Creo sinceramente que los gallegos son lo suficientemente inteligentes como para saber que no se les estaba llamando indecisos por naturaleza, y que realmente (lo pensara o no) Rosa Díez, en sus ya famosas declaraciones, se refería al estereotipo de indeciso que comúnmente se considera peyorativo. Ya saben, en la vida hay que tomar partido.

Sin embargo, las cosas no son como se dicen, sino como se reciben. Y es ahí donde creo que Rosa Díez se ha equivocado de pleno. Porque lo cierto, y es un hecho incuestionable, es que en Galicia ha sentado fatal esa declaración, independientemente de las ideologías. Es prácticamente unánime. Una persona como ella, que se precia de estar pegada a la piel de la calle lo tendría que ver claro y apresurarse a rectificar. Así que lo tenía muy fácil saliendo a la palestra al día siguiente y pedir disculpas. Hubiera bastado, y sobradamente. Pero no.

No, porque Rosa Díez ha hecho balance y ha pensado que lo más importante es mantener a esos votantes escaldados con el nacionalismo que creen que pidiendo disculpas estaría entregándose a sus peticiones. No, porque Rosa Díez sabe muy bien que su partida está  más en la lucha por ese puñado de votos que consigue en la circunscripción de Madrid (mantener su puesto de trabajo, para entendernos), que en correr el riesgo a perderlo a costa de arañar unos votos inciertos en Galicia, votos que serán pocos, probablemente ya perdidos, y que en el recuento final se escurrirán como el agua entre las manos. No, porque Rosa Díez sabe que cuando vaya a Galicia algún descerebrado le tirará un huevo, un tomate o le soltará algún insulto, y eso aumentará su popularidad entre sus creyentes, creando la falsa sensación de que los bárbaros también han llegado a esa esquina del mapa y que ahora, más que nunca, su figura es necesaria. No me cabe la menor duda de que esto es así, y no se engañen señores: si en algo son especialistas los políticos, y lo saben hacer muy bien, es en recaudar votos. Aunque sea a costa de crear conflictos y problemas que no son representativos en la sociedad.

Por eso, en vez de pedir disculpas, prefirió dar esa imagen de coherencia para los suyos y prepotencia para el resto. Ya saben, en la vida hay que tomar partido: si los gallegos se sienten ofendidos es por complejo de inferioridad o perturbación nacionalista. Así, con dos bemoles. Nada de rectificar ni por supuesto de pedir disculpas, dejando con ello a los suyos extasiados de coherencia y con un cabreo monumental al resto del personal. Me pregunto dónde van sus mensajes de antaño, exigiendo a los políticos del PP y del PSOE que rectificaran, se disculparan, o dimitieran cuando cometían algún error.

Rosa Díez, lo siento mucho y no sabe lo que me duele ser tan categórico al afirmar esto: me ha demostrado que usted es exactamente igual que el resto de su casta.

Ademar de Alemcastre