UNIVERSITAT JAUME I

Las víctimas de una situación traumática, como un acto de , necesitan que se produzca una actividad narrativa en su entorno que dé un sentido válido a lo ocurrido, y se sienten marginadas cuando la sociedad no es capaz de pactar este sentido. Este ha sido uno de los ejemplos expuestos por Roberto Pereira, médico psiquiatra y director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar, durante su participación en el curso de verano de la Universitat Jaume I “La resiliencia: un cambio de mirada sobre las fortalezas humanas” celebrado hoy miércoles 6 de julio de 2011 en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales.

Pereira ha impartido conjuntamente con Ana Gómez, doctora en psicología clínica y directora del Instituto Portugués de Autonomía, la conferencia “La familia ¿factor de protección o de riesgo?”, pregunta a la que han respondido afirmando que puede ser las dos cosas e incluso, si los profesionales crean estrategias de intervención adecuadas, “podemos convertir un factor de riesgo en uno de protección”. En este sentido, a la hora de trabajar con unidades familiares Pereira ha destacado la importancia de “tratar de que se produzca una actividad narrativa que permita el trabajo de vinculación, de dar un sentido a la historia válido para todos los miembros de la familia”. Extrapolándolo a la sociedad, ha señalado que ante los muertos en las guerras “hay un ritual muy importante porque estamos compartiendo un sentido de lo ocurrido y para los familiares es muy importante sentir que la muerte tiene un cierto sentido. El trauma en el caso de Vietnam fue que los soldados al volver a su país se encontraron con que la sociedad pensaba que aquello no tenía sentido”.

Los ponentes han destacado la importancia fundamental de la mirada que devuelve a una persona su entorno. Ante una situación traumática para un niño, será decisiva la mirada que le devuelvan sus familiares, “la traumatización viene cuando la mirada que nos devuelve nuestro entorno nos culpabiliza, la reacción de la familia puede ser un factor de riesgo o de protección y de ello puede derivarse que algo sea un hecho traumático o se quede en un episodio desagradable”.

Por su parte, Ana Gómez ha hecho hincapié en la necesidad de centrarse, desde de un modelo de resiliencia relacional, “en lo que funciona bien en la familia en lugar de lo que no funciona, actuar desde la valoración de las competencias es algo fácil de decir pero muy difícil de practicar”. Asimismo, la psicóloga insta a tener presente que “el verbo ser es muy diferente del verbo hacer, las personas no son malas, hacen cosas malas”, una cuestión que hay que tener en cuenta, por ejemplo, con los niños, “aunque crear expectativas muy altas, de que un niño sea siempre muy bueno también es peligroso”. No obstante, Pereira ha concluido señalando que los profesionales no pueden pedir a los padres y madres que tengan conocimientos técnicos, “sí podemos pedirles que transmitan afecto”.

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