UNIVERSIDAD DE CÁDIZ

Este método puede aplicarse tanto en depuradoras como en estaciones de bombeo y supone una reducción de los costes de explotación comparado con los sistemas tradicionales físico-químicos

Miembros del grupo TEP-105 “Reactores biológicos y enzimáticos”, que dirige el profesor Domingo Cantero, catedrático de la Universidad de Cádiz, han desarrollado un innovador procedimiento para la inoculación de biofiltros percoladores industriales, sistema alternativo a los procesos físico-químicos utilizados hasta el momento.

Para entender este novedoso método es importante tener en cuenta que los olores desagradables que se desprenden de las depuradoras o estaciones de bombeo son tratados habitualmente con filtros de carbón activo o mediante torres de lavado con hipoclorito de sodio (ClONa) y sosa (NaOH). Dos sistemas
que “funcionan bastante bien pero que suponen un elevado coste de mantenimiento”; especialmente en el caso del carbón “tras su agotamiento, se genera un residuo que tiene que ser llevado al vertedero, siendo además su retirada un proceso muy insalubre”, como explica el investigador Martín Ramírez, responsable de Ingeniería de Konectia e integrante del grupo TEP-105.

“Nosotros apostamos por emplear un biofiltro percolador, se trata de un proceso biológico que consiste en una columna empaquetada con un relleno sintético, en nuestro caso de espuma de poliuretano” aclara. El aire contaminado pasa a través del relleno en sentido ascendente. A su vez, una corriente de agua cae en forma de lluvia sobre el material de relleno, de forma que los compuestos responsables de los malos olores pasan del aire al agua estando de esta forma disponibles para los microorganismos. Estos crecen sobre el relleno y emplean el sulfuro de hidrógeno (compuesto mayoritario responsable de los malos olores) como fuente de energía. El agua es recirculada de forma constante desde la base del equipo hasta la parte superior del biofiltro. De esta forma, “se logra limpiar la corriente de aire mediante un proceso biológico que únicamente consume pequeñas cantidad de sosa para controlar el pH del agua”, como cuenta el doctor Ramírez. A través de este proceso, el porcentaje de eliminación es bastante alto, de hecho “ronda el 98 o 99%”, sin olvidar que “se ha producido una reducción de los costes muy importante”.

No obstante, la patente de la Universidad de Cádiz se centra en la mejora del procedimiento de inoculación que se usa en los sistemas de biofiltración. La novedad introducida reside en que “nosotros trabajamos con dos cepas puras, que hemos preseleccionado, de forma que hacemos un cultivo mixto con los dos microorganismos y logramos que el arranque de todo el sistema, que generalmente es muy lento, sea prácticamente inmediato”. Entre 24 a 48 horas tienen ya unos altos porcentajes de eliminación, comentan desde la UCA.

Esta línea de trabajo comenzó a ser desarrollada a partir del año 2003 por el grupo de investigación TEP-105, una labor que ha llevado a sus miembros a la creación de la spin off de la UCA: Konectia; que en la actualidad posee la licencia de explotación de esta patente.

En cuanto a su aplicabilidad, “la viabilidad de este procedimiento de inoculación en biofiltros se comprobó en una estación de bombeo de la localidad de Rota, donde fue modificado un filtro de carbón activado a una biofiltro percolador, que funcionó a la perfección”, como señala Martín Ramírez. Un proyecto al que le siguió el montaje de un biofiltro percolador con estas características en la depuradora de San Fernando.

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