El Universo es demasiado grande, eso es algo que todos sabemos, y nuestro planeta no es más que un punto azul pálido flotando en la inmensidad. Pero esa inmensidad tan grande no es inconmensurable: los avances científicos han logrado darle redondez a la Tierra, quitarla del centro de todo, y últimamente sabemos cada vez más con más exactitud dónde estamos y qué somos.

En otra ocasión ya habíamos visto que si la Tierra fuera del tamaño de una naranja, la Luna sería una nuez girando a casi cuatro metros de distancia, y que si viésemos al Sol del tamaño de un CD en la pantalla del monitor, necesitaríamos 60 pantallas puestas una junto a otra para llegar a nuestro planeta, y 2350 a Plutón. Lo se, Plutón no es más un planeta.

El gráfico sobre el Sistema Solar fue publicado en Amazings, y alguien dejó un enlace a un interesante gráfico que se explica en este artículo.

En el primero de estos contenedores cilíndricos, encontramos a nuestro planeta, que tiene unos 12.000 Km de diámetro, en cuyo caso ese cilindro mediría unos 25.000.

Si comenzamos a alejarnos, pasando las órbitas de todos los planetas (y Plutón), nos encontramos con elCinturón de Kuiper, que es una región de alta densidad de asteroides. Comparado con el resto, claro, porque si estuvieras ahí ni siquiera lo notarías. Ese cinturón se extiende hasta los 15.000.000.000 kilómetros, por lo que el contenedor tiene un diámetro casi un millón de veces mayor que el anterior.

Para seguir hablando de medidas, hay que usar una unidad de distancia mayor, así evitamos perdernos en los millones de millones. Teniendo en cuenta que la velocidad de la luz es constante, de casi 300.000 kilómetros por segundo, una buena forma de medir distancias tan grandes, es con años luz. Un año luz es la distancia que recorre un rayo de luz en un año. Para tener una referencia, son 9.467.280.000.000 km. Y dado que es un número tan grande, pensemos que la luna está a 1,2 segundos luz, y el Sol a 8 minutos luz.

El primer contenedor mediría 0,06 segundos luz. El contenedor del Sistema Solar mediría poco más de un día luz (la luz tardaría unas 28 horas en ir de un lado al otro. A las dos sondas espaciales Voyager, que son los objetos artificiales que más lejos han llegado desde la Tierra, les tomó unos 30 años llegar hasta ahí.

Si nos continuamos alejando, bastante por cierto, a unos 4 años luz de distancia se encuentra la estrella Próxima Centauri, y el contenedor tiene un tamaño de unos 30 años luz, representando a la Nube Interestelar Local, que contiene un puñado de menos de 50 estrellas. Un viaje a cualquiera de ellas tendría una duración de cientos o miles de años, e implicaría estar todo ese tiempo viajando por el vacío casi absoluto, totalmente alejado de cualquier fuente de energía (las estrellas más cercanas, y hasta el Sol serían igual de intensas que el cielo nocturno). Hay que notar que el tamaño de cada estrella ahí no está a escala respecto a las distancias. En realidad deberían ser tan pequeñas que no se podrían representar. Haciendo clic en la imagen (en todas ellas) puede verse en tamaño completo para leer (y googlear) sus nombres.

El Grupo Interestelar Local no era más que una mota de polvo brillante de nuestra Galaxia: la Vía Láctea. Malas noticias para los geocentristas, porque nos encontramos en uno de sus tantos brazos (llamado Brazo de Orión), a 28.000 kilómetros del centro. El contenedor tendría el mismo diámetro que la Galaxia, unos 100.000 años luz. Viajar estas distancias es inimaginable.

La imagen de la Vía Láctea es una reconstrucción basada en lo que vemos de otras galaxias y de lo que percibimos desde adentro.. porque estamos dentro y nadie podría alejarse lo suficiente como para tomar esa fotografía.

Si bien ya hemos perdido cualquier sentido humano de la realidad hace tiempo, nos seguimos alejando, y encontramos un grupo de 30 galaxias, contenidas en un cilindro de 10 millones de años luz de diámetro al que  definimos como Grupo Local. La mayoría de las estrellas que vemos en el cielo nocturno pertenecen a la Vía Láctea, y son: o bien las más cercanas o las más brillantes. Aunque también podemos ver muchos objetos de la galaxia Andrómeda y las dos Nubes de Magallanes. Con objetos me refiero a nubes de polvo y gas iluminados por estrellas, estrellas gigantes a punto de explotar, o remolinos de polvo, planetas y estrellas que brillan al acelerar en caída libre rumbo a un agujero negro.

En la siguiente imagen se ilustra el Supercúmulo de Virgo, que es una región con un diámetro de 110 millones de años luz e incluye a más de 100 cúmulos de docenas de galaxias cada uno. En la Wikipedia en inglés hay algunos mapas algo más comprensibles (aunque menos ilustrativos).

Los supercúmulos se encuentran distribuídos en diferentes filamentos, parecidos a telas de araña o redes neuronales. La gravedad tiende a atraerlos y formar hilos más compactos. Entre cada hilo se encuentran burbujas de nada extremadamente grandes, son los espacios más vacíos del Universo. El Supercúmulo de Virgo es uno de los más grandes en nuestro Complejo de Supercúmulos, de 250 millones de kilómetros.

Estos supercúmulos forman una maraña de mil millones de años luz, que forman todo el Universo observable. Eso significa que podría ser mucho más grande, pero la luz de tan lejos todavía no ha llegado hasta aquí.

Carl Sagan solía decir que la Astronomía era una experiencia constructora de carácter y humildad. Mediante la cual darnos cuenta de dónde estamos parados y de lo poco relevante que son nuestros problemas y diferencias cuando lo ponemos en perspectiva. En mi opinión no es sólo eso: cuando veo todas estas cosas juntas, no puedo sino preguntarme “¿Cómo saben los científicos todo esto?“.

Cada descubrimiento, cada hipótesis, cada teoría, tiene una historia interesantísima detrás, que vale la pena investigar y descubrir. Sobre nuestro planeta perdido en la inmensidad, el maestro Sagan plasmó una de las opiniones más emocionantes en su serie Cosmos. Y nunca me canso de verla: