Por Laura López

Santiago Moreno Herrero lleva 33 años dedicados a la docencia de la Antigua, aunque sus principales líneas de investigación se han centrado en el estudio de la religión, sus ritos y su relación con la mujer.  Gran entendido en la materia, ha escrito 9 libros, colaborado en 24 capítulos de libros y publicado 78 artículos en diversas revistas.  A todo esto se suma la labor como director del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones.  En una época en la que la mezcla de culturas y religiones se impone en la sociedad, siempre es bueno que haya quien intenta aclarar términos y enseñar qué relación tienen las religiones con la sociedad.

¿Qué fue lo que le decidió a estudiar Historia y especializarse en Historia Antigua?

Cuando inicié la licenciatura en Filosofía y Letras lo hice atraído por la arqueología y la historia de América, especialmente por las culturas mayas y azteca. A medida que fui avanzando en los estudios me di cuenta de que también las antiguas civilizaciones europeas –la griega, la romana o la etrusca- ofrecían idénticos atractivos con la ventaja de que sus restos están geográficamente más próximos.

¿Cuál ha sido su mejor y peor momento como profesor?

A lo largo de tantos años siempre malos momentos. Como secretario de la revista de mi departamento y ahora al frente del Instituto he discrepado de la política del de mi universidad. Todavía hoy muchas autoridades académicas, las mías entre ellas, olvidan que el es la mejor carta de presentación de una universidad.

¿Y cómo alumno?

Desgraciadamente, por el paso de los años, comienzo a recordar aquellos tiempos de forma muy borrosa aunque sólo conservo buenos recuerdos. Quizá uno de mis mejores momentos, junto a los viajes de estudio a ruinas y yacimientos arqueológicos del Mediterráneo oriental y los buenos ratos compartidos con los compañeros, fue la concesión del Premio Extraordinario de licenciatura y luego de doctorado que me permitieron obtener becas postdoctorales para ampliar estudios en Perugia, Heidelberg y Munich.

Desde su punto de vista, ¿qué le falta a la Universidad, cómo se podría mejorar?

Ante todo conviene no olvidar de donde venimos. La universidad actual tiene poco que ver con aquella en la que estudié, especialmente en lo que se refiere a los recursos para la investigación. Creo que actualmente más que cosas que falten en ella hay cosas que sobran. A los alumnos les sobran asignaturas; deberían estudiar las que cursen con más detenimiento y profundidad y disponer de más tiempo para la iniciación a la investigación. A los profesores les sobran tareas burocráticas (informatizadas y en buena parte relacionadas con los constantes cambios en los planes de estudio) que han crecido mucho en los últimos años. La burocracia, unida al aumento de horas lectivas y a la dedicación a los cargos académicos creo que restringe cada vez más la producción investigadora.

Aunque es catedrático de Historia Antigua, sus investigaciones y estudios se centran en ritos religiosos, ¿por qué se interesó por el estudio de las religiones?

Mi padre, Montero Díaz, uno de los profesores expulsados de la universitaria en el año 65 por participar en movimientos antifranquistas, impartió siempre una asignatura única entonces en la universidad pública española: la Historia de las Religiones. Tuve ocasión de asistir a sus clases y quedé fascinado tanto por su contenido como por el planteamiento de la asignatura que abarcaba desde las primeras religiones mesopotámicas hasta las sectas del siglo XX. Después de luchar tanto por la continuidad de aquella asignatura, acosada tanto por la derecha como por la izquierda, creo que le hubiera gustado ver la creación de nuestro Instituto.

¿Qué supone el estudio de las religiones dentro de análisis de la Historia?

El estudio científico interdisciplinar de las religiones no sólo contribuye a conocer la naturaleza y el desarrollo histórico de las mismas, sino que constituye una importante contribución en orden a la comprensión del hombre, del mundo y de la sociedad global y multicultural en la que vivimos hoy y que no es tan diferente de la que se conoció en el pasado.

Una de sus líneas de investigación se refiere a la mujer y la religión, ¿la religión se puede calificar de machista o hay más matices de los que vemos?

El término machista creo que está fuera de lugar. Algunas religiones del presente no podemos olvidar que son resultado de la sociedad y la época en la que fueron forjadas, en algún caso, hace ya un par de milenios y no se han desprendido aún de algunas normas y condicionantes sociales de entonces. Para el caso de las religiones del pasado, que son las que mejor conozco, creo que como Vd. dice hay matices que a primera vista no se advierten. En la antigua Roma, como en Grecia, el hombre monopoliza casi todos los cargos sacerdotales en la vida pública y asume un absoluto protagonismo en la religiosidad familiar pero la vida religiosa de la ciudad se hubiera paralizado sin la intervención de las vestales. El calendario religioso romano celebraba media docena de festividades matronales en las que estaba prohibida la presencia de los hombres. En las religiones del mundo clásico, como decía Scheid, las mujeres eran “indispensables extranjeras”.

“Fuera de , existe una tradición universitaria de los estudios en Ciencias de las Religiones”

El Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones es el único dentro de las españolas dedicado al estudio de las religiones. Colabora con profesores de todos los ámbitos de la Universidad Complutense y tiene diversas publicaciones. Este año dará inicio a un nuevo Máster dedicado a este tipo de estudios, una nueva iniciativa cuyo éxito o fracaso está aún por venir.

¿Cuál fue el principal motivo para crear este Instituto?

El Instituto, fundado por el profesor Julio Trebolle, se constituyó ya en 1998. Ya entonces se producía en España una situación paradójica: existía un enorme interés por la religión y las religiones pero faltaban instituciones académicas, órganos a través de los cuales encauzar la docencia y la investigación. En la década de los 90 se impartían casi un centenar de asignaturas relacionadas con la Historia de las Religiones en las universidades públicas pero faltaban –y siguen faltando- departamentos e institutos y desde luego, especialidades. A este mismo motivo obedece también la creación, en 1992, de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones que preside en la actualidad el profesor Suárez de la Torre. Por otra parte, fuera de España, existe una tradición universitaria de los estudios en Ciencias de las Religiones que remonta a finales del siglo XIX y se hace urgente nuestra incorporación a ella.

Es un instituto único en España, ¿esto les da ventajas o sería mejor que hubiera análogos en otras universidades para mejorar el estudio?

En la mayoría de las universidades extranjeras en las que se imparten, los estudios de Ciencias de las Religiones disponen de un área específica de docencia y de investigación. Los contactos entre esos centros de docencia e investigación, la movilidad del profesorado, el encuentro de su profesorado en congresos, la colaboración en publicaciones conjuntas, son los que han impulsado estos estudios. Debemos ir hacia ese modelo que aglutina esfuerzos y optimiza los resultados.

Colaboran profesores de diversas materias, ¿cómo ayuda esta variedad a Instituto?

Esa diversidad de materias y profesorado, así como la interdisciplinariedad, son precisamente la esencia del Instituto. La participación de filólogos, historiadores, juristas, psicólogos, antropólogos o sociólogos primero en el antiguo programa de Doctorado, distinguido con Mención de Calidad desde el primer año y ahora en el Máster es algo que está al alcance de universidades de gran tamaño. Es más, me gustaría que el Instituo saliera, el día de mañana, de las fronteras de la Complutense y fuera un Instituto .

Una de sus funciones es asesorar a los medios de comunicación en temas relacionados con el estudio de fenómenos religiosos, ¿en qué temas es donde más se les suele asesorar?

Son frecuentes las consultas de las emisoras de radio y de prensa sobre la educación de la religión en la enseñanza Secundaria y Bachillerato y sobre cuestiones relativas a la religión islámica y a los orígenes del cristianismo. Estas consultas se intensifican siempre en los días de Semana Santa y Navidad. No obstante el Instituto tiene funciones asesoras más amplias que se explican por la ayuda que el estudio de las religiones presta al establecimiento de un marco de intercambios culturales más fecundos en el que pueda buscarse solución a los problemas políticos y sociales del momento presente.

El año que viene dará comienzo el Máster en Ciencias de las Religiones, ¿cuánto tiempo se lleva planteando hacerlo realidad?

Una comisión del Instituto elaboró el borrador del Máster a comienzos del año 2009. Antes de las vacaciones de Semana Santa de ese año lo enviamos al Vicerrectorado de la Complutense. Tras un largo periodo de silencio llegaron las primeras modificaciones primero del propio Vicerrectorado y, después las alegaciones de la la última de las cuales recibimos a comienzos de agosto del presente 2010. El proceso ha durado un tiempo que a mi juicio es excesivo y me preocupa el breve plazo de que disponemos para la inscripción en un Máster que entra en vigor a partir del próximo mes de octubre.

Es un máster único en su especialidad, ¿esto es una ayuda o creen que les costará unos años hacerse un hueco entre los que se plantean estudiar un máster?

El antiguo Programa de Doctorado tuvo un notable éxito, con presencia incluso de estudiantes extranjeros. Confío en que también lo tenga el Máster y, por qué no, el día de mañana un Grado que contribuyera a resolver el tema de la formación del profesorado de religión.

¿Qué cree que es fundamental a la hora de elegir un máster que estudiar?

Desde luego hay que pensar siempre en las salidas profesionales pero creo que, por encima de todo, los estudios deben elegirse siempre en función del interés personal, que sus materias nos permitan disfrutar aprendiendo.