Los datos que se muestran en las estadísticas están sujetos a interpretaciones subjetivas. De ahí, la famosa cita de Benjamin Disraeli: “Hay tres tipos de mentiras: mentiras pequeñas, mentiras grandes y estadísticas“. Sin embargo, cuando se contemplan cuadros como los publicados hoy en la web ‘Toute l’Europe’ y que están recogidos en su mayoría del servicio de la Comisión Europea, Eurostat, cabe plantearse si de verdad las mujeres están proporcionalmente menos representadas en política o si estamos sacando una conclusión condicionada simplemente porque hay menos diputadas (tanto nacionales como europeas) que diputados. ¿Pueden representar también (y tan bien) los diputados a la población femenina? ¿Se deberían aplicar cuotas para evitar que en todos los países haya una desproporción? Bien es sabido que en todos los países europeos sigue habiendo una discriminación de género en cuanto al porcentaje salarial que las mujeres perciben por realizar exactamente la misma labor que un hombre (cuadro 2). Diciendo esto nos arriesgamos a que nos tachen de feministas pero también podemos decir que las cuotas y la discriminación positiva pueden favorecer la igualdad y el equilibrio en varios sectores, pero también favorecer que éstas sean tratadas de “otra forma” simplemente porque se puede pensar “que no se merecen ese puesto”; es decir, que no se valore su trabajo y su esfuerzo porque “están donde están por las cuotas y no se debería aplicar esta discriminación sino que se debería de contratar al individuo más cualificado”. Con estas palabras ya no seríamos feministas sino conservadores por no promover la igualdad de género. Este es un problema que no tiene una solución simple sino múltiple porque se tienen que considerar muchos aspectos y no se pueden aplicar los mismos estándares en todos los sectores. ¿Las cuotas se tendrían que aplicar para los directivos de las empresas o para todos sus trabajadores? y en los Parlamentos Nacionales ¿se deberían aplicar las cuotas de género? En uno de los cuadros publicados por Toute l’Europe observamos que hay una diferencia enorme entre el número de diputadas y diputados en las cámaras de representantes de todos los Estados miembros de la UE. Sólo Suecia se acerca al equilibrio entre diputados de ambos sexos con un 47% de diputadas. En España, un 35% son diputadas (cuadro 3).

La UE funciona en muchos casos con cuotas. Por ejemplo, la representación en el Parlamento Europeo depende de la población de un país así como este factor influye en los votos que los gobiernos tienen en el Consejo de la UE. Alemania es el Estado miembro más poblado de la UE, por este motivo cuenta con 99 eurodiputados; Malta es el menos poblado por lo que cuenta con 5. Tras un gran tira y afloja, después del Tratado de Lisboa, España cuenta con 54 eurodiputados (4 más desde la ratificación del Tratado). En el Consejo de la UE, sin embargo, cuatro países cuentan con el mismo número de votos, 29 y son Alemania, Francia, Italia y Reino Unido mientras que Malta cuenta con 3. España y Polonia cuentan con 27. Las cuotas son significativamente diferentes puesto que en el Consejo todo el mundo quiere tener más votos ya que conlleva más poder. Por lo tanto, estas cuotas también están medidas políticamente al igual que las cuotas de género. Siguiendo este razonamiento, cabe plantearse por qué no introducir cuotas de género entre los eurodiputados. Si un país tiene más población, tiene derecho a tener más diputados. Pero estos diputados, ¿tienen que ser hombres o mujeres? ¿Podemos basar esta decisión sabiendo que tal Estado miembro tiene más mujeres que hombres entre su población? Pero ¿y si se dedican menos mujeres a la política que los hombres? ¿Obligaremos a las mujeres a ejercer política simplemente para cumplir con la cuota? ¿Y si están menos cualificadas? o al contrario, ¿sino introducimos las cuotas perderemos la oportunidad de tener diputadas más cualificadas?

Más preguntas que respuestas en la centenaria celebración del Día de la Mujer.
Por cierto, no resulta nada fácil escribir sobre este tema y menos aún, formarse una opinión sobre la cualificación de Catherine Ashton como Alta Representante de Política Exterior. Encarna Hernández se plantea la misma duda en este post que os recomendamos: Ashton: un error ¿de género?
Fuente: Hemos conocido estos cuadros a través del Twitter de Mr. de Chica