UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

Ignacio Barandiaran Maestu es catedrático de Prehistoria en la UPV/EHU. Su especialidad son las culturas y la estratigrafía del Paleolítico Superior avanzado, del 15.000 al 10.000 antes de Cristo.

Ignacio Barandiaran Maestu comenzó en la Universidad de Zaragoza, dando clases de Historia Antigua Universal y de España, pero en cuanto podía se iba a excavar a las cuevas, siguiendo los pasos de su maestro Joxe Miel Barandiaran. En la actualidad, pertenece al departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Letras de la UPV/EHU. Le apasiona la Prehistoria, y su especialidad son las culturas del Paleolítico Superior avanzado.

“Hay dos formas de trabajar en Prehistoria: con los objetos que están depositados en el museo, o directamente en el campo. Para los problemas que quieres resolver, y trabajando con otros expertos, sólo encuentras la solución en el mismo yacimiento”, explica. Barandiaran es de los que acude hasta una cueva y cava en la tierra en busca de los restos que allí dejaron sus antiguos ocupantes.

El sílex de Urbasa

“En Urbasa hay importantes filones de sílex. Joxe Miel Barandiaran nos recordaba que su abuelo acudía a Alsasua, al mercado semanal, para reponer los sílex que necesitaban en casa para encender los chisqueros. Y sabemos que esas mismas canteras eran explotadas hace miles de años para fabricar muchos instrumentos”, cuenta Barandiaran.

“Uno de nuestros equipos (que coordina A. Tarriño) está estudiando a fondo los sitios prehistóricos a los que llegó el sílex de Urbasa: desde Asturias hasta el centro del Pirineo francés. Es un testimonio del movimiento que existía en aquella época”, explica. “Las gentes del Paleolítico Superior no vivían permanentemente en una misma cueva, cazando cuatro bisontes. Eran tribus cazadoras y nómadas. Cuando se dice ‘eran como nosotros’, la frase está equivocada: nosotros somos como ellos”, afirma Barandiaran.

“Se movían más despacio y vivían menos, pero mantenían comunicaciones fluidas y constantes intercambios. Por ejemplo, te encuentras en un yacimiento un buril y en otro lugar, a cien kilómetros, los restos del afilado; como si te encontraras en un lugar el lápiz y en otro las virutas del sacapuntas”. A raíz de dicho movimiento, hay objetos de arte portátil en el Pirineo francés con paralelos idénticos en Asturias, a 500 kilómetros, sin que se haya encontrado nada similar entre medio. Y cuevas en el centro del Pirineo francés con colgantes hechos con conchas mediterráneas…

Una vez realizado el lento trabajo de campo, son necesarios otros cuantos años para poner en orden lo encontrado, labor de un equipo pluridisciplinar. “Nosotros contamos para ello con la ayuda de arqueobotánicos, geólogos, paleontólogos, químicos, etc. Dicha colaboración había sido una práctica muy poco habitual hasta poco tiempo.  De todas formas, es una apuesta que llevamos adelante durante los últimos años. Después, es fundamental poner por escrito los descubrimientos”, afirma Barandiaran.

Sobre el entrevistado

Ignacio Barandiaran Maestu (San Sebastián, 1937) es catedrático de Prehistoria en la UPV/EHU. Es arqueólogo, especialista en Paleolítico, y enseña desde hace un cuarto de siglo en Vitoria, en la Facultad de Letras de la UPV/EHU. Recibió el Premio Euskadi de Investigación 2007, instituido por el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco.