Perdonen que interrumpa. En casa mi meretriz ha dejado libre mi ordenador (es sábado por la mañana) para redactar unas líneas, y he decidido aprovechar. Me presento: Demetrio de Falero, soltero de oro, cuarenta años, dos sexenios recién cumplidos. 30 alumnos. Ayer maté a dos. 28. No sabían algo, no recuerdo qué, pero me tomé la licencia. Deberían permitirnos tener un kalashnikov en clase, pero en la Universidad Falerífica Organizada (la UFO, para entendernos) son muy puritanos, el alumno siempre tiene razón, y tuve que convocarlos a mi despacho. Llamaron a la puerta y entraron sin esperar a que les gritara desde la puerta “¡adelante!”. Entre eso y que en clase no supieron responderme bien a una pregunta obvia (que sigo sin recordar), no he tenido más remedio que suspenderlos un mes antes del examen. Aún no lo saben, pero la sentencia está dictada. Por ellos. 28 alumnos. Todos menos Feliciano Devénguez y Asclopio Acospio. Y todo por, ya recuerdo, no saber escribir veintiocho correctamente. Mi meretriz me convoca. Les dejo. Buen provecho.