Tras las convulsiones de los pasados días, en los que muchos se dieron de bruces con la realidad asumiendo que, efectivamente, “la cosa está mal”, he llegado a la conclusión de que nos merecemos esto que nos está ocurriendo. Quizá sea la consecuencia de nuestra condición de país perdido en su identidad, o de sociedad que no sabe muy bien hacia dónde mirar, si hacia Europa, hacia la América caribeña o hacia África (pues somos un país tan europeo como africano, no lo olvidemos). El clima como excusa, tantas veces mentado.

Y es que no concibo que, por ejemplo, con la que está cayendo, se gaste dinero en Eurovisión, cuando hay países que no han enviado a ningún representante por el gasto que eso supone, sumado al escaso retorno de la inversión.

No concibo que, por ejemplo, haya coches de políticos (pagados por todos) que tengan motor como para ir a 180 km/h, como el de Fernández Vara. En mi familia, cuando nos apretamos el cinturón, vamos al concesionario de segunda mano.

No concibo que, por ejemplo, no se hayan suspendido las ferias y fiestas de los pueblos y ciudades este verano. Que haya encuentros de amigos del cómic, o de amigos de las aves, o de amigos de la cocina andaluza… pagados por los ayuntamientos. Cero dinero en ocio de escaso retorno económico inmediato, por favor.

No concibo que, por ejemplo, gracias a esas ferias, haya carteles en bibliotecas de mi universidad diciendo “durante esta semana este centro no abre por la tarde”. ¿Somos un país de vagos? ¿Quién autoriza al bibliotecario a ir a la feria? ¿Se pasará lista en la feria, a ver si efectivamente están allí todos los bibliotecarios? Porque ya que no trabajan, ¡que al menos consuman!

No concibo que, por ejemplo, haya personal público con sueldos de más de 100.000 €. No pretendo ser demagógico, pero resulta muy sencillo bajarse el sueldo un 15% cuando se gana tal cantidad de dinero.

No concibo que, por ejemplo, los muy ricos tributen al 1% porque si se les suben los impuestos se llevan el capital a otra parte. ¿De verdad seguimos con el “hecha la ley, hecha la trampa”? ¿No se puede cambiar el estribillo a “hecha la trampa, hecha la ley”? ¿No hay ningún jurista que sepa cómo obligar a que los Botín y compañía tributen al 30% o que entonces se despidan de su negocio en el país? ¿O puestos a ser un paraíso fiscal, por qué no lo somos para todos, ciudadanos de a pie incluidos? Ya que hay tanto alemán, inglés o francés con una segunda vivienda en España, todos ciudadanos de la UE, ¿por qué no apostamos por ser también residencia fiscal de los mismos bajando los impuestos a mínimos europeos? A las Islas Caimán les va muy bien, ¿no?

No concibo que, por ejemplo, los funcionarios no hayan parado el país al día siguiente de las medidas tomadas por el Gobierno, inclumpliendo un PACTO previamente firmado que limitaba su subida al 0,3%. Cuando ETA mata a alguien las concentraciones suceden al día siguiente. No pretendo equiparar ambos actos, pero sí me resulta útil la comparación para demostrar que no es tan difícil convocar a la ciudadanía, o al menos a un grupo de la misma. ¿Dónde están los sindicatos?

No concibo que, por ejemplo, no se suspenda de facto cuanta comida oficial haya en la administración para celebrar lo que sea. Porque las sigue habiendo, y no en tascas. Del mismo modo que los lujos referidos a viviendas oficiales, escoltas, asesores, etc. Imaginaos que en todo trabajo se pudieran contratar un número de asesores indefinido. La chica de las fotocopias de mi facultad, por ejemplo: un asesor de portaminas (que los vende), un asesor para las fotocopias en color, un asesor para las encuadernaciones. Y que entre todos pagásemos vía impuestos (que vienen impuestos y no son vocacionales sino obligatorios).

No concibo estas y muchas otras cosas. Y lo más sorprendente e inconcebible: que no haya dimisiones de personas que tengan responsabilidades reales en la situación actual. El ministro de Trabajo, o la ministra de Economía, o el presidente de la CEOE, o los líderes sindicales. Que no sólo el presidente del Gobierno lo ha hecho mal. Aunque quizá debería dar ejemplo.