UNIVERSIDAD DE NAVARRA

– El viceministro panameño de abogó en la Universidad de Navarra por que los países con menos recursos tengan cuidados paliativos de primer nivel

“La esperanza de vida media es similar en naciones que destinan distintos porcentajes de su Producto Interior Bruto a sanidad; las cifras no reflejan un aumento en función de la suma que los países invierten en esta partida. Eso significa que muchas de las naciones no administran con eficiencia los recursos destinados a la salud”. Julio Santamaría, viceministro de Sanidad de Panamá, hizo estas declaraciones en la Universidad de Navarra, donde participó en la II Jornada de Actualización en Bioética, organizada por el Máster en Bioética del centro académico.

Para el oncólogo panameño, graduado del máster del campus pamplonés, cada Estado tiene que encontrar su propia fórmula de la eficiencia, asentada sobre un principio: “Los responsables deben poseer sentido común y justicia distributiva, de forma que no se vea la Medicina como un negocio donde se considera al paciente como una mercancía”.

En ese sentido, alabó el intento de reforma de la Sanidad en EE. UU. por parte de la administración Obama, que pretende incluir en el sistema a los 50 millones de ciudadanos que no tienen cobertura de seguro universal, si bien se mostró escéptico: “Esta transformación ha tenido multitud de obstáculos y no logrará acometerse”.

Estudios de coste-efectividad

Según el Dr. Santamaría, aunque el problema de la inversión en salud también afecta a los países más ricos, especialmente con la crisis, las naciones de escasos recursos se ven más afectadas. “Precisamente por esto deben tener una atención de cuidados paliativos de primer mundo. Muchos pacientes llegan con patologías avanzadas y ya no responden a los tratamientos. La prioridad es mejorar su calidad de vida”, afirmó.

Asimismo, Julio Santamaría mencionó uno de los principales retos éticos de la medicina actual: el tratamiento con fármacos innovadores que alargan la vida pero que suponen un desembolso elevado para el gobierno, el paciente o las aseguradoras. “En Inglaterra, el Instituto Nacional de Excelencia Clínica (NICE), un organismo autónomo de expertos donde hacen estudios de coste-efectividad, ha determinado que sólo pueden utilizarse medicamentos de hasta 30.000 euros al año por paciente. En EE. UU, la FDA (Food and Drug Administration) tiene en cuenta la eficiencia del tratamiento; no obstante, fija un tope para patologías como las renales, a las que destina un máximo de 130.000 dólares al año por enfermo”, dijo.

“Algunos bioéticos -finalizó- rechazan estos estudios por considerarlos utilitaristas y porque no tienen en cuenta al individuo. Así, apuestan por que ninguno de los agentes -médicos, pacientes, gobiernos, aseguradoras…- decida de forma aislada en esta materia, sino que lleguen a un acuerdo guiados por el sentido común”.