UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Este grupo de investigación, especializado en espectrometría gamma, ha detectado yodo 131 procedente de en niveles que no representan riesgo para la población

Un mes después de que saltara la alarma nuclear en la central de Fukushima de , como consecuencia del desastre provocado por el y el posterior , los ojos del mundo siguen mirando atentamente a lo que allí sucede. sigue temblando y las últimas informaciones sobre la crisis nuclear hablan de que ya se ha alcanzado el nivel de emergencia más alto.

Así, durante el último mes las noticias sobre la se han disparado y el trabajo de los científicos dedicados a la investigación en este ámbito sale a la luz. Precisamente en la Universidad de Salamanca existe desde hace años el Laboratorio de Radiaciones Ionizantes, dirigido por Begoña Quintana Arnés, directora también del Departamento de Física Fundamental. Este laboratorio y el de Radioactividad Ambiental de la Universidad de León son los únicos dedicados a la vigilancia radiológica ambiental en la comunidad castellano-leonesa, dependientes de la Red de Estaciones de Muestreo () del Consejo de Seguridad Nuclear.

Según ha confirmado Quintana Arnés al Área de Comunicación de la institución académica, “en las últimas mediciones del laboratorio se ha detectado yodo 131 en niveles muy bajos que no representan ningún riesgo para la salud de la población y que están descendiendo”. “Y se ha detectado”, continúa la investigadora, “porque ha llegado la primera nube de Fukushima, consecuencia de la primera semana que fue la más grave desde el punto de vista radiológico”.

Aunque su labor es ahora objetivo de todas las miradas, lo cierto es que el Laboratorio de Radiaciones Ionizantes de la Universidad trabaja desde hace diecinueve años en el programa de vigilancia radiológica ambiental de la Red de Estaciones de Muestreo (REM). Quintana Arnés ha explicado que “esta red se formó en 1992 cuando la Unión Europea le requirió al Consejo de Seguridad Nuclear que crease una red de este tipo, debido a que cuando ocurrió el accidente de Chernóbil en España no se monitoreaba el aire y, por lo tanto, no se pudo saber qué ocurrió ni hasta dónde llegó la radioactividad”.

Según la directora del Departamento de Física Fundamental, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) tomó una sabia decisión a la hora de formar la REM, porque la creó apoyándose en las universidades. Lo que a juicio de Quintana Arnés “fue una manera de garantizar la independencia y la buena calidad de los resultados”. La Universidad de Salamanca fue una de las primeras instituciones en trabajar para la recién creada Red de Estaciones de Muestreo.

De este modo, el Laboratorio, en el que trabajan también los técnicos Teresa Marcos y Felipe Lorenzo y los investigadores Álvaro Hernández y María Doncel, muestrea de forma continua el aire, el agua y el suelo, con medidas acumulativas de la radioactividad y controlando concretamente todos los radionucleidos artificiales que son emitidos por las centrales nucleares y la radioactividad ambiental. “Hay muestras que se toman en continuo como aerosoles y partículas de polvo, que se miden semanalmente. También muestreamos el agua potable una vez al mes y los suelos una vez al año. A todas esas muestras se les hace espectrometría gamma y análisis de estroncio 90”, ha explicado Quintana Arnés.

Cuando se creó la Red de Estaciones de Muestreo, el Consejo de Seguridad Nuclear hizo una inversión para dotar a los laboratorios de equipamiento adecuado y después, en 1999, se tomó la decisión de aprovechar esos equipos para realizar programas independientes. En concreto el Laboratorio de la Universidad de Salamanca, que posee, según Quintana Arnés, “unos equipos optimizados para alcanzar la máxima sensibilidad y que está especializado en espectrometría gamma”, tiene un contrato con el CSN para el Programa de Vigilancia Radiológica Ambiental Independiente de las instalaciones del ciclo que tiene Salamanca, esto es, las minas de uranio en Saelices el Chico y la fábrica de combustible de Juzbado.