Los resultados de la última de “A Debate” (una sección de la Web de la Asociación Europea de , Aeade, en la que se plantea una pregunta cada quince días), ya están disponibles. La cuestión era “¿Cree que la confidencialidad puede ser decisiva a la hora de incorporar el arbitraje a un contrato?“. Un 59% de los participantes considera que no, frente a un 41% que opinan lo contrario.

La confidencialidad en el arbitraje institucional implica que tanto la Secretaría de la entidad, como el/los árbitro/s y las partes están obligados a no divulgar ningún dato que obtengan a través de las actuaciones arbitrales. Ni el procedimiento, ni el nombre de las partes, ni el laudo pueden ser comunicados a terceros sin el consentimiento de las partes, o a menos que su publicación sea preceptiva por imperativo legal.

La confidencialidad es apreciada sobre todo por grandes empresas que desean resolver sus controversias sin que la información trascienda demasiado.

Otras cualidades del arbitraje que tal vez tengan una mayor influencia cuando se trata de incluirlo en los contratos, son la rapidez, la reducción de costes, la autonomía de las partes y la flexibilidad del procedimiento, así como la neutralidad y la especialización de los árbitros.

Fuente: Aeade