Es un interrogante que muchos nos hemos hecho cuando compramos un teléfono nuevo. Los vendedores siempre nos recomiendan dejarlo 24 horas cargando la primera vez, y a pesar de nuestras ganas de probarlo (sobre todo los más tecnófilos), solemos dejarlo “por las dudas”. Por suerte se trata de un mito urbano, heredado del uso de tecnologías anteriores.
Vulgarmente, las baterías recargables son cápsulas contenedoras de ciertas sustancias que generan reacciones electroquímicas reversibles. Esto significa que cuando reaccionan generan un flujo eléctrico, hasta que reaccionaron en su totalidad, y a luego, cuando se les aplica corriente eléctrica, reaccionan a la inversa, almacenando energía química lista para ser liberada. Es de esperarse que existan diversos químicos con diferentes niveles de efectividad, peligrosidad, vida útil, y otras características; que se exponen a continuación:

 

NiCd

Las primeras baterías recargables fueron inventadas en 1899, y poseen Níquel y Cadmio, sigue habiendo en muchos lugares, pero fueron prohibidas en 2004 en la mayoría de los países fabricantes debido a que el Cadmio es altamente contaminante. Están identificadas con la inscripción NiCd, y una de las ventajas que tenían era que tenían una vida útil de entre 1000 y 1500 cargas-descargas. Pero tenían la desventaja de tener un alto efecto memoria, lo que significa que se producían defectos en su duración total si no se la descargaba completamente, y luego cargaba completamente.

NiMH

Desde los años ’90, se popularizaron las baterías de Níquel e Hidruro Metálico, pueden identificarse porque tienen las siglas NiMH. Hoy en día muchas baterías tienen estos componentes, especialmente las baterías AA y AAA recargables. No son extremadamente contaminantes como las anteriores por no tener cadmio, pero su vida útil total de cargas y descargas es menos de la mitad: entre 500 y 700. Sin embargo, cuentan con menos defectos, se descargan sólo un 20% por mes, frente a las anteriores que lo hacían un 30%. Y se arruinan menos por el efecto memoria. Igualmente siguen sufriendo este defecto, y se las debe cargar y descargar completamente en cada ciclo. En las instrucciones de cada batería suele decir el tiempo que se deben dejar cargando la primera vez: 12 o 24 horas dependiendo el caso. Esto sirve para que la reacción se lleve a cabo en su totalidad, y dicho vulgarmente, no queden “rincones tapados hasta donde no llegue la electricidad”. Los cargadores nuevos administran electricidad hasta que el voltaje llega a cierto nivel, y cortan luego el suministro, por lo que en general, y si son de marca, no se corre el riesgo de que se sobrecarguen e incendien.

Li-Ion

Finalmente llegaron las baterías de Iones de Litio (con la insignia LiIon), en un momento en el que el cuidado de baterías se había convertido casi en una religión. Y como estamos hablando de ciencia, la mayoría de los dogmas al respecto son inválidos, porque se trata de una tecnología completamente diferente. Son ligeramente más costosas, pero pueden almacenar más energía en menos peso y tamaño, por lo que son muy útiles para la mayoría de los dispositivos móviles actuales, como los teléfonos celulares.
Si se quiere almacenar estas baterías, lo ideal es hacerlo con la mitad de su carga, para que no pierda vida útil tan rápido. Por eso suelen venir de fábrica con la mitad de su capacidad. La primera carga, debe ser lo suficiente hasta que llegue al 100% en el indicador de la pantalla del teléfono. Y con ese par de horas es suficiente. En este caso no existe el efecto memoria, así que se las puede recargar incluso si están al 85%. De hecho habría que cargarlas antes de que se terminen, porque se pueden dañar o perder vida útil al llegar a cero. También es totalmente innecesario tener el teléfono apagado mientras se carga.

Pero con estas baterías, no todo lo que brilla es oro, tienen nuevos inconvenientes que antes no existían. Por ejemplo, el rango de temperatura que soporta sin dañarse, es de entre 0 y 50°C. En este sentido, hay que tener precaución si el clima es demasiado frío, y colocar los dispositivos en un bolsillo interno de nuestra ropa. O que al cargarse no estén en un lugar totalmente aislado (como debajo de la almohada), porque generan un poco de calor que no pueden disipar, y la temperatura aumenta mucho con el pasar de las horas.

Tampoco se pueden sobrecargar, porque tienen un circuito electrónico automático que corta el suministro cuando están totalmente cargadas. De todas maneras, no se recomienda mantenerlos enchufadas siempre (como en el caso de las notebooks) porque sufren cierta fatiga al mantenerse en un 100% constante, y dañarse su vida útil.

En mi caso personal fue difícil hacer entrar en razón a mis padres, porque cuando compré mi segundo celular, lo cargué dos o tres horas y comencé a usarlo. En un par de meses la batería se infló (literalmente) y pasó a durar dos horas. Estaba seguro de que había hecho lo correcto, pero la reprimenda y los comentarios malintencionados de mis padres hacia mí eran inevitables. Finalmente descubrí que la batería de todos los Rokr E2 venían con un defecto de fábrica, y les pasaba lo mismo. La ciencia me había dado la razón una vez más 😉

Algunos especulan que las compañías telefónicas mantienen vivo este mito porque dar de alta una línea tarda varias horas, y prefieren que el cliente crea que por el bien del aparato no debe usarlo, en vez de porque ellos tienen un servicio un tanto lento. Más allá de todas estas teorías conspiranoicas inútiles, es preferible buscar e intentar entender el por qué de algunas cosas. Sabiendo cómo funcionan las baterías y cuáles son sus diferencias, podemos hacer un mejor uso de ellas, y que tengan más vida útil.

En las respectivas entradas de Wikipedia sobre las baterías hay muchos más detalles, más allá del tema del mito urbano de las baterías.