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Antonio Álvarez-Ossorio es el actual Vicerrector para Estudiantes de la Universidad Autónoma de (UAM). Estudió Historia en la década de los 80. “En esos tiempos ya protestábamos por la privatización de la universidad pública”, afirma con plena confianza. Y, es que si de algo carece es de inseguridad. Habla con mucha rapidez, pero, parece la enciclopedia de la UAM, abierta al Espacio Europeo. No es casualidad su cargo, pues la cercanía que tiene con los estudiantes confirma que es el hombre adecuado para tal función. Hizo el doctorado en Milán y, al volver, se empezó a dedicar a la gestión. Fue en su facultad, la de Filosofía y Letras; después Vicedecano, durante tres años, de Espacio Europeo de Educación Superior () e Innovación docente. Más tarde, ocupó el mismo cargo, en el equipo de (ex rector de la UAM), pero ya como vicerrector. Para ir finalizando se puso al mando del vicerrectorado de Desarrollo de Enseñanzas y Formación Continua, y con el vigente Rector, , el cargo, ya nombrado. Con este currículum a la espalda, aún le quedan fuerzas para compatibilizar la docencia con la gestión.

-¿Cómo es posible dedicarse a la docencia y a la gestión a la vez, con la gran carga de responsabilidad que ambos puestos tienen?

Compatibilizarlo es complicado, a largo plazo. Lo que pasa es que la gestión te permite ver el conjunto de la Universidad y esto también te enseña. Yo siempre he querido mantener cierta carga docente intensa [el año pasado estaba al cargo de tres asignaturas], porque me gusta estar cercano a los estudiantes.

-Y, como Vicerrector, ¿cuáles son las principales labores que desempeña?

El Vicerrectorado para estudiantes tiene cuatro apartados principales que vigilar y llevar a cabo de la mejor manera posible: el , que este año ha cambiado con la nueva selectividad. Es un cambio importante con la fase específica que te llega a dar hasta cuatro puntos más; la participación estudiantil, y que la mejora de los estudios y sus deficiencias también provengan de los esfuerzos del alumnado; la inserción laboral y las prácticas externas, buscando una política común a todos los Grados; y la Formación continua, de forma que el aprendizaje no se queda exclusivamente en la Universidad, sino que sea a lo largo de toda la vida.

-¿Cuáles han sido las conclusiones que saca tras este primer año de adaptación al EEES?

Han sido varias. Por un lado, nuestro exclusivo Plan de Acción Tutorial, es decir, el seguimiento particular de cada alumno de Grado. Por otro, el esfuerzo que supone la evaluación continua, que, a la larga, siempre va a traer beneficios y buenos resultados. Además, el nivel de exigencia es mayor, porque la normativa es más dura [sólo hay un máximo de dos matrículas por asignatura].

-¿Cuáles son las principales novedades que traen los nuevos Grados?

Son, en gran medida, cuatro grandes innovaciones. Una de ellas es la ya citada anteriormente: la evaluación continua. Otra, es la importancia del programa docente. Hay que tener en cuenta que el alumno, antes de matricularse, ya lo conoce (criterios de evaluación, información complementaria…). También, la universalización de las prácticas externas. Ahora, estas prácticas las van a tener todos los Grados, cuando antes sólo las tenían unas pocas titulaciones. Y, por último, los trabajos de fin de Grado, creo que son un gran elemento distintivo, respecto a las licenciaturas y diplomaturas.

-Pero, no todo son ventajas dentro del Espacio Europeo…

Para el profesorado es un gran cambio. Pero, no es ningún inconveniente el fortalecimiento de la labor docente. Porque, lo que se está haciendo es revaluar la docencia.

-¿Le encuentra alguna pega real a la adaptación al EEES?

Sí. Y es a la hora de elaborar el posgrado. Los másteres españoles son de 60 créditos, mientras que en los grandes países europeos son de 120. Y, esto es un factor algo inquietante. De la diferencia de nuestro modelo 4+1 [cuatro años de Grado y uno de Posgrado], al europeo, que es el de 3+2 [tres años de Grado y dos de Posgrado].

-¿Ha dado tiempo a adaptar todas las titulaciones a Grados?

Desde el año pasado, hemos adaptado el 90% de las titulaciones. Faltan algunas, como Medicina, Ingeniería de y algunos nuevos Grados que hemos hecho este año.

-Por tanto, está satisfecho con este primer año Bolonia…

Mucho. Han mejorado los rendimientos a nivel medio, aunque tampoco ha sido un cambio radical.

-¿Cómo han afectado los grandes recortes presupuestarios que la Comunidad de Madrid ha ejercido sobre las públicas?

Llegan en el momento más inoportuno, que es el de la adaptación al EEES. Una parte de nuestra financiación viene dada por un acuerdo con la Administración autonómica. Por tanto, los recortes, que no son nuevos, suponen el incumplimiento de esos acuerdos.

-Sin embargo, cree que la Universidad está capacitada para dar este paso de adaptación al marco europeo.

La Universidad tiene la responsabilidad social de llevar a cabo este proceso y vamos a intentar maximizar los recursos que tenemos, aunque sean menores que los de años anteriores.

-¿Cuáles son las señas de identidad de la UAM?

La principal es su Campus. Está muy integrado y es muy verde, muy sostenible, muy deportivo, de vida en común. Además, es una Universidad con un perfil solidario y de cooperación, y en eso es de las más importantes de España. Además, tenemos una universidad muy investigadora.

-¿Y, qué le falta a esta Universidad?

Le falta un nivel más de intensificación respecto a su proyección internacional.

-¿Trajo consigo algún cambio el reciente Rector, José María Sanz?

A la vez que se mantuvo el legado de Gabilondo, se renovó. Sanz tenía un proyecto innovador, en relación al Espacio Europeo.