En las últimas semanas, la palabra “arbitraje” suena en todos los medios de comunicación, pero no nos referimos al último partido que enfrentó al Real Madrid contra el Sevilla F.C. En diciembre se decidió por fin que una parte del entre AENA y el sindicato de Controladores Aéreos, USCA, fuera dirimido a través de la vía arbitral. En enero conocimos el nombre del árbitro: Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales.

Además, si leemos noticias internacionales, encontramos que los Mecanismos Alternativos de Resolución de Conflictos (conocidos también como ADRs debido a su denominación en inglés, Alternative Dispute Resolutions) aparecen en muchas de ellas. Sociedades como Starbucks y Kraft Foods, Google, AOL, Telefónica, Gas Natural o Sonatrach someten a arbitraje sus conflictos. En España, sin embargo, nos cuesta más. Una situación que muchos expertos achacan a la falta de conocimiento de sus ventajas (rapidez, especialidad, confidencialidad, neutralidad, flexibilidad e incluso los costes, por no mencionar que contribuye a la descongestión de la justicia ordinaria) y que desde nuestra asociación, la Asociación Europea de Arbitraje (Aeade) tratamos de paliar.

El arbitraje es un mecanismo eficaz alternativo a la Justicia ordinaria que permite la solución de controversias entre dos o más partes, y en el que un tercero (experto, independiente e imparcial), denominado árbitro, resuelve la controversia dictando un laudo (sentencia) de obligado cumplimiento.

En el ArbiTRAJE del Emperador, en referencia al famoso cuento de Hans Christian Andersen, trataremos de profundizar y de ampliar la visión que se tiene del arbitraje.