UNIVERSITAT JAUME I

La mayoría de en situación de acogimiento se adapta positivamente a la familia de acogida según un realizado desde el grupo de investigación Desarrollo y Contextos Educativos de la Universitat Jaume I, que concluye que el autoconcepto que tiene de sí mismo el menor es la variable más determinante de cara a una correcta adaptación a la familia y revela que es falsa la creencia popular de que son menores muy problemáticos. En el caso de la provincia de Castellón, analizado en la tesis “La adaptación del menor al proceso de acogimiento familiar”, el 92% de los menores a los que se hizo seguimiento alcanzaron una convivencia positiva con la familia de acogida y el 60% de ellos no presentaban problemas psicológicos de ningún tipo.

A pesar de que los menores en acogida proceden de familias multiproblemáticas, con antecedentes de negligencia principalmente, presentan después de más de un año conviviendo con las familias de acogidas altos niveles generales de autoconcepto, ausencia de problemas psicológicos y una buena adaptación al acogimiento valorada por ellos mismos y por los profesionales. Alicia Ballester, autora de la tesis, destaca que estas conclusiones ofrecen “una visión positiva sobre el crecimiento personal e interpersonal ante la adversidad del menor en acogida”.

Para el desarrollo de la tesis se estudió la situación de 25 menores, que representaban la práctica totalidad de casos de acogimiento familiar en la provincia de Castellón ya que únicamente se excluyeron los casos de bebés y aquellos que llevaban menos de un año con la familia de acogida. En este sentido, Lidón Villanueva, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación y directora de la tesis, destaca el escaso número en la provincia de Castellón de familias ajenas de acogida, es decir, aquellas que no tienen ningún lazo biológico con el menor.

“El estudio revela que es falsa la creencia de que el menor en acogida tiene problemáticas importantes, ya que en la mayoría de los casos no aparecen problemas psicológicos ni de ningún tipo a pesar de haber pasado algunos de ellos por experiencias de maltrato, por acogimientos residenciales y por situaciones que harían probable que aparecieran problemas. Pero el dato curioso y optimista es que no se dan y, en todo caso, si se presentan problemas son mayoritariamente de conducta”, explica Villanueva.

El estudio ha analizado diversas variables como las condiciones previas del menor, las características de los padres de acogida, la personalidad del menor, etc., resultando que la variable que mejor permite predecir una buena adaptación es el autoconcepto del menor. “De todas las variables estudiadas, la que nos da la pista de si va a estar bien es el concepto que el menor tenga o se esté formando de sí mismo”. “La mejora de este autoconcepto es en gran medida resultado del efecto positivo de los padres de acogida, del cariño y el amor que le dan”, explica la investigadora ya que “el niño muchas veces por primera vez obtiene una imagen positiva de sí mismo y eso le ayuda a adaptarse mejor y a crecer”. Por ello, entre las conclusiones de la tesis se destaca la necesidad de formar a los padres de acogida en habilidades de estimulación y potenciación del autoconcepto. “Nos interesa el éxito de la acogida y sabemos que trabajando el autoconcepto va a ir bien”, destaca la investigadora.

En el caso de los menores que han sufrido situaciones de maltratos, el autoconcepto suele ser más negativo, según revela el estudio. Sin embargo, “aquellos menores cuyos padres tienen alguna problemática como adicciones, problemas psicológicos, etc., presentan autoconceptos más altos incluso que la media, es decir, ante las dificultades de sus padres ellos tienen la capacidad de distanciarse y ser autónomos, de decir esos son los problemas de mis padres y yo soy otra cosa. Eso dice mucho a favor de la resiliencia de estos niños para salir adelante y del efecto de las familias acogedoras con las que están”. La media del tiempo de permanencia con la familia de acogida entre los menores estudiados era de 6 años y la conclusión es que “esa permanencia en una familia positiva hace que los menores puedan superar sus experiencias pasadas, distanciarse de ellas, crecer y renacer frente a la adversidad. Este es el mensaje más positivo de este estudio”, resalta la profesora.

La metodología utilizada para desarrollar el estudio ha consistido en la realización de cuestionarios a los menores, a las familias de acogida y a los técnicos encargados de realizar el seguimiento, que se repitieron a los dos años. En este tiempo, de los 25 menores analizados, únicamente se produjo un caso de renuncia por parte de la familia de acogida ante los problemas de adaptación; mientras que otra de las menores decidió volver con su familia biológica al alcanzar la mayoría de edad. En este caso, Lidón Villanueva asegura que “lo normal es que cuando vuelva con sus padres ese autoconcepto, esas habilidades que ha adquirido las mantenga e incluso las transmita a su familia biológica”.

Faltan familias de acogida

El perfil de las familias acogedoras en la provincia de Castellón es de padres con estudios medios y con edades muy altas, el 80% de los cuales tienen hijos biológicos y algunos incluso nietos. En gran parte de los casos la madre, ama de casa, se encarga del cuidado de los menores. Además, la mayoría tienen acogimientos sucesivos ya que casi todos repiten. “Para las familias la experiencia es totalmente positiva, desearían más espacio físico y más tiempo para tener más oportunidades de ayudar a los chavales. Y eso a pesar de que cuentan que el momento de la despedida es duro, porque es necesario que se produzca una vinculación afectiva, pero ellos tienen la gratificación de que pueden acoger a un nuevo menor y de que luego muchos mantienen relación”. Desde el primer momento que entra el menor a una casa, los técnicos advierten a la familia de que tienen que preparar la despedida. Por ello, el acogimiento es un sentimiento altruista, sin sentido de propiedad y en el que lo que se busca es hacer el bien a muchos niños y niñas.

El bajo número de familias acogedoras en la provincia de Castellón hace necesaria, según Villanueva, la difusión de este recurso, especialmente entre nuevos perfiles como colectivos relacionados con el cuidado a los demás, de forma que se contara también con familias acogedoras más profesionalizadas como ocurre en otros países europeos y que resultan especialmente útiles para la acogida de menores que requieren cuidados especiales. Además de este tipo de acogimiento de menores con necesidades educativas especiales, hay distintos tipos de acogimientos: de urgencia, para tan solo unos días o semanas hasta que se busque una salida a una situación sobrevenida; acogimiento simple, de uno o dos años; y permanente, cuando se superan estos tiempos. Entre las conclusiones de la tesis se hace hincapié en la necesidad de divulgar este recurso con el fin de conseguir más familias voluntarias, de cualquiera de estos tipos, ya que se ha demostrado que los resultados son altamente positivos.