Por Alberto Liso

Alfonso Fernández Miranda es Catedrático de Constitucional. Imparte clases en la Facultad de , donde es el director del Departamento de su materia. Con un lenguaje muy preciso, siempre le gusta matizar muchos asuntos para dejar claro asuntos que pueden resultar muy complejos. Fue uno de los profesores críticos del . Ahora, por “lealtad al servicio público y a los ” asegura que hay que tomarse muy en serio este nuevo plan de estudios.

-¿Por qué, desde el primer momento se mostró opuesto al plan Bolonia?
Me parecía una gran improvisación. Critiqué, especialmente en la materia de Derecho, la reducción a cuatro años el , porque creo que no resuelve los problemas que, en teoría, viene a solucionar Bolonia.

-¿Cuáles son esos problemas que usted cree que no se van a solucionar?
Por un lado la movilidad. En Derecho, se han descolgado de Bolonia las grandes . Por otro lado, intuyo que la materia que se va a impartir no se va a reducir, sino que se concentrará. Por tanto, se acabará convirtiendo, en la práctica, en seis años y no en cuatro.

-Y, ¿qué piensa hacer con la implantación del Grado de Derecho el próximo septiembre?
Bolonia ya está ahí y, por lealtad al servicio público y a los alumnos, hay que tomárselo en serio y hacer un esfuerzo por sacarle todos los aspectos positivos que tiene y desarrollarlos. Hay que tratar de implantarlo lo más rápido posible con total serenidad y transparencia.

-Pese a no haber una experiencia previa, ¿qué le parece el nuevo Grado?
El plan de estudios tiene aspectos muy positivos, pero su éxito va a depender, fundamentalmente, del número de alumnos. No hay que olvidarse de que se implanta a coste cero: no hay ni un aumento del profesorado ni una financiación adicional.

-Entonces, según usted, el problema se centra en la incapacidad por llevar a cabo esa enseñanza personalizada que se pide con Bolonia.
Exige un esfuerzo de atención personalizada al alumno muy superior. Resulta un poco ingenuo pensar que esa atención tutorial va a poder realizarse con eficacia cuando el grupo de alumnos son de 100 personas. Efectivamente, mi escepticismo hacia el nuevo plan se centra en este aspecto.

-¿Va a variar su metodología con el Grado?
No. Tanto las clases teóricas, como las prácticas seguirán igual. Lo que sería una novedad es esa parte del trabajo que ha quedado en manos del alumno dirigido por tutorías. Como decía, la eficacia de tal trabajo dependerá del número de alumnos.

-No cambiará su metodología, pero tendrá que hacer la evaluación continua.
Sí, la habrá tal y como tiene que ser. Pero, tanto como se permite, le daremos a la prueba final la mayor significación posible. Sigo creyendo que el estudiante es comprensión y retención. La experiencia me ha enseñado que el buen alumno que trabaja día a día viene a ratificarse en el examen.

-¿Cómo valora usted la situación en la que se encuentra inmersa, actualmente, la universidad pública?
Hoy en día, tiene algunos problemas, pero siempre los ha habido. Son distintos, pero no son momentos peores. No creo que haya empeorado la calidad del alumnado. Sigue habiendo alumnos muy buenos.

-Muchos críticos calificaron este momento como la caída de la universidad pública, ¿qué opina al respecto?
Hablar de privatización, me parece una opinión manifiestamente exagerada. Lo que sí hay es un riesgo de exclusión, es decir, que el Grado se acabe convirtiéndose en un primer ciclo, emergiendo así el Posgrado como una necesidad, como consecuencia de la insuficiencia de los conocimientos adquiridos en el Grado y las exigencias del mercado de trabajo.

-¿Cree que hubo insuficiencia de información del plan por parte de las instituciones responsables de hacerlo?
Sí que la hubo. En España se llevó el tema de Bolonia con un nivel de improvisación espectacular. Pero, también hubo manipulación. Se le han hecho acusaciones exageradas al marco de Bolonia.

-¿Cómo valora el momento actual que está viviendo el Derecho Constitucional?
Estamos en una situación compleja y preocupante, porque, en alguna medida, se está cuestionando el consenso que presidió la Transición política en la elaboración de la Constitución.

-Se refiere con el revuelo que se ha formado tras la sentencia del Estatut catalán.
Efectivamente. El Estatut lo que buscaba era una modificación encubierta de la Constitución.

-Entonces, ¿valora positivamente la sentencia del ?
La gran virtud de la sentencia es que ha cerrado la puerta falsa de la Constitución. Ésta es reformable y las posturas independentistas tienen su legitimidad, pero hay que plantearlas con claridad. El Estatut, leído con serenidad y objetividad, lo que proponía era un paso hacia una Confederación de Estados, es decir, hacia la desaparición de la Constitución como norma de derecho interna.

-Usted siempre se ha mostrado partidario del bipartidismo. Sin embargo, en España, el está formado con una coalición de partidos políticos, en la mayoría de las legislaturas. ¿Cuál es la principal razón de tal opinión?
Yo creo que, lo más importante es la estabilidad de los Gobiernos y la coherencia interna del partido gobernante. Y, con la partidocracia, no se consigue.

-¿Por qué se diseñó este sistema electoral si tantos problemas podía traer?
En la Transición, se trataba de potenciar la consolidación de partidos políticos, tras haber estado 40 años sin ellos. Esto fue una decisión necesaria y razonable. Sin embargo, ahora ya hemos logrado esa consolidación y el riesgo puede ser el exceso del Gobierno partidario, que tiene como consecuencia la opacidad de los partidos y un cierto alejamiento de los ciudadanos.

-¿Cuál sería la solución a este problema?
Hay que proceder al desbloqueo de las listas. Eso sería ideal. Pero, este desbloqueo perjudica a las oligarquías de partido y son éstas las que hacen las leyes electorales. Por eso, pienso que no se va a producir, a no ser que haya un verdadero movimiento social.

-¿Alguna pega más a nuestro sistema electoral?
S
í, también habría que destacar dos problemas. Por un lado, el de la escasa proporcionalidad y, por otro, el de la sobredosis de poder que el sistema pone en manos de partidos nacionalistas y regionalistas. La cuestión es que, la solución a estos problemas no es nada sencilla, porque un sistema electoral no sólo cumple la función de representar al servicio del pluralismo político. También desempeña la labor de crear una voluntad política operativa. Y, esta situación conduce a una mayor fragmentación de la Cámara más que a una solución de tal problema.

-En resumen, que le parece un sistema desastroso…
No creas. No estoy plenamente satisfecho con este sistema electoral que tenemos, pero de todas las propuestas que se han hecho es la que puede causar menos problemas.