Después de documentarnos para escribir este artículo, no podemos decir que seamos expertos en la problemática de un país que no acaba de sentirse como tal. Es más, no podemos decir que nadie sea experto ya que sino no encontrarían una solución a esta situación de crisis perpetua. Lo que sí podemos afirmar es que sus ciudadanos se sienten belgas pero que sus políticos no les dejan vivir en paz aunque hayan acabado acostumbrándose a vivir un conflicto continuo. En todo caso, nuestro punto de vista tiene que ser neutral y apoyarse en los hechos, que son básicamente inexistentes y difíciles de entender. De todas formas, os proponemos un breve resumen de lo que creemos que sucede en un país que no acaba de encontrar su centro, ni su lugar, ni su idioma y que a pesar de albergar la mayoría de las instituciones europeas transgrede la máxima de la UE desde hace décadas “Unidos en la diversidad”.

No os vamos a contar la historia de este país porque para eso ya tenéis la Wikipedia; pero sí que vamos a mencionar varios hitos importantes. Bélgica es una monarquía fundada en 1830, como no podía ser de otro modo, tras una revolución. Por lo que sus comienzos ya fueron moviditos. Cómo en aquella época se constituía bajo domino lingüístico francés, se instauró esta lengua como el idioma estatal. También porque los que mandaban (es decir la aristocracia) era francesa y sólo ellos tenían derecho al voto, como nos cuentan en este artículo de Le Soir (en francés). Por cierto, que el final de dicho artículo pone los pelos de punta (la traducción es nuestra):

“Ruptura: sucederá. BHV es (con las facilidades) la última batalla de la lucha flamenca por un territorio monolingüe y perfectamente monolingüe. Pero una ruptura sin indemnización es inimaginable – BHV es (con las facilidades), uno de los últimos elementos “porosos” de la frontera lingüística, y la ruptura sin condiciones del distrito, sería visto, desde la parte francesa, cómo el último paso antes de la desintegración del país”.

De esta conclusión tan alarmista sacamos el centro de todas las discusiones: el distrito BHV. Se trata de tres comunas/ciudades Bruxelles-Hal-Vilvoorde (de ahí el acrónimo) que se sitúan en territorio flamenco pero en las que predomina una mayoría de francófonos. Esto desde el punto de vista flamenco es algo que “no debería pasar” y desde el punto de vista francófono se trata de un distrito bilingüe por lo que el francés debería ser aceptado. En un país donde votar es obligatorio (es decir, que te multan si no votas) y en donde, al tratarse de un país federalista, cada región tiene sus partidos políticos y por tanto, solo se puede votar de forma regional, el tema del idioma cobra una importancia enorme. Imaginemos un minuto que somos francófonos pero vivimos en Vilvoorde (que está a unos 15 minutos de Bruselas en coche). Si yo quiero votar a un partido político de mi lengua materna, no lo puedo hacer, independientemente de su orientación. Es más, no puedo votar porque al ser francófono solo puedo votar a los partidos de la misma lengua y no se presentan en mi ciudad. ¿Qué hago entonces? ¿mudarme? No te quedará más remedio que aprender flamenco (es muy parecido al holandés).

La última polémica que ha vuelto a levantar los ánimos políticos es el descubrimiento por parte de un reportaje de la cadena flamenca VRT que varias comunas (las comunas son los ayuntamientos de cada barrio, que también tienen su independencia) de alrededor de Bruselas y que se sitúan en territorio flamenco, habrían llegado a acuerdos “informales” con los promotores inmobiliarios. En dichos acuerdos los promotores transmitían la lista de posibles “compradores de casas” a los ayuntamientos. Estas listas se analizaban minuciosamente y si un candidato no habla flamenco y/o no prueba su voluntad de integración (ya me diréis cómo) la venta no se tenía que efectuar. Además, la ley permite en estas comunas la realización de un test de flamenco para ver si se conoce el idioma antes de comprar una casa. Para entenderlo más fácilmente vamos a utilizar un caso más castizo. Imaginemos que un británico se jubila y quiere pasar sus últimos días en España, en una comunidad donde reine el sol la mayor parte del año. Esto es una práctica habitual en nuestro país y supongo que en ningún momento se nos habría ocurrido pedirle al señor británico en cuestión que pase un examen de castellano para evaluar su nivel de integración. Otro ejemplo, si queremos comprarnos una casa en Barcelona pero no somos catalanes, ¿tenemos que pasar un examen de catalán? Esto supondría un escándalo en nuestro país. Lo que sucede en Bélgica es que en realidad hay dos comunidades totalmente diferenciadas debido al federalismo reinante (bueno tres, si incluimos a los germanófonos que son apenas 30.000). Cada región tiene sus propias leyes y si nos ponemos a buscar, cada ayuntamiento su propio régimen jurídico. Bruselas, sin embargo, queda en un régimen especial y bilingüe (flamenco y francés) por el bien de la “perpetuidad” de las instituciones europeas (en donde predomina el inglés, ¿no os parece aún más irónico?). El régimen que impera por tanto actualmente en el distrito BHV es (excepto Bruselas) flamenco pero con condiciones especiales de adaptación para los francófonos (de ahí que el autor del artículo de Le Soir hable de “facilidades”).

Volvamos un momento hacia atrás en la historia porque muchos os preguntaréis que hace el rey. Bueno Alberto II está hoy en casa (al menos eso he oído en la radio esta mañana) por si le necesitan durante la nueva crisis institucional, no sea que no lo pillen en el teléfono móvil. Pero salvando esta circunstancia el rey o la monarquía en general es una de las pocas cosas, además de la bandera, que tienen en común las diferentes comunidades lingüísticas. Cómo se cuenta en este artículo de Jean Quatremer, periodista de La Liberation, la monarquía belga comienza en 1831 con Leopoldo de Sajón-Coburgo-Gotha, un príncipe de origen alemán y que además tenía nacionalidad británica. Cuando se instauró los flamencos eran unos grandes defensores de la monarquía porque veían en ella un símbolo para salir de la opresión a la que se sentían sometidos (recordemos que se instauró el francés cómo única lengua del estado). Sin embargo, hoy en día las tornas han cambiado. Aunque se supone que la monarquía tiene que ser bilingüe dicen las “lenguas flamencas” que el rey prefiere hablar francés en la intimidad. Además, acabar con la monarquía supondría acabar con un símbolo de unidad y comenzar la escisión del país. De todos modos, el rey casi no tiene poder pero sí, como acabamos de decir, una importante carga simbólica.

¿Y los belgas que opinan? Después de hablar con algunos (independientemente de que sean flamencos o francófonos) todos se sienten belgas y no quieren una separación. No entienden el problema político que se ha originado y creen que la imagen que se ofrece del país en el exterior es vergonzosa. Por cierto, que aunque Bruselas sea bilingüe la amplia mayoría de la población es francófona y aunque muchos piensen que en Bélgica domina el francés la realidad es que un 70% de la población es flamenca, por lo que el gobierno suele estar dominado por esta población lingüística. También piensan que el problema (que se originó en realidad en 1962 cuando se decidieron tres regiones monolingües: flamenca, valona (francófona) y germanófona y Bruselas con un estatuto especial bilingüe) se solucionaría si se instaurara por ley un bilingüismo generalizado en donde todo el mundo pudiera votar a quien le diera la gana y comprarse una casa en la lengua que más le apetezca. Esta solución es hoy por hoy utópica pues este bilingüismo supondría para los flamencos una perdida de su autonomía ganada con los años (más comunas serían “invadidas” por los francófonos). Además, ¿podemos realmente creer que las dos mitades se pongan a aprender otro idioma y se conviertan en bilingües de la noche a la mañana? Una vez más el futuro está en manos de los políticos que decidirán que educación seguirán los jóvenes del mañana. Por el momento, a nuestros ojos Bélgica seguirá siendo un estado contradictorio que alberga las instituciones europeas sin saber exactamente que quiere decir ser europeo, “unidos en la diversidad”.

P.S. Este artículo está escrito desde un punto de vista personal el de de una española que vive en Bruselas y que habla francés pero no flamenco. Si alguien cree que la información es errónea o que puede comentar ciertos aspectos del mismo, que deje un comentario y ¡qué comience el debate!