Pues que cuando las cosas se tornan de ese cariz, el futuro se vuelve de color azul oscuro casi negro. O por decirlo en otras palabras: te conviertes en una país pobre y como tal te van a tratar ¿Se acuerdan ustedes de esta entrada? Pues la situación actual de nuestro país en el contexto internacional tiene algunas similitudes, aunque no del mismo calado. En aquel momento los países otrora ricos y ora endeudados se vieron obligados a aceptar severos planes de ajuste por parte del FMI. Ya saben la historia: o el problema era de la Banca, o era de sus acreedores, los países. El FMI lo vio claro: el problema era de los países (¡premio para el caballero!) y obligó a esos Estados a reducir sus gastos e inversiones públicas, reducir importaciones y salir a exportar para reducir los déficits y ganar solvencia de cara a los mercados internacionales. El resultado es bien conocido: los países han podido ir pagando los intereses contraídos de su deuda  refinanciada, en muchos casos pagando varias veces la deuda contraída en concepto de intereses actualizados, dando así respiro a la Banca internacional y perdonándole que en su momento calculara mal algún que otro riesgo-país dando dinero a ex puertas. Dejo aquí un debate para plantear: quién tiene más culpa, ¿el bobo o el engañabobos? Es decir, por poner un ejemplo bien cercano y doméstico, conocido por todos: quién tiene más culpa, ¿el banco que da el crédito al obrero no cualificado para comprarse un piso tasado en cuotas mensuales que se asemejan a sus ingresos mensuales, o el obrero que lo acepta y se apalanca para vivir por encima de sus posibilidades?

Y así, los países afectados por las medidas del FMI fueron reduciendo las inversiones en infraestructuras, en gasto público para la educación y hospitales y reduciendo las importaciones de bienes extranjeros para pagar los intereses de la deuda contraída y volver a ser solventes de cara a los inversores extranjeros. Pero ¡ay!, la población se empobreció para que la economía se sanease: la Economía se puso a trabajar por encima de las Personas, y no a su servicio. El empobrecimiento de los países latinoamericanos y africanos en la década de los ochenta ha traído terribles consecuencias para su población y fenómenos complejos de integración en el llamado «norte», producto de la inmigración masiva de personas que con un poco de lucidez quieren escapar de unos países sin futuro. Y también nos ha dado lo que debería ser una buena lección que parece que no se está teniendo muy en cuenta: para sobrevivir hay que crecer. Si eres grande, es difícil que te dejen morir, o too big to fall, como dicen los sajones. La Argentina de Menen seguía con firmeza los planes de ajuste estructurales impuestos por el FMI (de hecho era su alumno aventajado), pero el intento de mantener la paridad con el dólar llevó a la economía argentina a la quiebra cuando el dólar se revalorizó y perdió competitividad porque su economía no era estructuralmente como la americana. No crecía y eso la mató. Y llegó el corralito.

Estados Unidos ya está creciendo (un 2,7% en el primer trimestre) mientras que la zona euro obtuvo dentro de ese período un crecimiento del 0,2 %. Lógicamente, este último dato nos habla del crecimiento medio, teniendo en cuenta el crisol de crecimientos de los distintos países de la eurozona. Pero como todas las medias, hay que mirarlas con mucho cuidado ya que son engañosas: la suma de todos los colores nos da el color blanco, luego el color medio del arco iris es el blanco. Adiós a la riqueza cromática del arco iris gracias a la media. Las medias son peligrosísimas, pues reducen la variedad de un paquete enorme de información para sustituirlo por un dato fácilmente manejable y vendible como información. Los lectores familiarizados con la estadística sabrán que lo importante es la distribución de los datos, no la media, pues dependiendo de cómo estén distribuidos los datos, la media estará en la mitad, por debajo, por encima o puede incluso que no dé ningún tipo de información realmente relevante.  De todas formas, en este caso sí podemos sacar una conclusión obvia: si el crecimiento medio es del 0,2 % es que hay países que crecen más que eso, y países que crecen menos que eso (o incluso tienen crecimiento negativo). Entre los primeros están Alemania y Francia y entre los segundos está España.  Alemania y Francia nos están imponiendo un ritmo de planes de ajuste muy severo, porque ahora mismo somos un lastre en su economía y el flanco débil por el cual los especuladores atacan al euro. Aunque las incoherencias están ahí como se puede ver este brillante vídeo, sin duda de lo más sensato que desde esta tribuna se ha escuchado sobre la actual crisis en todo este año.

Las medidas de ajuste, también autoimpuestas por los propios alemanes, harán que el con el tiempo el euro se fortalezca, haciendo que la economía alemana, que es fuertemente exportadora, aguante el tirón: serán más competitivos, su deuda será más atractiva para los inversores, nuestra deuda será por tanto más cara y sus bancos cobrarán más dinero en concepto de intereses a sus acreedores-país, en el caso de que hayan comprado deuda nuestra, lo cual es un hecho. El problema para nosotros es que, enganchados a una moneda tan fuerte (como Argentina con su intento de paridad con el dólar) y con una economía semidesarrollada, corremos el riesgo de no poder aguantar el tirón: podemos haber comprado un billete ganador de lotería de ser intervenidos por el FMI o por la UE tarde o temprano. Y entonces, los verdaderos planes de ajuste estarán por llegar. Tenemos que crecer, pues aunque es evidente por ejemplo que la deuda americana crece y su déficit es elevado, tiene capacidad de pagar porque crece. Y eso los mercados lo saben. El que no crece o incluso decrece no tiene capacidad de nada, y eso es lo que reflejan los mercados. De nada sirve tener déficit y deuda bajo control si luego no se consigue crecer.

Por eso las tentaciones suculentas de gravar el consumo como la subida de dos puntos del IVA (que no es, por cierto, una subida del dos porciento: dividan 1,18 entre 1,16 y ahí tienen la subida) , tras la caída del consumo que ha producido una cuarta parte de nuestro déficit – menos ingresos por impuestos indirectos- , son muy peligrosas y con resultados imprevisibles, pues se corre el riesgo de aumentar el fraude y puede hacer que se reduzca el consumo y el crecimiento del país. De la misma manera, la reducción drástica en inversiones (¡Señor Blanco, no recorte todos esos 6.000 millones de euros!) apunta en esa peligrosa dirección en la que la cosa te puede salir bien…o puede ser un nuevo ejemplo, ahora en la piel de nuestro país otrora rico y ora endeudado, de cuando la Economía se pone por delante de las Personas y no a su servicio, haciendo bueno el refrán inglés de if you are in a hole, stop digging!