UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Jorge Matías Pereda y Gustavo Lannelongue, de la Facultad de Economía y Empresa, expondrán en Granada el próximo 10 de febrero su experiencia sobre el uso de software antiplagio en los nuevos grados

es una navaja de doble filo. Ofrece innumerables posibilidades para realizar una ingente búsqueda de información y documentación, las fuentes se multiplican y el acceso a libros o documentos que antes eran difíciles de localizar y conseguir es ahora en muchas ocasiones un proceso sencillo y tan rápido como hacer con el ratón unos pocos clics. Pero junto a ventajas como éstas, la red ha propiciado también un incremento de prácticas poco ortodoxas; entre ellas, y como una de las más habituales, se encuentra el plagio, esa apropiación indebida de obras ajenas presentándolas como propias. Y esto en el ámbito universitario está mermando el valor del esfuerzo, del trabajo y del rigor, así como el comportamiento ético del alumnado de educación superior a la hora de elaborar su propio trabajo.

Para combatir el famoso “copiar y pegar” prolifera también en esta era digital la creación de nuevos programas de control capaces de detectar ese plagio. En este sentido, los profesores Jorge Matías Pereda y Gustavo Lannelongue de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Salamanca han probado en el nuevo grado adaptado al Espacio Europeo de Educación Superior, que exige una cantidad mayor de actividades prácticas, uno de esos software antiplagio. Denominado “Turnitin”, la Facultad adquirió una licencia de uso de este programa para 300 alumnos, tras haberlo utilizado primero de forma experimental.En concreto, el “Turnitin” permite a los profesores contrastar los trabajos entregados por los universitarios con el contenido de 90.000 fuentes en Internet, más el de libros y revistas científicas, así como revisar el grado de similitud con trabajos entregados por el mismo alumno o por otros en años anteriores.

Ahora, después de varios años probando esta herramienta ambos docentes presentarán sus conclusiones en el congreso “Experiencias e Innovaciones en la Docencia sobre Estrategia y Empresa”, que se celebrará el próximo 10 de febrero en el Parque de las Ciencias de Granada.

Jorge Matías y Gustavo Lannelongue han aplicado el software a tres asignaturas: “Dirección de la producción”, “Dirección de la información” e “Información, organización y control”, recogiendo informes de veracidad en un primer momento de 179 alumnos, cada uno de los cuales entregaba dos trabajos. Aunque el nivel de plagio era bajo – de los 358 informes solo uno indicaba la presencia masiva de otros textos en el trabajo (45% de similitud con otras fuentes)- sí comprobaron, explica Matías, “cierto efecto aprendizaje por parte de los alumnos, ya que la puntuación acumulada se redujo un 32% entre las primeras entregas y las segundas”.

Así, según ha explicado Matías Pereda al área de Comunicación de la Universidad, “los resultados de esta experiencia han sido muy positivos, ya que se ha comprobado cómo los alumnos toman conciencia de la existencia de esta herramienta en el proceso de evaluación, provocando por su parte una mayor atención y dedicación a la expresión escrita y al desarrollo de ideas y conceptos propios”.

El software antiplagio ha permitido además “una disminución de las sospechas sobre la autenticidad de los trabajos, ha contribuido a mejorar, por tanto, el rendimiento de los alumnos y a reforzar el valor del trabajo, al valorar el esfuerzo real de quienes no habían copiado”. Con todo ello se ha probado, según este profesor de la Universidad de Salamanca, la eficacia de este tipo de programas a la hora de reducir el plagio y mejorar, en definitiva, la práctica docente. Ahora bien, “es importante”, asevera Jorge Matías, “el control y la revisión del profesor, ya que ha de entrar en juego su subjetividad en la consideración de qué es plagio y qué no lo es, en qué porcentaje se considera que el alumno copia trabajos ajenos y en qué tanto por ciento hablaríamos de citas”. En este sentido, la labor docente debería enseñar al alumnado a citar correctamente, asegura Matías.

A pesar de las ventajas que ofrecen estas herramientas de control antes impensables, el docente reconoce que el sistema, que ha de ser complementario a la función de supervisión del profesorado, “puede conllevar algún aspecto negativo como la generación de un sentimiento de rechazo por parte del alumno por la percepción de un control exagerado”.

Lo cierto es que el auge de las redes sociales y el uso cada vez más generalizado de Internet hace que el docente deba replantearse su función como supervisor ético en el marco universitario. Para ello, los programas antiplagio, que también están teniendo un auge considerable, sobre todo en EEUU y en Inglaterra donde su uso entre el profesorado está más extendido, constituyen una herramienta auxiliar de primer orden.