UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Los y Juan Vidal permanecerán en la base Gabriel de Castilla hasta el próximo mes de marzo, con el objetivo de profundizar en los estudios centrados en la vigilancia de volcanes

Investigadores de la Universidad de Cádiz participan, desde diciembre y hasta el próximo mes de marzo, en una nueva expedición a la Antártida impulsada por el Ministerio de Ciencia e Innovación. En esta ocasión, los Juan Vidal y Amós de Gil, éste último responsable técnico de la campaña, centrarán su trabajo en la medición de las alteraciones en la superficie que genera la actividad volcánica partiendo de modelos matemáticos.

En concreto, “nuestro objetivo es estabilizar el sistema de vigilancia volcánica a partir de técnicas geodésicas GPS desarrolladas por el Laboratorio de Astronomía, Geodesia y Cartografía en campañas anteriores; y en el que hemos introducido ciertas mejoras a raíz de la experiencia obtenida en dichas campañas antárticas”, como explica Manuel Berrocoso, profesor responsable del proyecto y del mencionado laboratorio de la UCA.

Es importante tener en cuenta que los resultados de esta iniciativa que se está llevando a cabo en la isla de Decepción, en la Antártida, servirán para mejorar el trabajo que de forma paralela este grupo de científicos ha puesto en marcha en la isla de Ometepe (Nicaragua), una zona caracterizada por el alto riesgo sísmico y donde se sitúa uno de los volcanes más activos del país nicaragüense, el volcán Concepción. De hecho, “una vez que hayamos conseguido estabilizar el sistema de seguimiento y vigilancia de la actividad volcanotecnológica en la Antártida, éste será trasladado a otras zonas”, insisten desde la UCA. Es más, está previsto que en pocos meses técnicos nicaragüenses visiten Cádiz para aprender de primera mano el funcionamiento de este novedoso sistema, y que “de forma autónoma puedan aplicarlo en su país, ya que a partir de la vigilancia al volcán se puede obtener una idea a tiempo real de su actividad volcánica”. Así, se proporciona a las instituciones de protección civil la información necesaria para establecer los correspondientes protocolos y procedimientos para la gestión de la seguridad de las personas que habitan en estas zonas.

No obstante, “en volcánica hay una premisa básica: tenemos que adaptarnos a las circunstancias propias de cada volcán, así como a las circunstancias inherentes de donde éste se encuentre ubicado”, por lo que no se puede aplicar una regla estándar para todos los volcanes porque ninguno funciona igual a otro, según matiza el profesor Berrocoso. Y es que, como era de esperar, en cada zona hay connotaciones diferentes que pueden dificultar la labor investigadora como, por ejemplo, el hecho de que en tierras nicaragüenses haya que proteger más el sistema “para evitar robos o actos vandálicos en los equipos”, mientras que en la Antártida “tenemos el problema de que nuestros sistemas tienen mucho consumo energético y la mayoría del tiempo está nublado, nieva, llueve, así los paneles solares no cargan bien”, comenta el investigador Amós de Gil, que ha vivido ya cinco campañas en la Antártida.

Por otro lado, los integrantes de esta campaña, que estarán acompañados por un investigador de la Universidad de Algarve y dos de la Universidad de Extremadura, intentarán obtener, por primera vez, una serie completa anual sobre el nivel del mar, que les permita hacer un estudio de su aplicación a la volcanología. Pero para ello, “tenemos que averiguar qué ha ocurrido con dos mareógrafos que dejamos instalados en la campaña del año pasado, durante todo el invierno, y no sabemos muy bien si los encontraremos cuando lleguemos o no”, señalan desde la UCA.

Además de ello, este año, en colaboración con la Universidad de Extremadura, “estudiaremos la termometría de la zona, consistente en la utilización de sensores térmicos a distintas profundidades para el registro de las anomalías térmicas tanto de carácter volcánico como propios de la evolución geotérmica del permafrox, mezcla entre el hielo y la tierra”. A partir de la geodinámica existente se está estudiando el posible cambio climático mediante “la correlación entre las temperaturas de la capa activa del permafrox y su influencia en el deshielo y, por supuesto en la variación del nivel del mar”, según corrobora el profesor Berrocoso.

De igual forma, en esta expedición se probará un prototipo de estación multiparamétrica, un sistema que se encargará de medir al mismo tiempo la actividad sísmica, la deformación de la corteza y la temperatura con la idea de que se pueda establecer el grado de peligrosidad de la actividad volcánica para, más tarde, determinar la posibilidad real de una erupción en un corto periodo de tiempo.

Esta campaña a la Antártida coincide con otras tres que se están desarrollando de forma paralela en la base Gabriel de Castilla. De esta forma, en la isla de Decepción conviven actualmente 15 científicos, que pese a la lejanía de la zona, las infraestructuras de la base han mejorado “muchísimo en los últimos años; ahora mismo tenemos una serie de comodidades que eran impensables no hace tanto tiempo”. Como dormir en camas, tener calefacción (aunque por la noche se apague por el ahorro energético), “se come muy bien y el rendimiento profesional, evidentemente, es mayor”. Tienen resueltas las necesidades básicas, antes eso era más difícil. “Ahora vamos a hacer nuestro trabajo, aunque echemos una mano en las labores diarias como el acondicionamiento de la base o las labores de limpieza, antes el 50% del tiempo del científico se centraba en sobrevivir y el resto