UNIVERSIDAD DE ALICANTE

Los coches del futuro movidos por podrían ahorrarse costes y mejorar su rendimiento con catalizadores de platino más eficaces, gracias a las investigaciones que se están realizando en la Universidad de Alicante. Las son un dispositivo con amplias posibilidades de sustituir a muchos tipos de baterías eléctricas tradicionales, incluso como alternativa a los motores de explosión. En el grupo de investigación de electrocatálisis y electroquímica de polímeros de la UA se está trabajando en un proyecto público de búsqueda de nuevos materiales basados en polímeros (plásticos) conductores con este objetivo y con el de crear nuevos sensores de compuestos químicos.

Emilia Morallón, directora de este proyecto, y Francisco Montilla, profesores ambos de química física de la UA, explican que el platino actúa acelerando la combinación del oxígeno y el hidrógeno en moléculas de agua, proceso del que las pilas de combustible obtienen su energía. Cuanta más superficie de platino esté en contacto con estos gases, más se propicia su combinación, lo que se logra utilizando este metal en forma de partículas. Y cuanto más disminuya su tamaño y aumente su dispersión, mayor eficacia se alcanza, por lo que trabajan con nanopartículas (partículas de tamaño ínfimo).

Indican que hasta ahora el material empleado como soporte de esas nanopartículas era un tipo de carbón porque su porosidad facilita el contacto del platino con los gases; ellos, sin embargo, están experimentando con un tipo de plásticos que, al contrario de la gran mayoría de estos materiales, son conductores. Para la finalidad que pretenden, este polímero se usaría en forma de matrices formadas por unos hilos moleculares y en cuyos huecos se alojarían las nanopartículas del metal. A mayor rendimiento, menos necesidad de platino y, además, menor deterioro por el uso ya que, con el tiempo, el carbón al que intentan sustituir provoca que las partículas se aglomeren y pierdan su eficiencia.

Precisan ambos que su trabajo está orientado a pilas de combustible que trabajan a baja temperatura (de 70 a 80 grados), porque en las de alta temperatura el plástico se quemaría. Su trabajo en el laboratorio incluye sintetizar ellos mismos diferentes tipos de polímeros modificando su composición y propiedades para comprobar cuál es el que mejor se adapta a sus propósitos.

Dentro del mismo proyecto de investigación están estudiando asimismo diferentes polímeros eléctricamente activos para usarlos como sensores de compuestos químicos. La aplicación de estos avances permitiría mejores y más baratos test, incluidos los de tipo médico o farmacológico, porque detectarían la presencia y la cantidad de la sustancia buscada, por ejemplo glucosa.