El Té chino del Doctor Ming es uno de esos productos que cualquier latinoamericano que tenga televisor, debe conocer. Y no digo hispanohablante porque un pequeño sondeo por Twitter me aclaró que no se promociona en el país europeo.

Tomar todos y cada uno de los productos pseudocientíficos que prometen adelgazar, darnos energía y/o equilibrarnos de una forma casi mágica sería demasiado arduo, y hasta aburrido. Empezando por decir que “natural” no significa obligatoriamente que sea bueno (el veneno de cobra también es natural); que una fórmula que contiene Aloe Vera no puede ser milenaria de China, porque esta planta fue introducida en aquél país en el siglo XVII (y que el hecho de que algo sea milenario no implica necesariamente que sea bueno: los sacrificios humanos también son milenarios).

Pero el Té chino del Doctor Ming es un fraude cuyas mentiras trascienden todas estas barreras, y alcanzan hasta el diseño de la caja y el nombre mismo. Se preguntarán por qué el “Doctor Ming” aparece como un prócer en un billete japonés.

El artículo completo está en el blog del Círculo Escéptico ArgentinoTé chino del Doctor Ming: ni doctor, ni chino, ni adelgaza.

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