UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

La Fungal Biology publica una investigación de un equipo de la Facultad de Químicas

El número de mayo de la revista científica Fungal Biology ha publicado una investigación realizada por un equipo de la Facultad de Químicas de la UPV/EHU y que demuestra que las esporas de los emiten compuestos volátiles con los que regulan su propia germinación.

El equipo de investigación ha estado dirigido por Unai Ugalde, profesor de la UPV/EHU, y ha contado entre sus integrantes con Aitor Garzia y Shandra Cordobés, ambos de la Facultad de Químicas de la UPV/EHU, y Erica Herrero-García y Eduardo A. Espeso, del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC).

Según se detalla en el estudio, todos los hongos emiten una combinación de sustancias con características propias; es decir, cada una tiene su propia huella volátil, aunque muchas de esas sustancias son comunes en todos los hongos. Esta investigación se ha centrado, en concreto, en el análisis del comportamiento y de la evolución del alcohol 1-octen-3-ol, que es el principal compuesto por cuyo olor reconocemos a los hongos. En el estudio, que se ha realizado sobre el hongo Aspergillus nidulans, se ha observado que las esporas de esta especie despiden 1-octen-3-ol, el cual inhibe la germinación de las propias esporas cuando se acumula en el ambiente.

“Podría decirse que la función de este alcohol es informar sobre la acumulación de esporas en un espacio concreto. En los entornos en los que hay demasiadas esporas la acumulación del volátil impide que compitan entre sí, por lo que mayor es la inconveniencia para germinar. Sin embargo, cuando por razones diversas las esporas se dispersan, el volátil desaparece y las esporas germinan”, señala Unai Ugalde, director del equipo de investigación.

El equipo investigador describe este fenómeno como “el lenguaje químico de los hongos”. Un lenguaje que es fácilmente identificable por medio del olfato. “Cuando paseamos por distintos entornos naturales, solemos detectar aromas que nos retratan a cada ambiente. Por ejemplo, el olor de algas en marea baja, el yodo y el olor a ostras los asociamos con la costa, mientras que el bosque emite aromas que podríamos denominar como térreos, musgosos o vegetales. El olor a hongos es característico de las hojas húmedas y entornos recogidos en los que a menudo se pueden encontrar setas y champiñones. Pues, todas estas fragancias tienen un propósito que es la de regular la germinación”, asegura Ugalde.

El director del equipo de investigación indica que este descubrimiento va a cambiar la perspectiva que se tiene sobre la función de los volátiles fúngicos en el entorno natural. “La próxima vez que nos acerquemos al bosque y detectemos el olor a hongos, sabremos que lo que olemos es parte de una conversación de la naturaleza”, afirma Ugalde.

Enlace de la publicación:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1878614611000262