UNIVERSIDAD DE ALICANTE

La falta de cooperación y de espíritu asociativo y el exceso de individualismo está actuando como un freno al desarrollo local. Así lo considera Clemente Hernández Pascual, profesor de Análisis Económico Aplicado, que ha estudiado este fenómeno a lo largo de muchos años en la provincia de Alicante y ha llevado a cabo labores de asesoramiento a algunos ayuntamientos. “Los municipios, sobre todo los más pequeños, saben perfectamente las medidas que han de adoptar, pero dentro de ellos no hay acuerdo para aplicarlas -señala-. Los planes estratégicos locales deben ante todo aunar voluntades El diagnóstico suele ser perfectamente conocido y el recetario a aplicar es sencillo, en ocasiones incluso elemental. El problema es de liderazgo y de espíritu de cooperación”.

Describe Clemente Hernández que los planes de desarrollo comenzaron en Europa a últimos de los años 70 tras la crisis económica de esa década. Ante el fracaso de las políticas estatales se planteó la necesidad de descentralizar las medidas, reforzando la cooperación en cada sistema productivo local entre el sector privado y el público, y entre los distintos agentes sociales: administraciones, sindicatos, empresarios y asociaciones representativas sobre la base del diálogo y el entendimiento dentro de un clima de participación colectiva. Fue entonces, señala, cuándo nacieron organismos como los Fondos Europeos de Desarrollo Regional Europeo e iniciativas de ayuda similares. En España empezaron a diseñarse planes estratégicos locales que permitieran optar a esos fondos, pero con el tiempo las oficinas de fomento local acabaron convirtiéndose en órganos de captación de subvenciones.

“Sin embargo -indica-las iniciativas suelen surgir de arriba abajo, no como consecuencia de una cultura democrática de diálogo. En ocasiones, cuando nos pedían a los universitarios asesoramiento, les respondía que no necesitaban ningún informe porque sabían lo que hay que hacer, sino reunirse para ceder unos y otros en aras de un objetivo común, convirtiendo el municipio en una especie de empresa colectiva”. Señala Clemente Hernández asimismo que actualmente sigue la misma situación, con frecuencia incluso agudizada. “Los intereses partidistas hacen que, por ejemplo, los consejos económicos y sociales a veces ni se reúnan. Es muy difícil cuando existe un clima de competencia desleal y economía sumergida cambiarlo por un espíritu de mayor cooperación. La formación de cooperativas es un buen instrumento, pero también las hay que funcionan mal. Es importante hacer un análisis de las instituciones ciudadanas que pueden aportar un grado de protagonismo y participación. Y a veces el liderazgo puede convenir que recaiga no en el ayuntamiento, sino en una personalidad local de prestigio, un “hombre bueno”.

Destaca que, por lo general, crecimiento económico, justicia social y coste medioambiental son factores que están en contradicción. “En los municipios donde hay más tradición de cultura democrática y están educados en la confrontación de ideas es donde mejor se resuelven las estrategias de desarrollo local”, y propone medidas tales como abrir lo que define como “bancos de ideas”, es decir, mecanismos para que los ciudadanos depositen sus propuestas particulares en los muncipios más pequeños, con mayor democracia directa.