…y espero además que haya sido uno bien sonoro, de aquellos silencios memorables que se recuerdan durante al menos uno o dos latidos, a lo sumo. Es decir: TENGO RELATIVAMENTE POCO DE LO QUE HABLAR. Eso sí, te voy a contar algo.

Ser pretencioso es todo ser que finge aspirar a quién sabe qué; muchas veces como consecuencia del miedo a no ser aceptado o respetado por tener unas aspiraciones, digamos, más mediocres o vulgares que sus propias expectativas de la idea de éxito, y muchas otras veces directamente por algún tipo de tara.

Entro a saco con este tema (tan manido, por otra parte) porque es lo penúltimo que me ha pasado en el autobús de vuelta a mi “casa”.

El ser que me ocupa, y que a ti te resbala, se llama Paul (esperemos que no le importe que use un nombre ficticio idéntico al real). Bien, digamos que Paul habla mucho. Digamos, además, que lo que dice Paul no aporta excesivo avance al progreso de la especie humana. Bien, digámoslo: “Paul, tío, cállate. No es sólo que no aprecie todas tus palabras, es también que aprecio sobremanera mis silencios (casi tanto como los tuyos)”. Ya lo he dicho.

A Paul todo le parece mal, todo le parece insuficiente, todo le parece chabacano:

(Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

chabacano, na

  1. adj. y s. Ordinario, de mal gusto, grosero.
  2. m. Lengua mixta de español y dialectos indígenas que se habla en algunos lugares de Filipinas.
  3. En Andalucía y México, albaricoque y albaricoquero.)”

Sí. Para Paul todo se resume en una sola acepción, en cualquier contexto. No existe la flexibilidad, no hay momentos, no se distinguen las etapas, los matices, las opciones. El Universo es estático, las verdades son absolutas y su mierda no huele. Paul, siento decir que tu mierda huele, plantéate todo lo demás, por si acaso.

“Vaya, ésta es mi parada”. Es lo que tiene vivir en este barrio, que soy el primero que se baja del autobús. “Hasta mañana, Paul, y que llegues bien a casa”.