Hoy leemos en el diario Expansión un artículo de opinión firmado por Clifford J. Hendel, socio del despacho Araoz & Rueda Abogados. El letrado nos pone al día de una nueva herramienta que contribuye a afrontar mejor los costes de un internacional: la third party funding, o litigation funding. Consiste en que una tercera entidad, por lo general un fondo especializado, financia a la parte demandante.

En esencia, funciona del mismo modo que las compañías aseguradoras. La sociedad “inversora” lleva a cabo una auditoría contable de la empresa que solicita su financiación antes de acordar nada. Así, se cerciora de que haya un porcentaje aceptable de posibilidades de éxito, dentro de un plazo admisible y de que la empresa demandada “posee suficiente solvencia económica y moral” para enfrentarse a una indemnización si llegara el caso. Además, la demandante debe contar con un equipo de abogados y especialistas cualificados.

También se cuantifica a cuánto ascenderían los costos de la operación, al igual que la rapidez y el tipo de jurisdicción/es donde la demandada tiene sus activos, por si hubiera que recurrir a la ejecución forzosa del laudo.

Si sucede que la empresa demandante (es decir, la financiada) pierde, los gastos corren a cargo de la financiadora. A cambio, en el caso de que gane, su obligación es compartir con la “aseguradora” una parte de sus ganancias, o bien una comisión acordada a partir del importe proporcionado por esta.

El autor cita varias razones por las que el sistema de third party funding tiene cabida en el mundo del arbitraje internacional, aparte de los altos honorarios de los árbitros: las fuertes sumas de dinero implicadas en el proceso de demanda; la rapidez de resolución; “la relativa certeza del resultado debido al mayor grado de conocimiento o de experiencia del árbitro frente al juez”; la previsible agilidad de la ejecución internacional de laudos frente a sentencias arbitrales… En resumen, son las mismas virtudes consustanciales al arbitraje.

Según Hendel, no se tiene constancia de que en España se haya usado con frecuencia el third funding party. Algo que por otra parte resulta normal en un país donde aún reina bastante desconocimiento sobre las vías alternativas de resolución de conflictos. Todavía habrá que esperar para saber si disfrutará de la misma aceptación que en otros países, como Estados Unidos.

Fuente: Expansión y elaboración propia