UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

El director de la Escoleta de Hipoterapia ‘Els Aurons-Castelló’, Juan Vives Villaroig, ha asegurado que la puede contribuir a mejorar la calidad de vida de los niños autistas

El director de la Escoleta de Hipoterapia ‘Els Aurons-Castelló’, Juan Vives Villaroig, ha asegurado que, aunque el autismo no se cura, con un buen programa terapéutico se puede contribuir a que estas personas tengan mejor calidad de vida y mejoren sus relaciones sociales: “Los no enjuician, nos aceptan tal y como somos y nos hacen ver, a través del vínculo afectivo con ellos, el amor a la vida como uno de los sentimientos más poderosos”.

Villaroig ha realizado estas declaraciones durante el transcurso del seminario “Terapias ecuestres: Aplicación a casos prácticos”, que organiza el y en el que ha impartido la conferencia “Intervención terapéutica asistida con caballos en niños con especto autista”.

El logopeda ha afirmado que 1 de cada 100 niños son autistas y es una enfermedad que prevalece más en hombres que en mujeres. Es un trastorno generalizado del desarrollo, que se manifiesta antes de los tres años, y afecta a la cognición, las relaciones sociales y el lenguaje. Los niños autistas sufren una manifiesta incapacidad de establecer contactos con personas, tienen problemas de comunicación (retraso o imposibilidad de desarrollo del lenguaje) y necesitan mantener el ambiente estructurado, debido a su rigidez mental.

“Aunque tienen problemas de conectar emocionalmente con los demás, son afectivos y necesitan cariño. No son capaces de ponerse en el lugar del otro y tampoco de pensar sobre sí mismos”, atestigua. Asimismo, el 75 por ciento de las personas con autismo presentan retraso mental asociado y tienen una alta posibilidad de sufrir cuadros epilépticos durante la adolescencia.

A su entender, algunas de las cosas que sorprenden a los padres de niños autistas sobre sus hijos son la apariencia de estar ausentes; no tienen interés por los objetos; son muy selectivos, sobre todo con la comida; parecen sordos; o son muy pasivos o hiperactivos y, sobre todo, un rasgo muy evidente es que padecen estereotipias, que consiste en la repetición constante de un movimiento que aparentemente no tiene ninguna finalidad, como los balanceos o los aleteos.

Además, estos niños pueden tener problemas conductuales, manifestándose en forma de rabietas, agresiones al entorno y personas o autolesiones, algo que hay que trabajar. Es recomendable subir al niño al caballo cuando esté emocionalmente tranquilo, no alterado, porque de lo contrario puede llegar a pensar que cada vez que quiera montar a caballo tiene que presentar conductas alteradas, sostiene Villaroig.
Por último, cree que “el uso de los caballos y la Naturaleza va más allá de su mera utilización funcional, ya que el caballo es un ser vivo con alma al que no sólo utilizamos para las terapias ecuestres. Ellos ofrecen algo más que la mecánica del movimiento. Además, aporta un elemento imprescindible para el aprendizaje, la motivación, beneficios que nos reporta el movimiento rítmico tridimensional del caballo al paso”, finaliza el logopeda.

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