UNIVERSIDAD MIGUEL HERNÁNDEZ DE ELCHE

La de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche Ana Espinosa ha colaborado, junto a científicos de la Universidad de California (EEUU), en el desarrollo de un nuevo tratamiento de la enfermedad de Parkinson que estudia el trasplante cerebral de precursores de células nerviosas en un modelo de Parkinson en roedores. Como consecuencia, la capacidad motora de los animales mejora notablemente. Los resultados de esta investigación indican que el trasplante de precursores de células inhibitorias puede restaurar el balance del circuito cerebral que está alterado en la enfermedad de Parkinson y en otras enfermedades neurodegenerativas.

La investigación, que aparece publicada en el último número de la revista científica Cell Stem Cell, ha sido dirigida por la profesora de la Universidad de California en Davis Verónica Martínez Cerdeño. Además de la investigadora del Instituto de Neurociencias (centro mixto de la UMH y del CSIC), también han participado los científicos de la Universidad de California en San Francisco Arnold Kriegstein y Arturo Álvarez Buylla.

Según explican los investigadores, las neuronas utilizan un neurotransmisor llamado dopamina para ayudar a controlar el movimiento muscular. En los enfermos de Parkinson, las neuronas del cerebro que producen la dopamina se destruyen lentamente. En consecuencia, las neuronas de las regiones afectadas por la enfermedad no pueden enviar mensajes apropiadamente, llevando a la pérdida de la función muscular. La estrategia tradicional para el tratamiento de estos síntomas motores consiste, principalmente, en proporcionar al paciente esta dopamina ausente en la enfermedad.

La investigadora Martínez Cerdeño y sus colaboradores han estudiado un nuevo tratamiento para los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson basado en la capacidad de las células precursoras de la eminencia ganglionar embrionaria, fuente de neuronas inhibitorias, para moverse de una región cerebral a otra. Los investigadores han trasplantado estas células precursoras embrionarias de rata en el estriado, una de las regiones del cerebro adulto afectadas por el Parkinson, en un modelo de rata parkinsoniana.

Tras el trasplante, estas células sobreviven, se mueven a las áreas cerebrales de interés, maduran como células inhibitorias que se asemejan a las verdaderas células cerebrales de ese área, son capaces de producir actividad eléctrica cerebral y de comunicarse con otras células nerviosas del cerebro y, finalmente, son capaces de modificar la actividad motora en las ratas parkinsonianas. Los resultados de la investigación confirman que el transplante de precursores inhibitorios puede restaurar el circuito cerebral dañado por el Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas.