UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

Un grupo de investigación de la UMA estudia la influencia de la en el consumo de las sustancias estupefacientes

Los se inician en el consumo de sustancias adictivas como el y el a una edad cada edad más temprana, en concreto alrededor de los 12-13 años, un periodo de desarrollo especialmente vulnerable, por lo que los efectos de esa adicción puede resultar más peligrosa. Esta realidad ha motivado al Laboratorio de Emociones de la Facultad de Psicología a elaborar un trabajo que ahora se traduce en el libro que lleva por título ‘Los malagueños ante las : la influencia de la inteligencia emocional’.

Dicho estudio, financiado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional de Drogas, ha sido elaborado por los profesores Desireé Ruiz-Aranda, Rosario Cabello, José Martín Salguero, Ruth Castillo, Natalio Extremera y Pablo Fernández Berrocal. Parte de una muestra de 1.467 alumnos de entre 12 y 18 años que cursan Secundaria y Bachillerato en varios centros escolares de Málaga. La novedad del trabajo radica en que por primera vez se incluye la edad de 12-13 años en este tipo de investigaciones, además de incluir el análisis de la inteligencia emocional de los adolescentes como factor de protección ante el .

El libro, editado gracias a la colaboración del Centro UNESCO de Campo de Gibraltar, fue presentado hoy en el Rectorado en un acto presidido por el director de Secretariado de Bienestar Social de la UMA, Pedro Montiel; y al que asistieron el delegado de Educación de Málaga, Antonio Escámez; el jefes de Servicio de Acción e Inserción Social de la Delegación Provincial para la Igualdad, José Jesús Bonilla; y los coautores Desireé Ruiz-Aranda y Pablo Fernández Berrocal.

Entre sus conclusiones destaca que el alcohol y el tabaco son las sustancias más consumidas por los adolescentes malagueños, seguidas por el cannabis. En concreto, el 41,2 por ciento de los adolescentes encuestados reconoce beber alcohol y el 29,9 por ciento dice que fuma. Destaca el hecho de que beben más mujeres que hombres (42,2% de chicas frente al 34,9% de chicos en el año 2007, por ejemplo). También fuman más ellas que ellos y toman más tranquilizantes: el 8,8 por ciento de mujeres frente al 4,8 por ciento de hombres.

En este sentido, el estudio aconseja tender en cuenta el patrón diferencial de consumo en función del género para poder desarrollar programas de prevención más ajustados a las características psicológicas de los consumidores.

Otras sustancias como la cocaína bajan el porcentaje de consumo “alguna vez en la vida” al 1,3 por ciento de los encuestados, mientras que la heroína también encuentra un porcentaje de adolescentes que la han probado alguna vez: un 0,4 por ciento.

Inteligencia emocional

En cuanto a la relación de los consumos con la inteligencia emocional, el trabajo señala la evidencia de que aquellos individuos con alta inteligencia emocional registran un menor consumo de sustancias adictivas, por lo que argumenta que “aquellos programas dirigidos a la prevención de consumo de drogas incrementarían su efectividad si tuvieran en cuenta variables como la inteligencia emocional”.

A este respecto, Pablo Fernández Berrocal, catedrático de Psicología, y la profesora Desireé Ruiz-Aranda destacaron la necesidad de incluir programas relacionados con el desarrollo de la inteligencia emocional en las escuelas, compatibles con su función académica y cognitiva.