UNIVERSITAT JAUME I

Abuelos y abuelas trabajando en el cuidado de los nietos mientras los padres de los pequeños se ven obligados a incorporarse a su puesto de trabajo, personas con ganas de estudiar pero sin posibilidades de abandonar el trabajo para hacerlo mientras mayores con ilusión por mantener su empleo remunerado se ven forzados a jubilarse…, situaciones en ocasiones incongruentes a las que aboca el actual esquema de vida laboral: aprendizaje, trabajo y retiro, que se podrían salvar a través del retiro temporal a lo largo de la vida, una novedosa propuesta del grupo de investigación de Sociología del Envejecimiento de la Universitat Jaume I que tiende a superar desigualdades de género, edad y clase.

La propuesta plantea la posibilidad de retirarse temporalmente del trabajo remunerado en el momento de la vida que se crea más adecuado y no obligatoriamente al final del ciclo. El profesor de Sociología de la UJI, Alfredo Alfageme, explica que se trataría de “trabajar con tiempos de retiro por tiempos de trabajo, por ejemplo, en una proporción de tres años de retiro por cada ocho trabajados, que vendría a equivaler a una persona que trabaja 40 años y cobra la durante 15 años”. De este modo, el gasto en financiación por parte del Estado no tendría por qué variar, pero ofrecería a los trabajadores un derecho flexible, la posibilidad de decidir sobre el esquema de su vida laboral.

El estudio realizado por el grupo de investigación sobre la opinión de expertos en sociología del envejecimiento y de la población en general demuestra que la principal dificultad con la que se encuentra esta propuesta “no es práctica sino cultural debido al arraigo del esquema de jubilación”, explica Alfageme. El investigador resalta que se trata de una iniciativa “que está en la línea de superar tanto desigualdades estructurales de género como la discriminación de las personas mayores de algo muy valorado como es el trabajo remunerado y, en tercer lugar, es también una política que beneficiaría a los más desfavorecidos socialmente, a las clases más bajas”.

En el caso de las desigualdades de género, Alfageme explica que “el curso vital estructurado en tres fases, como el que tenemos tan metido en la cabeza, consistente en estudiar, trabajar y finalmente retirarse, está pensado para los hombres ya que el periodo de trabajo fuera de casa es el periodo más fértil de las mujeres”. Por otra parte, desde la sociología del envejecimiento, afirma que “la jubilación forzosa termina siendo un mecanismo de exclusión por edad de algo muy valorado como es el trabajo remunerado, que forma parte de lo que la gente es”. En este sentido, defiende, como muchos otros especialistas, que “la jubilación debería ser más un derecho que una obligación, algo que además ayudaría frente a la crisis”. Por ello, considera adecuadas las últimas medidas encaminadas a dejar que sigan trabajando aquellos que opten por esta opción. Actualmente, explica que “pese a que no sea ilegal seguir trabajando, salvo en la Administración, en la práctica se convierte en una obligación ya que las empresas pueden forzar la jubilación, incluso antes de la edad oficial, lo que no deja de ser un despido encubierto que les resulta más rentable”.

Respecto al hecho de favorecer a las clases más bajas, Alfageme destaca que el retiro temporal permitiría estudiar a aquellas personas que no pudieron hacerlo en su momento. “Parece muy claro que en ese esquema tan estricto salen beneficiadas las personas que estudian, y generalmente son aquellas que pertenecen a clases medias que tienen esa cultura de mantener a los hijos mientras se estén formando. Para las clases bajas el percibir que estudiar era una buena idea muchas veces llega tarde y quedan excluidos de la formación para siempre, cuando podrían preferir posponer su jubilación y optar a un retiro remunerado para estudiar”.

El esquema de aprendizaje, trabajo y retiro parece además pensado para tiempos de pleno empleo, señala el sociólogo, quien considera que el hecho de que las personas pudieran optar al retiro temporal permitiría a otras optar durante ese tiempo a esos puestos de trabajo, tratándose “en cierto modo de una política de empleo”. “Y no han de ser obligatoriamente los mayores los que den paso a los jóvenes, las personas somos algo mucho más complicado que un cuerpo que cumple años, somos algo más que una edad y es un mito que la vejez sea una etapa de discapacidad”, resalta. “Al final las personas obligadas a jubilarse en muchas ocasiones están trabajando igual o más. Vas a la puerta de un colegio y está lleno de abuelos y abuelas que van a por lo nietos, y yo creo que la mayoría de trabajos de hoy son menos duros que cuidar niños. Como al final el abuelo no puede trabajar en un empleo remunerado, se ha de encargar de los nietos, mientras a lo mejor los padres están en una oficina haciendo una tarea mucho más relajada”.

Entrevistas a expertos y trabajadores

Para conocer la posición de los expertos y la sociedad sobre el retiro temporal a lo largo de la vida, el grupo de investigación coordinado por Alfageme está aplicando, por una parte, el método Delphi, consistente en realizar un cuestionario a expertos y, en una segunda fase, volver a plantearles las mismas preguntas facilitándoles las respuestas obtenidas inicialmente, de forma que las opiniones puedan ir convergiendo. Se trata de una metodología interesante cuando se trata de temas nuevos en los que no existe una tradición. Además de recopilar a través del método Delphi las opiniones de una veintena de expertos en sociología del envejecimiento, el estudio se ha completado por otra parte con otras tantas entrevistas abiertas a hombres y mujeres de distinta edad y situación laboral y familiar, preguntándoles qué uso harían o habrían hecho de este derecho.

Del estudio realizado hasta la fecha, y cuyas conclusiones se publicarán a lo largo de 2011, se desprende que “la jubilación tiene un arraigo cultural tremendo. Cuesta hacer entender a la gente que la jubilación no es una política de siempre ni de todos los lugares y que hay alternativas que pueden ser mejores”, señala Alfageme. A pesar de que la propuesta “en general se valora positivamente y se entiende que es razonable y justificada, se tiende a ver como una utopía”. Esto lleva a que su aplicación sea difícil por razones culturales, no prácticas. El sociólogo señala que “en el caso de los expertos es curioso ver como las opiniones se polarizan, o lo ven muy claro y son muy favorables a la propuesta o se acorazan en torno a proteger la jubilación entendida como el retiro definitivo, forzoso e irreversible a partir de una edad”. En cualquier caso, resalta que “no se estaría obligando a nadie a no jubilarse y a trabajar de mayor, sino que se daría una alternativa para que la gente trabajadora pudiera distribuir los tiempos de retiro en función de sus intereses y no obligatoriamente al final”.

La aplicación de esta propuesta obligaría a definir numerosas cuestiones, como un sistema para priorizar la concesión de los retiros temporales en función de los motivos para solicitarlos o las condiciones para el retorno al trabajo “que quizá podrían obligar a mantener el puesto de trabajo en base a motivos como cuidado de una persona dependiente, estudios, etc.”. Asimismo, destaca Alfageme que las pensiones por discapacidad garantizarían que ninguna persona que no estuviera en condiciones se viera obligada a seguir trabajando. Otra ventaja, en opinión del profesor, sería que ante “recortes en las prestaciones de las pensiones se evitaría que los castigados siempre sean los mayores para repartirlo de forma más equitativa entre toda la población”.

El proyecto de investigación “El retiro temporal del trabajo remunerado a lo largo de toda la vida. Algunas opiniones significativas”, enmarcado en el Plan de Promoción de la UJI y la Fundación Bancaja, contribuye a la finalidad de la sociología de denunciar, destacar o recordar la posibilidad de cambiar las cosas que parecen inamovibles en una sociedad.