UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Jornadas Conferencia de

Discurso del en la inauguración:

Mi más cordial bienvenida a todos los participantes en estas jornadas de la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Públicas Españolas. Para nosotros es motivo de orgullo y agradecimiento que este importante encuentro se celebre en la Universidad de Sevilla.

Espero y deseo que de este foro surjan propuestas constructivas para articular nuevos caminos de encuentro entre la Universidad y la . De entrada, me parece un acierto pleno el título de estas jornadas. Un puente es, ante todo, una herramienta de comunicación, de acercamiento y de integración. Somos conscientes de que la Universidad debe involucrarse más en los grandes temas que afectan a los ciudadanos. Pero también percibimos desde hace algún tiempo, en muchos sectores sociales, una cierta sed de Universidad, un deseo de que nos convirtamos en referencia científica y ética para el conjunto de la .

La Universidad española vive momentos de cambio y de convergencia con Europa en un escenario económico de graves dificultades. En tan solo dos años -posiblemente los peores del último medio siglo desde el prisma financiero mundial- hemos tenido que adaptar todos nuestros planes de estudio al nuevo Espacio Europeo de Educación Superior. A pesar de las dificultades y de la magnitud del reto, las universidades obtenemos una nota alta en este primer parcial derivado del Plan Bolonia.

Y en esta situación de crisis, de intentos de cambios de modelo económico, de retos pero también de oportunidades, la Universidad emerge como alternativa de futuro y como piedra angular de la sociedad del Conocimiento. Se nos ha pedido que, además de formar profesionales, generar nuevos conocimientos y servir de motor cultural, nos convirtamos en las palancas del desarrollo económico. Y asumimos responsablemente este nuevo compromiso con la sociedad. También, desde la perspectiva que nos ocupa, los Consejos Sociales de las Universidades habrán de buscar la mejor forma de afrontar el reto de adaptarse al nuevo escenario, más internacional e imbricado en los problemas reales de la sociedad.

Pero la mejor garantía para la sociedad de que las Universidades podamos cumplir realmente el papel que se nos demanda, es que lo hagamos desde la autonomía académica. El pasado mes de marzo se celebró en Sevilla una reunión de la Asociación Europea de Universidades. En ella quedó patente, una vez más, que el camino para modernizar los campus del Continente es dar más autonomía a las universidades, a la vez que exigirles mayor rendición de cuentas.

Una mayor autonomía exige, evidentemente, incrementar la responsabilidad social y el control del gasto público. Estamos plenamente de acuerdo en potenciar aún más la transparencia de la Universidad. Pero ese control debe hacerse desde la confianza hacia la institución universitaria y el respeto de su libertad. Lo dije durante la inauguración oficial del presente curso en este mismo escenario y vuelvo a insistir en la misma idea:

La Universidad debe ser muy celosa de su autonomía y de su libertad. Sólo una institución independiente puede formar hombres y mujeres críticos; y apostar por la investigación sin mirar exclusivamente sus resultados mercantiles. Sólo una Universidad libre, sin interferencias del poder político o económico, puede educar a seres libres; personas comprometidas con el bien general.

Libertad y autonomía no significan -resulta evidente- que la Universidad funcione al margen de la sociedad; que no atienda las legítimas aspiraciones ciudadanas de una formación ajustada a las demandas profesionales; que no fomente la investigación que busca ofrecer soluciones rápidas a problemas reales; o que no potencie su política de transferencia de resultados. Tampoco presupone que queramos evitar la supervisión democrática de una sociedad que financia con sus impuestos y matrículas a la Universidad Pública. No; tan sólo queremos que no se adultere el verdadero sentido de la institución universitaria y que la Universidad pública se gobierne exclusivamente sobre criterios de calidad, excelencia y búsqueda del interés general

En ese sentido, compartimos plenamente con los responsables del Ministerio de Educación su visión sobre la Gobernanza y Gestión Universitaria reflejada en la Estrategia Universidad 2015. El objetivo en este sentido es, y cito literalmente: “Disminuir el grado de burocratización de la gestión universitaria, actualizando los sistemas de control, seguimiento y gobernanza a los nuevos retos, mejorando la participación de los colectivos universitarios para conseguir los objetivos institucionales, mejorando la profesionalización del Gobierno de la Universidad y aumentando la preparación especializada en gestión de la investigación y la transferencia de conocimiento, así como los procedimientos de garantías para todos los colectivos, especialmente para la igualdad de género y la integración de personas con discapacidad”. Estoy seguro de que sabremos encontrar fórmulas para seguir fortaleciendo la Gobernanza y Gestión Universitarias sin caer en tentaciones que limiten la libertad y autonomía de las universidades.

El necesario acercamiento a la sociedad y a su tejido productivo no debe impedirnos que cumplamos la misión que nos recordó el Rey hace unos años en el Consejo de Universidades. Dijo Don Juan Carlos que “la Universidad debe asumir el desafío de aportar a todos sus estudiantes la visión integradora de la persona, pues es la formación integral del individuo, y no sólo su formación para la producción, el objetivo que se persigue”.

Criticaba hace unas semanas un antiguo responsable político andaluz, y yo comparto su criterio, que hay voces que conciben los centros educativos -también los de educación superior- como si fueran “empresas” que se deben programar, dirigir y gestionar con criterios de eficacia y rentabilidad; que piensan en los alumnos y en sus familias como “clientes” a los que ofrecer productos terminados, competitivos y diversificados. Son, en fin, los que sostienen que educar es, fundamentalmente, proveer de “mano de obra” al tejido productivo.

En la Universidad los estudiantes no son meros clientes ni los profesores somos simples proveedores, ni tampoco nos mueve el beneficio económico. El concepto de rentabilidad social no se basa exclusivamente en parámetros contables. Por ese motivo, la Universidad no puede someterse sólo a las demandas coyunturales del mercado, sino que debe ser ante todo un proyecto de futuro al servicio del desarrollo integral de las personas.

En conclusión: apasionante pero difícil tarea. Las universidades debemos combinar: la formación de personas, con la contribución al desarrollo económico; el pensamiento crítico, con nuestro papel de motor de la transformación social; la construcción de las ideas de la próxima generación, con arrimar el hombro para mejorar el mundo actual. En definitiva, acción en el presente sí, pero mirando siempre a la construcción del futuro. Y para ello, es imprescindible un adecuado equilibrio entre, por un lado, el necesario celo en defensa de la autonomía universitaria y, por otro, la obligación y vocación de servicio a la sociedad. En la búsqueda de este equilibrio los Consejos Sociales tienen un importante papel que jugar. Un papel de constructores de puentes, de pontífices, entre la Universidad y la Sociedad. Y ese es el objetivo que nos congrega aquí, en este Paraninfo. Permítanme pues para concluir que les desee buen trabajo y una feliz estancia en Sevilla.