UNIVERSIDAD DE SEVILLA

El Peter Hänggi ha sido investido por la Universidad de Sevilla en el transcurso de un solemne acto celebrado en el Paraninfo y donde el rector, , realizó el tradicional rito de entrega al Doctorando del Libro de la Ciencia, la medalla, el birrete, el anillo y los guantes.

Peter Hanggi, desde su cátedra en la Universidad alemana de Augsburgo, “ha puesto los cimientos de lo que hoy es ciertamente uno de los centros de referencia a nivel mundial de la física Estadística y de la Materia Condensada”, según las palabras del Padrino del Doctorando, Manuel Morillo Buzón, quien añadió que “es uno de los principales expertos mundiales en los estudios sobre los procesos azarosos, una de las corrientes más innovadoras en física”.

Tal como marca el solemne protocolo, el rector Universidad de Sevilla, Joaquín Luque, tomó la promesa al Doctorando procedió a la Investidura, con el tradicional rito de entrega del Libro de la Ciencia, símbolo de la sabiduría (que ha recibido de sus maestros y que ahora le corresponde cultivar y difundir), la medalla (símbolo del corazón), el birrete laureado (distintivo del Magisterio), el anillo (emblema de la Antigüedad), y los guantes (representan la pureza y categoría).

Joaquín Luque expresó a continuación su satisfacción por la incorporación de Hänggi al claustro de doctores y agradeció al departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear su propuesta para potenciar aun más las líneas de colaboración entre la Universidad de Sevilla y su equipo de la universidad de Augsburgo. “Comparto con el profesor Hänggi que el gran objetivo es convertir la Ciencia en un campo lleno de enormes atractivos para los jóvenes investigadores, para los responsables administrativos y para la sociedad en su conjunto”, añadió.

El rector señaló el esfuerzo de la Universidad de Sevilla para incrementar tanto la caliDad de la producción científica como la transferencia de conocimientos al tejido social, “de los 22 campos de alto impacto internacional -señaló- el relativo a la Física ocupa el segundo lugar en número de citas y el tercero en volumen de artículos”.

El fenómeno de resonancia estocástica, como ejemplo del papel constructivo del ruido en los fenómenos naturales que involucran sistemas no lineales sometidos a fuerzas externas dependientes del tiempo, ha sido objeto de numerosas publicaciones por parte de Peter Hänggi. Durante los últimos diez años el departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear ha colaborado con él en estos temas de investigación, e incluso Hänggi ha realizado estudios en los que han colaborado miembros del departamento, acerca de la extensión a regímenes relativistas del movimiento browniano y de la Termodinámica.

Nace en una pequeña población suiza en 1950 y es catedrático en l la Universidad alemana de Augsburg. Hasta la fecha ha defendido 8 Tesis de Habilitación, 26 Tesis Doctorales y cuenta con más de 580 publicaciones. Su trabajo científico le ha hecho merecedor de más de treinta premios y distinciones y es un gran animador de la ciencia europea.

Palabras del Rector de la Universidad de Sevilla, Joaquín Luque:

Es la Universidad de Sevilla, profesor Hänggi, la que se siente dichosa y gratificada con su incorporación a nuestro claustro de doctores. Somos nosotros los que tenemos que agradecerle su presencia hoy en este Paraninfo, el tiempo dedicado a nuestros compañeros del departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear; y su propuesta para potenciar aun más las líneas de colaboración entre la Universidad de Sevilla y su Equipo de la Universidad de Augsburgo.

Es un honor y un privilegio que uno de los científicos europeos de mayor reputación y prestigio internacional dedique palabras de elogio a nuestra Universidad y se convierta a partir de hoy en uno de los nuestros. Mi agradecimiento y mi felicitación al Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear por la propuesta de nombramiento de Peter Hänggi como Doctor Honoris Causa; y de forma especial al profesor Manuel Morillo Buzón por su excelente laudatio.

Espero y deseo que dentro de unos minutos podamos brindar todos juntos con una copa de manzanilla -el vino del que tan buen recuerdo conserva nuestro nuevo doctor- por tan fascinante fichaje. Y utilizo este adjetivo porque el profesor Peter Hänggi lo ha incorporada a su lema de trabajo. “Vamos a hacer ciencia fascinante”, repite con entusiasmo.

Fascinante, según el Diccionario de la Real Academia Española, es la forma de calificar lo que resulta sumamente atractivo. Comparto con el profesor Hänggi que el gran objetivo es convertir la Ciencia en un campo lleno de enormes atractivos para los jóvenes investigadores, para los responsables administrativos y para la sociedad en su conjunto.

Por fortuna, poco a poco, la sociedad toma conciencia del valor colectivo de la Ciencia y de los científicos. Hoy mismo se entrega al biólogo español Francisco José Ayala, en el Palacio de Buckingham, el Premio Templeton, dotado con 1,2 millones de euros (La cifra más alta para un premio científico, superior incluso al Nóbel).

Aunque, tal vez, para la mayoría de investigadores -los auténticamente apasionados con su trabajo-, el agradecimiento de una persona que recobra la salud o que gracias a un hallazgo científico mejora sustancialmente su vida, tenga un valor más intenso y perdurable que la simple recompensa económica. La verdadera fama es la gloria de sentirse partícipe de la transformación del mundo que nos rodea, de hacerlo más habitable y humano. Decía Sófocles que “la obra humana más bella es la de ser útil al prójimo”.

En la Universidad de Sevilla nos esforzamos para incrementar tanto la calidad de nuestra alta producción científica, como la transferencia de nuestros conocimientos al tejido social. De los 11 campos de alto impacto internacional que nuestra Universidad tiene reconocidos, el relativo a la Física ocupa el segundo lugar en número de citas y el tercero en volumen de artículos. Y nos gustaría seguir creciendo, profesor Hänggi, con su inestimable ayuda.

La Física Teórica en la Universidad de Sevilla es un área de trabajo muy dinámica, fuertemente competitiva y que cubre una amplia gama de aspectos científicos. Los grupos que investigan en nuestra Facultad de Física tienen una alta valoración y reconocimiento dentro de la Universidad española. Es un centro líder, además de en producción científica, en captación de fondos de investigación y en transferencia de tecnología al tejido productivo.

Hay que hacer ruido con la Ciencia, ¿verdad profesor Hänggi? Sobre todo después de conocer que los estudios sobre los procesos azarosos -una de las corrientes más innovadoras en Física, de la que nuestro nuevo doctor es el mayor experto mundial- revelan que el ruido se puede gobernar y utilizar en nuestro beneficio. En cierta forma podríamos decir que el ruido -y no necesariamente convertido en música- puede ser bello y muy útil para el ser humano.

Nos enseña el profesor Hänggi en su aportación sobre la resonancia estocástica que en un sistema no lineal, en determinadas condiciones, es posible obtener información relevante incluso en presencia de una cantidad importante de ruido. En dichas condiciones, si el ruido es escaso la información no alcanza el umbral necesario para hacerse visible; si el ruido es muy elevado, enmascara completamente la información; pero si el ruido es moderado, es capaz de potenciar la información haciéndola accesible.

Permítanme que aproveche la imagen que sugiere este fenómeno de resonancia estocástica y, de forma metafórica, lo aplique a la Universidad, claramente un sistema no lineal. El mensaje universitario, como todos, está sujeto a ruidos, a alteraciones, a modificaciones aleatorias o deterministas. Ruidos internos y, a veces, ruidos del exterior. Ruidos provenientes de la situación económica, de los cambios normativos o de la integración en el Espacio Europeo de Educación Superior.

Uno de esos ruidos, es decir, de esos elementos que alterarían el auténtico mensaje universitario lo constituye una cierta mentalidad de mercantilización de la universidad. Se pretendería, según algunas voces, recientemente proclamadas en este mismo Paraninfo, que la casi exclusiva función de la Universidad fuese la de formación de profesionales directa e inmediatamente productivos en el mercado. Se llegan a cuestionar estudios y titulaciones en los que la rentabilidad económica no está garantizada.

Pues bien, aprovechando la imagen que nos ofrece el fenómeno de la resonancia estocástica, es precisamente la presencia de estas opiniones las que me permiten hoy, de nuevo, reafirmar que el verdadero valor de la universidad debe medirse con criterios de rentabilidad social, que incluye lo económico pero que lo trasciende. Ya nos avisaba Antonio Machado que es de necios confundir valor y precio. Conservar y acrecentar los conocimientos en todos los campos del saber; formar ciudadanos responsables y críticos (no sólo productivos); dinamizar a medio y largo plazo un territorio; ser la más potente herramienta de igualdad y justicia social. Todas esas son también importantísimas funciones de la universidad que no tienen traducción económica inmediata.

Hace unas semanas, con ocasión de la clausura de las Jornadas Nacionales de los Consejos Sociales de las Universidades Públicas Españolas, tuve la oportunidad, casi la obligación, de volver a explicitar el valor de las Humanidades en la Universidad. Conviene recordar que es patrimonio de todos, que la Universidad se siente en la obligación de preservar, el conocimiento de las lenguas, de la historia, del pensamiento, de las artes. Decía entonces, que sin las Humanidades la vida sería insoportable aunque, eso sí, de mayor rentabilidad económica. Las Humanidades no son sólo el estudio de lo humano sino lo que nos hace auténticamente humanos.

Otro tanto cabría decir del valor de la Ciencia. El nombramiento de Doctor Honoris Causa de un Físico Teórico, tiene así también una importante carga simbólica. Nos permite volver a reivindicar el estudio de la Ciencia Pura, libre de la obligación de aplicaciones prácticas. Dar valor a la pregunta por la íntima naturaleza de las cosas, la curiosidad intelectual, el ansia de saber. Y nada mejor que la Física Teórica ejemplifica esa necesidad de encontrar respuestas que nos permita entender mejor el universo que habitamos. Más aún cuando, en numerosas ocasiones, estos conocimientos devienen a medio y largo plazo en importantes aplicaciones prácticas.

Desgraciadamente en muchos países de Europa, también en España, estamos siendo testigos del declinar de las vocaciones científicas, principalmente en las ramas de Física y Matemáticas. Es por ello, precisamente en estos momentos, cuando hay que reivindicar con más fuerza la imprescindible presencia de estas disciplinas en el ámbito universitario.

Comprendo que ante los importantes recursos que son necesarios para mantener una Universidad Pública de calidad se puedan tener tentaciones economicistas y, especialmente en tiempos de crisis, considerar ciertas disciplinas un lujo innecesario. Pero estoy seguro de que, con la adecuada reflexión, seremos capaces de vencer esas tentaciones. La vida y los valores en las sociedades occidentales están basados precisamente en ese pretendido lujo que es el conocimiento. Un lujo que no es tal sino, bien al contrario, el elemento nuclear de nuestra cultura y que a largo plazo se ha constituido en el principal ingrediente de nuestra pujanza económica.

Gracias, profesor Hänggi, por incorporarse a nuestro claustro de doctores y por fascinarnos con su ciencia. Y para demostrar que el ruido puede ser bello, propongo a sus nuevos compañeros y amigos de Sevilla -entre los que felizmente me encuentro- que le dediquemos un merecido aplauso de reconocimiento y gratitud.