vivero, con abundancia de agua y nutrientes, sobreviven y crecen mejor una vez plantadas en el monte.

La figura 1 resume los resultados del seguimiento de la supervivencia de un experimento(*) realizado con pino carrasco (Pinus halepensis) producido en vivero y sometido a diferentes dosis de fertilización (Nitrógeno-Fósforo-Potasio, N-P-K). Los investigadores observaron que, a mayor dosis, mayor supervivencia, con valores superiores al 80% de supervivencia a los 7 años en una zona de plantación semiárida, con una precipitación media inferior a los 200 mm anuales.

Además, en el caso del tratamiento con 7 g/l de 9-13-18, las plantas más grandes (de 40 cm de altura) sobrevivieron muy bien incluso a un evento de fuerte sequía que tuvo lugar en 1998, cuando la precipitación total anual no alcanzó los 80 mm.

Plantas más grandes y nutridas, las grandes supervivientes

Los ensayos realizados hasta el momento en un ámbito muy duro como el semiárido almeriense demuestran empíricamente que las plantas más grandes y mejor nutridas sobreviven y crecen mejor a corto y medio plazo. Asimismo, se demuestra que las sequías prolongadas posteriores a la repoblación discriminan aún más a las plantas más fertilizadas.

La razón debe buscarse genéricamente en un principio fácil de entender: los organismos vivos, debilitados por condiciones culturales adversas, no son capaces de tolerar situaciones de estrés venideras, mientras que las plantas bien nutridas y con reservas son relativamente independientes, al menos al principio, de las condiciones ecológicas adversas.

España es un país con una mayoría territorial bajo el ámbito climático mediterráneo, con sequías estivales que con frecuencia se adelantan a la primavera y se prolongan hasta bien entrado el otoño. Este duro escenario es probable que se haga más desfavorable en el contexto actual de cambio climático, por lo que la producción de material forestal de repoblación resistente es clave para mantener la labor restauradora y la recuperación de terrenos degradados.