Empezaré arrancando en quinta para que no quede lugar a dudas: SÍ.

El papel, de lo que llamaremos para entendernos Norte y Sur en la economía mundial, que se traduce en definitiva en las cotas de bienestar y desarrollo que alcanzan sus respectivas poblaciones, tiene una explicación ciertamente compleja y llena de matices. Sin embargo, el conocimiento de la historia moderna y contemporánea puede ofrecernos algunas de las claves para comprender la enorme brecha existente entre los países ricos y los países pobres. Más concretamente, la evolución de la coyuntura económica mundial desde la Segunda Guerra Mundial explica mucha de las claves de la crisis financiera y humana que vive desde los años 80 una gran parte del mundo en desarrollo. No es una evolución natural la que tiene como consecuencia el actual orden económico internacional; las relaciones de poder entre las naciones, y el ancestral reparto de papeles entre las mismas es también relevante a estos efectos.

En mi opinión, debemos tratar de evitar el equívoco de afirmar que la existencia de una economía “mundial” es un hecho reciente y que la financiación internacional es también una novedad. Al contrario, a lo largo de los últimos siglos ha habido momentos de gran intensidad en las relaciones económicas internacionales, especialmente en el terreno comercial (no tanto en el productivo y en el financiero, fenómenos más recientes). Relaciones de dominación – dependencia entre las principales potencias y sus colonias. La aparición de nuevos factores (como el tecnológico) y la evolución de otros (como el transporte) ha supuesto un impulso decisivo hacia una progresiva mundialización de la economía, especialmente en el terreno financiero y, más recientemente, en el productivo.

Para no ahondar en palabras de historia que consuman espacio a esta entrada, avanzaremos brevemente en los siguientes párrafos dando pasos grandes y poniendo luz en aquellos puntos o hitos que han marcado el devenir económico mundial. Tras la Segunda Guerra Mundial y los acuerdos de Bretton Woods, se entra en un nuevo orden económico mundial, en donde, entre otras medidas, se crean algunas instituciones clave en esta película: El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Las dos principales potencias ganadoras de la Guerra, el Reino Unido y EEUU, levaron sendos planes a la discusión sobre la creación de nuevas instituciones económicas y financieras mundiales. Dichos planes venían respaldados por dos economistas que les daban nombre, White, funcionario del Tesoro norteamericano y Keynes, prestigioso economista británico. Dada las diferencias de peso entre ambas potencias ya en los años 40, el plan que se impuso fue el norteamericano, el plan White. El plan Keynes contenía interesantes propuestas de mucho mayor alcance. Mientras que el plan White contemplaba entre las funciones de las instituciones nacientes el respaldo a las economías que entrase en déficit de balanza de pagos, el plan Keynes iba más lejos. Consideraba que tanto los déficit como los superávit de balanza de pagos resultaban desestabilizadores para la economía mundial. De acuerdo con esta afirmación, propuso lo que se bautizó como el “ajuste de la balanza de pagos asimétrico”. Según este esquema, los países con superávit aportarían recursos a un fondo destinado a cubrir los déficit de otros países. De este modo el coste del ajuste sería compartido por las economías deficitarias y superavitarias, y no pagado exclusivamente por aquellas, como finalmente ocurrió. La otra propuesta de fondo del plan Keynes era la implantación de precios estables para una cesta de 30 productos primarios, de manera que estos no sufriesen constantes oscilaciones y depreciaciones. Su propuesta contenía como garantía de esto establecer como moneda de referencia mundia una cesta ponderada de con estos 30 precios, que garantizaría la estabilidad de los mismo.

Aunque el resultado de esta cumbre respondió a los intereses norteamericanos, no se pude negar que estuvo también en la base de la recuperación económica de Europa y en su progresiva aproximación al nivel económico norteamericano. No obstante, este nuevo orden ha contribuido decisivamente a agrandar la brecha entre los países ricos y pobres, perpetuando algunos mecanismos económicos y comerciales perjudiciales para el Sur.

Damos un salto de gigante hasta la década de los ochenta. Atrás dejamos la crisis del petróleo, que puso un exceso de liquidez en los mercados bancarios internacionales (en los Bancos de los países del Norte, para entendernos), procedente de los países productores; como la situación era de ajuste y recesión en los países del Norte, los Bancos dieron salida a este exceso de liquidez dando créditos de tipo variable y en buenas condiciones a los Países en Vías de Desarrollo (PVD), muchos de ellos con gobiernos corruptos y de escasas miras, que entraron en una espiral de gasto incontenido ante la avalancha de dinero que se les ofrecía. El sector bancario, nuevamente haciendo gala de su apego al riesgo, no ve venir la crisis de solvencia en la que estaba sumergiendo a algunos Estados ni, por ende, la crisis de impagos que debe afrontar ante la evidencia de esta situación. ¿Nos suena de algo esto? Ah sí, ahora son sub-primesninjas norteamericanos. Antes eran Estados. ¿Hay que resolver la crisis actual? Sí. ¿Hay que resolver la crisis de los PVD? Me pongo en sexta: Sí, claro, también. Y moralmente, con más razones.

Y todo fue como tenía que ir: a principio de la década de los ochenta, México se bajó del carro, agotado ante la subida de los tipos (estamos en la recesión de las eras Reagan y Thatcher) y decidió que no podía pagar sus deudas (nótese que sólo tres meses antes de declararse insolvente, un consorcio formado por los tres mayores bancos británicos concedió a México un crédito sindicado por valor de mil millones de dólares USA. Nuestros grandes analistas…) Tras México fueron cayendo otros países, como fichas de dominó. Esta situación planteó una situación de auténtica emergencia para la banca comercial internacional. Era tal su grado de exposición de riesgo, que un impago de los países endeudados podía hacer quebrar a alguno de los bancos más fuertes del sistema financiero, produciendo uncrack sin precedentes. Nos encontramos pues ante una coyuntura muy delicada para el Sistema. O se ayudaba a los PVD o se ayudaba a los Bancos. ¿Y a quién se le ayudó? Premio para el caballero: a los Bancos, cómo no. Ahí entraron en escena el FMI, junto con el BM, convirtiéndose en actores muy relevantes en el escenario de la deuda externa, obligando a los países deudores a acogerse a severos Programas de Ajuste Estructural (PAE) que pasarán a formar parte en esa década del paisaje del conjunto de los países endeudados: planes para hacer posible que los países, mediante un ajuste de sus economías, afronten sus pagos internacionales, devaluando su tipo de cambio y aplicando entre otras políticas de concentración de la demanda agregada. La concepción inicial que se tuvo desde los países y entidades acreedoras no fue la de asumir que las deudas de los Estados habían alcanzado tal nivel que resultaban impagables, como un problema de stock. Se decidió considerar que se trataba de un problema de liquidez y como tales fueron tratados. Mientras los bancos consiguieron dilatar el efecto de la crisis en el tiempo, para los países endeudados el problema se iba agravando. Los gobiernos acreedores, por su parte, agrupados en el llamado Club de París, pactaban con los deudores reestructuraciones de sus deudas para hacerlas pagables en alguna medida. Los pagos de las mismas paralizaron sus economías e hicieron caer el nivel de vida de su población.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la deuda externa se ha convertido para estos países en un factor estructural dentro de sus economías.  Así, estos países cuentan a día de hoy, con aparatos estatales obsoletos, sectores económicos con un reducido nivel de integración, una fuerte desigualdad social y una gran dependencia financiera del exterior. Ésta está vinculada a la carga de deuda externa y provoca la falta de control sobre el conjunto de sus políticas económicas y la ausencia de posibilidades de inversión en sectores sociales o de infraestructuras. En datos de 1995, las obligaciones de pago de la deuda exterior, como porcentaje del gasto público de los gobiernos han alcanzado las siguientes cifras: 86,5% (Congo), 55,2% (Honduras), 73,4% (Madagascar), 113,8% (Nicaragua), 53,6% (Tanzania) ó 81,4% (R.D. Congo, ex Zaire) (Datos de Boote, A.R. y Thugge, K, 1997) ¿Qué país puede crecer con este lastre? Observando estos indicadores vemos que el pago de la deuda es hoy una variable de enorme importancia para el sector público de un buen número de países, y su peso resulta decisivo en el diseño de las políticas económicas. El endeudamiento externo de los países supone un factor más de exclusión para los PVD y un problema, lógicamente para ellos, pero pensando egoístamente, también para nosotros. ¿Es que acaso no somos conscientes de que hay más de mil millones de seres humanos desesperados por salir de esos infiernos y que quieren entrar en nuestras fronteras? La resolución de la deuda comienza a plantearse en este siglo también como un problema para los países desarrollados.

La condonación de la deuda es posible. Y necesaria. Hay que alcanzar un equilibrio mundial y en palabras de los cursis, aunque con razón, sostenible, toda vez que los países ya han saldado con creces sus deudas originales en concepto de intereses. Existen multitud de fórmulas de condonación: multilateral, bilateral, en términos de Ayuda a la Cooperación, créditos blandos, programas de conversión de deuda por inversión privada (de empresas del Norte, un win- win), programas de conversión pública de deuda, programas de conversión de deuda por proyectos de desarrollo, sociales o educativos, recompra de deuda o “buy- back”, etc.

No hace falta poner el Heal the World de Michael Jackson para darse cuenta de que lo que está pasando. El verdadero problema económico del mundo no es saber si un país va a crecer al 2 ó al 3 por ciento. El verdadero problema es que hay miles de millones de personas que viven y mueren en un infierno de enfermedades, violaciones, guerras, muerte y ausencia total a los servicios básicos. Condonar la deuda de manera eficiente es el primer paso para que, con mucho trabajo después, puedan empezar a despertar. Por ellos. Y por nosotros, si me apuran.

Ademar de Alemcastre