UNIVERSIDAD DE ALICANTE

La provincia de Alicante y, en especial, la Vega Baja, son las zonas de la con mayor peligrosidad sísmica, según un detallado mapa fruto de un trabajo de investigación realizado recientemente por la Universidad de Alicante para el plan especial ante el riesgo sísmico de la Comunidad. Este mapa pone de manifiesto que esa peligrosidad aumenta en este territorio de norte a sur, aunque de forma no regular.

La investigación, denominada Estudio de Peligrosidad Sísmica de la Comunidad Valenciana, fue por José Juan Giner Caturla, profesor de Ciencias de la Tierra y director de la Red Sísmica de la UA y el Consorcio de Bomberos de la Diputación. Para la realización de este estudio se han conjuntado tanto los datos históricos de desde 1396 con una clasificación de todo el territorio de la Comunidad Valenciana según las características del terreno.

El estudio se ha hecho sobre una escala de “intensidad” del movimiento sísmico, distinta de la “magnitud”, que es la que habitualmente se suele emplear. La escala de intensidad es subjetiva, es decir, valora los efectos del terremoto y la forma en que es percibido por la gente: por ejemplo, cuantas personas sienten la sacudida, si los objetos se mueven o si se producen daños en los edificios. Explica José Juan Giner que la razón estriba en que los datos de magnitud son relativamente recientes, procedentes de registros instrumentales desde que se empezaron a instalar equipos, y por ello no son comparables con los obtenidos de fuentes documentales históricas, que sólo ofrecen información sobre los efectos observados, es decir, la intensidad. Se ha empleado la escala de intensidad europea, que va del grado I al XII. Se han recogido terremotos desde hace más de 600 años de grado VI, el primero a partir del cual se producen daños ligeros en edificios vulnerables, y superiores; en cambio, en la escala de magnitud (no de intensidad) el grado 6 representaría importantes destrucciones.

En la Comunidad Valenciana el seísmo más antiguo documentado fue el ocurrido en Orihuela en 1048, y del que se tiene constancia gracias a la traducción de testimonios árabes realizada por el también profesor de la UA Mikel de Epalza. Sin embargo el proyecto se inicia con el terremoto de Taberna de Valldigna de 1396 porque es a partir de entonces cuando el catálogo utilizado de estos episodios es homogéneo. Las fuentes que se usaron para confeccionar este catálogo van desde archivos municipales a los de las parroquias, correspondencia entre particulares, etc.

Para realizar el estudio no sólo se ha tenido en cuenta el territorio de la comunidad Valenciana, sino también el de las regiones limítrofes a una distancia de 100 kilómetros y mayor. Pone José Juan Giner como ejemplo que un terremoto en Murcia de intensidad IX puede se percibido perfectamente en Torrevieja como de intensidad VII.

En total el proyecto recoge los datos de 115 movimientos sísmicos de niveles VI al X, correspondiente éste al conocido como terremoto de Torrevieja en 1829, aunque, en realidad la localidad más afectada fue Almoradí con casi 200 muertos. Esta población, recuerda José Juan Giner, aprendió tanto de esta tragedia que tras su reconstrucción llegó a ser calificada muchos años años más tarde como la mejor urbanizada para hacer frente a un seísmo, con calles anchas y edificios bajos de altura uniforme.

Para elaborar el mapa de peligrosidad sísmica se han combinado dos mapas: el de las intensidades promedio esperadas con el de las características del terreno según su forma de reaccionar a las vibraciones del terremoto.

En el mapa de las intensidades esperadas se ha tenido en cuenta un “periodo de retorno” de 500 años, es decir, la probabilidad estadística de que un terremoto de grado VI o superior se produzca en un periodo de 500 años en cada punto del territorio.

Por su parte, el mapa de características del terreno lo clasifica en cuatro categorías según su capacidad para reaccionar y transmitir las ondas sísmicas, la mayor de las cuales duplica a la menor. Este mapa de “efecto de sitio” se ha elaborado dividiendo el terreno en cuadrículas de 500 por 500 metros, también no sólo de la Comunidad Valenciana sino de su entorno regional. El denominado “efecto de sitio” se conoce desde que un terremoto en México evidenció que había zonas que sufrían más la intensidad del terremoto a pesar de estar estar más alejadas de su epicentro por las características del terreno según el tipo de piedras que lo forman.

La combinación de ambos mapas refleja el índice de peligrosidad de la Comunidad Valenciana. El él se comprueba que los más altos valores de peligrosidad para un periodo de 500 años se dan al sur de la provincia de Alicante, mientras que disminuye hasta ser prácticamente inexistente hacia la mitad de la provincia de Valencia, con una sola interrupción más o menos hacia el centro de los límites entre las provincias de Alicante y Valencia, donde hay una zona de aumento de peligrosidad.