“Hay que tener humor para hacer humor en la prensa”, asegura el humorista gràfico Enrique Arenós, más conocido como Quique, quien ha participado en una de las sesiones del curso de verano de la UJI “Humor y literatura”, que se desarrolla hasta el viernes en el Hotel Orange de Benicàssim, para ofrecer su punto de vista del “Humor gráfico en la prensa”.

Quique ha realizado un recorrido por su trayectoria profesional, ilustrando su narración con algunos de sus 26.000 chistes, que servirían, según el mismo, para empapelar más de 8 kilómetros de carretera. “Aprendí a leer con los tebeos”, comenta, y “no me gustaban las historias que acababan con la palabra continuará… por eso me decanté hacia las historia de humor, que siempre tenían final y hacían reir”.

Durante sus más de cuarenta años de trayectoria profesional, que ha compaginado hasta hace poco con su dedicación a la educación, Quique ha colaborado en más de un centenar de publicaciones (diarios y revistas). Su primer dibujo premiado fue Jaimito en 1957, cuando aún firmaba sus trabajos como Arenós, pero a los diecinueve años, cuando ya había decidido que lo suyo era publicar chistes, cambió su firma a la que ahora conocemos, Quique, aunque más tarde matizó un poco los trazos, después de que alguien le presentara como “Ovi,Ove”.

La capital castellonense no ofrecía muchas posibilidades a un joven dibujante como él (sólo existía Mediterráneo, como periódico del movimiento) y la Hoja Parroquial, por lo que tuvo que abrir sus miras y ofrecerse a otras publicaciones. En sus comienzos tuvo como aliados al servicio de ferrocarril y al de correos, que eran quienes hacían llegar sus originales a las redacciones para ser publicados o “perderse en las papeleras, sin ninguna posibilidad de recuperarlos”, ya que en aquella época no era sencillo hacer copias antes de enviarlos, aunque años después ha encontrado alguno en manos de coleccionistas.

Ha trabajado con El Correo de Andalucía, los diarios Ya y Pueblo, Aragón Exprés y Las Provincias, después de iniciarse profesionalmente en Valencia Cultural, Signo y Vida Nueva, una revista religiosa con la que ha colaborado cerca de cuarenta años y con cuya editorial publicó uno de sus libros “Sin censura eclesiástica”.

Su trayectoria como dibujante se ha desarrollado en diversas situaciones políticas, sin embargo, afirma que la censura siempre existe, y que si alguien quiere publicar en libertad “que se edite a si mismo”. “Cuando me preguntan en quién pienso para dibujar, mi respuesta es en el director de la publicación”, explica, “que es quien tiene el poder absoluto”. En cuanto al tipo de humor, Quique es partidario del humor social, “del que habla de los problemas de la gente”, aunque la falta de palabras del “humor mudo”, utilizado en los congresos de su ámbito, “le convierte en una lengua internacional para todos”.

Actualmente publica diariamente una viñeta en el Diario Mediterráneo, también colaboró en el ya extinguido Castellón Diario, y en otras publicaciones como Saó de Valencia, con quien lleva más de 30 años. Dedica seis horas diarias, menos los domingos, al trabajo, por las tardes, y dibuja sus viñetas esperando que el lector “ponga algo de su parte” en la interpretación del mensaje.

Kunz. “Jardiel Poncela ha sido más provocador en las novelas que en el teatro”

El catedrático de la Universidad de Lausana, en Suiza, Marco Kunz, ha presentado un estudio sobre el humor de Jardiel Poncela en sus cuatro novelas publicadas: Amor se escribe sin hache, Espérame en Siberia, vida mía, Pero….¿hubo alguna vez once mil vírgenes? y La tornée de Dios, escritas todas en tan sólo cuatro años (1929-1932) y dónde “Poncela ha sido más provocador que en el teatro”, afirma Kunz.

Kunz ha puesto innumerables ejemplos del humor sátiro, absurdo o misántropo del autor español, quien abogaba por no ocultar la verdad a los inteligentes, a quienes, según insistía, iban dirigidos sus textos. En opinión del professor, para interpretar el humor de Poncela hay que tener “una amplía libertad de miras y ser conocedor de muchas cosas” y entender que “utilizaba el humor y la risa como un arma de defensa contra la codicia y la mediocridad que le rodeaba y que le hacía ser bastante pesimista”.

En opinión del catedrático de Lausana, el género de la novela ofreció a Poncela “distintas posibilidades para mostrar su talento humorístico, que no le permitía el teatro”, a través de descripciones, textos no literarios, ilustraciones o anotaciones a pie de página, donde, por ejemplo, se permitía aclaraciones absurdas, como “heterogéneo” (filósofo griego).

Kunz ha citado también como en sus textos se reflejaba su ideología política (era partidario del régimen franquista), aunque fue uno de los autores más vetados por la censura, a causa de su frivolidad (bromas eróticas e irrespetuosas con la Iglesia) e incluso se prohibió la redición de sus novelas.

Sin embargo, Kunz se ha mostrado partidiario de recuperar una gran parte del humor “jardielense”, teniendo siempre presente en la lectura el momento histórico en el que fue escrito el texto y “sabiendo de antemano que hay muchos aspectos considerados ahora políticamente incorrectos” que habría que descartar.