Doce cosas que supimos el día en que Zapatero mató a ZP:

El día en que Zapatero mató a ZP se pudo decir, de una manera clara y rotunda, que el Presidente compró un billete de lotería con altas probabilidades de ganar el premio de no volver a vencer en ninguna elección en lo que le queda de carrera política.

El día en que Zapatero mató a ZP se pudo decir que, en sólo una sesión parlamentaria, el Presidente echó por tierra el mensaje que tanto se esforzaron él y su gabinete por darnos machaconamente durante estos dos años, revelando al mismo tiempo que ese mensaje, o era mentira y él lo sabía, o simplemente él no sabía lo que realmente estaba pasando. No sé qué es peor.

El día en que Zapatero mató a ZP se descubrió, al mismo tiempo, la miseria de la estrategia incoherente de una oposición para la cual, pongamos el ejemplo metafórico, el cheque bebé era ayer el mayor de todos los despilfarros, pero que hoy su supresión supone un duro revés para las madres españolas.

El día en que Zapatero mató a ZP se descubrió el mayor de los horrores: no teníamos un gobierno con ideas claras ni una oposición con alternativas sólidas.

El día en que Zapatero mató a ZP se pudo comprobar, con la desnudez que sólo proporcionan las verdades palmarias, que los sindicatos españoles amenazaron con huelga cuando se rebajó el 5% de media de los salarios de los funcionarios pero que no hicieron nada cuando se rebajaron el 5, 10 y hasta 15% de los salarios de muchos empleados de distintos sectores privados.

El día en que Zapatero mató a ZP, más de cuatro millones de españoles suspiraron con que ojalá a ellos les rebajaran un 5% de media el salario.

El día en que Zapatero mató a ZP se constató que las verdaderas decisiones se juegan en una partida de ajedrez que está más arriba de nuestra esfera de comprensión nacional y que son los mercados los que dictan cuándo hay que hacer el ajuste.

El día en que Zapatero mató a ZP se comprobó que muchas de las personas que se enriquecieron salvajemente en el pasado, empobreciendo a toda una generación de hipotecados por treinta años, no van a sufrir ninguna medida correctiva, y que van a ser las clases más bajas las que amortigüen el impacto como mejor puedan para evitar que el tren descarrile.

El día en que Zapatero mató a ZP volvimos a darnos cuenta que hay cosas que nunca cambian.

El día en que Zapatero mató a ZP pudimos vislumbrar el verdadero alcance de las medidas absolutamente necesarias que hay que aplicar para que nuestra economía no se quede varada y mucha gente pareció olvidarse aquello de “las reformas estructurales” con las que tanto se llenaban la boca en los discursos de barra de bar de los meses pasados.

El día en que Zapatero mató a ZP se puso el primer ladrillo del edificio de ajustes que están por venir.

El día en que Zapatero mató a ZP, se dirá en el futuro, comenzó oficialmente una crisis que cambiará muchas cosas en este país.