En estos días el hemisferio norte sucumbe ante el frío, pero los que estamos en latinoamérica, sufrimos terriblemente el calor. Así que este artículo es más para nosotros, y los mexicanos y españoles pueden esperar unos meses para leerlo.En el artículo de Cómo salvar al mundo en los años venideros, que fue muy poco leído debido a la extensión, hice una breve referencia a lo que sería la arquitectura sustentable. Básicamente es la idea de diseñar casas y edificios que interactúen con el medio ambiente de diversas maneras para reciclar agua, mantener la temperatura correcta con aislantes y aprovechar la iluminación natural para ahorrar electricidad de forma pasiva, y complementarse con paneles y calefones solares, así como molinos en donde sea posible para obtener energía eléctrica sin consumir combustibles fósiles.

El principal problema de esto, además de requerir un arquitecto con conocimientos del tema y dinero para invertir, es que ofrece pocas posibilidades para las ineficientes casas que ya están construidas.

Hoy los científicos y el sentido común indican que en zonas edificadas se produce el efecto “isla de calor”, dado que las superficies oscuras de los techos y las casas, y las grandes masas estructurales absorben y conservan mucho más el calor en verano que la tierra y las plantas. Esto es una verdadera molestia en verano, e incide en que encendamos los acondicionadores de aire y ventiladores todo lo posible, consumiendo mucha electricidad.   

Un grupo de científicos del National Center for Atmospheric Research de EEUU, descubrió que algo bastante simple y barato, como pintar el techo de blanco, puede reducir los efectos de la “isla de calor” en un 33% dado que los colores claros reflejan mucho más el calor del Sol, en este caso al espacio exterior. Desde luego que es algo beneficioso para el medio ambiente, pero como a nadie le interesa esto, puedo contarles que en mi casa tenemos la terraza cubierta con baldozas blancas (creo que por casualidad), y resulta increíble poder caminar descalzo en mediodías de verano, algo que sería impensable hacer sobre el pavimento o sobre techos oscuros. La idea no es pintar el techo para poder caminar descalzo, el ejemplo es una medida comprensible del calor que absorbe el material del techo, y que nos continúa irradiando sobre las cabezas todo el día, hasta la noche.

Otro beneficio es que al disminuir las temperaturas máximas que alcanza el material (de 65ºC hasta 45ºC), se disminuyen también los posibles ruidos por la expansión-contracción de los materiales, y eventualmente las roturas. Aunque esto varía mucho en función del material usado. 

Para ahorrar aun más electricidad y tener un ambiente más agradable se puede también colocar aislantes en los techos y paredes, pero el costo es bastante superior a un balde de pintura impermeable blanca.
Esta medida resulta mucho más efectiva en lugares más tropicales, donde la incidencia del Sol es más directa, y se sufre mucho más el calor que el frío.

Muchas veces la pintura aislante de agua es de colores ilógicos, como el rojo oscuro, porque se fabrica en lugares no tan tropicales, donde no es necesario aislar el calor directo del Sol, y se prepara en base a colores similares al ladrillo u otras piedras.

Hay que ver si vamos a seguir prefiriendo el diseño y la estética tradicional, o nos vamos a decantar por esta alternativa mucho más económica, ecológica y que genera un ambiente mucho más agradable.

Fuente: Neofronteras