UNIVERSIDAD DE ALICANTE

Congelar a muy bajas temperaturas semillas, yemas o tejidos de plantas para preservar su vida indefinidamente, asegurando la supervivencia de su especie. Esa es la técnica sobre la que está investigando la Universidad de Alicante como herramienta de conservación de la . La vida de sus células queda suspendida, pero las reacciones bioquímicas que las llevarían a la muerte también se detienen. Esas muestras pueden mantenerse en una especie de limbo que no es ni vida animada ni muerte hasta que, tras a un plazo teóricamente ilimitado, una técnica inversa les devuelva la actividad biológica.

Este proceso se denomina criopreservación. Lo lleva a cabo José Luis Casas, profesor de Fisiología Vegetal e investigador del Instituto de Biodiversidad de la UA, CIBIO. “En realidad lo que hacemos es someter a las células o los tejidos a una vitrificación. Sus funciones vitales quedan suspendidas sin envejecer o germinar hasta que se realice el mismo proceso en sentido inverso para que recobren su capacidad de crecimiento”, explica. El procedimiento es semejante al que se emplea con las células reproductivas humanas, sólo que en este caso ha de adaptarse a las particularidades de cada una de las innumerables especies de plantas existentes.

Pero para ello la congelación debe ser drástica, rápida y a muy bajas temperaturas, nada que ver con lo que se realiza por la industria de los alimentos o en el ámbito doméstico. Para ello él y su equipo de investigación emplean nitrógeno líquido, que mantiene las muestras a 196 grados bajo cero. A esa temperatura este elemento químico hierve y se convierte en gas, su estado en la atmósfera, pero el que se conserva líquido en un recipiente permanece a esos grados. En teoría, si esa temperatura se sostiene sin interrupciones hasta que en el futuro alguien decida reanimarlas, lo harán conservando todas sus funciones biológicas.

Lo que este científico investiga desde hace cuatro o cinco años es la técnica a aplicar, tanto en la fase de preservación como en la de reanimación, dado que no es lo mismo si se trata de brotes embrionarios, muestras de tejido (por ejemplo, de una hoja) o semillas, que por contener mucha menos agua simplifican el procedimiento: cuanta más agua contiene el material a congelar más riesgo de fracaso hay porque más complejo y agresivo ha de ser el tratamiento, que asimismo ha de particularizarse para cada especie determinada.

Para preparar las muestras vivas para su criopreservación el investigador empieza por utilizar unos compuestos orgánicos con propiedades anticongelantes, que sustituyen el agua del material vivo y lo vitrifican, en el sentido de que le dotan de una consistencia muy viscosa. Luego, estas muestras deshidratas, previamente envasadas en viales, se sumergen en nitrógeno líquido. La brusquedad del enfriamiento y el anticongelante evitan que se formen microcistales de hielo que rasgarían los elementos estructurales de las células y provocarían su muerte. Las yemas también aceptan muy bien este proceso siempre que se conserven junto con un o dos milímetros de la parte terminal del tallo, donde está la estructura germinal.

El proceso inverso, según explica José Luis Casas, consistiría en descongelar, extraer el compuesto antigongelante y rehidratar las células; luego, en el laboratorio se procedería a su cultivo in vitro. Una vez generado un tallo en el tubo de ensayo se lleva a otro medio de cultivo donde pueda desarrollar unas incipientes raíces y, ya morfológicamente completo, puede pasar a cámaras de cultivo y luego a invernaderos o a la naturaleza.

Para el mantenimiento de los bidones donde se conservan el material vivo congelado basta con asegurarse de reponer el nitrógeno líquido que se pierde lentamente por evaporación para mantener el nivel adecuado que cubra las muestras. En cada uno de estos recipientes, del tamaño de un barril de cerveza, se pueden guardar hasta 15 o 20.000 muestras, y hay tanques mayores.

Señala José Luis Casas que la experiencia acumulada pone ya a la Universidad de Alicante en condiciones de diseñar y aplicar técnicas de criopreservación a la medida para especies vegetales determinadas, amenazadas de extinción o con alto valor ecológico. Uno de los objetivos que se está estudiando es crear en Torretes-Font Roja, la estación biológica de la UA en Ibi, un banco de especies autóctonas propias de aquella zona.