He terminado de leer uno de los catorce libros de historia de Isaac Asimov (el escritor, como saben, no sólo fue un maestro en la literatura de ciencia ficción). Quizá sea una osadía abarcar la historia del Imperio Romano (ese es el libro) en 264 páginas de bolsillo, pero la claridad de ideas, la exposición diáfana de causas y consecuencias de los hechos fundamentales y la sencillez narrativa logran que la sucesión de nombres y fechas no resulte pesada en momento alguno. Partiendo de Augusto y llegando hasta la victoria del franco Clodoveo en Soissons en el 486, describe no sólo hechos políticos, militares y culturales, sino que además da pinceladas de los primeros momentos del cristianismo, de cómo logra expandirse por el imperio y de cómo fue uno de los motivos del resquebrajamiento del mismo. Es posible que resulte poco académico decir esto, pero necesitamos libros así: libros escritos por escritores, por narradores consumados que saben hallar el equilibrio entre el pulso de una buena historia (y la Historia está repleta de magníficas historias) y el rigor del saber bien documentado. La nitidez y cercanía conseguida por Asimov así lo indican.