En la primera entrada de El del Emperador, ya explicamos en qué consiste el arbitraje: se trata de un mecanismo eficaz alternativo a la ordinaria, que permite la solución de controversias entre dos o más partes y en el que un tercero (un experto independiente e imparcial), denominado árbitro, resuelve la controversia dictando un laudo (sentencia) de obligado cumplimiento.

Sin embargo, existen varios conceptos que es necesario conocer bien si lo que queremos es tener una visión completa y fiel de lo que es el arbitraje y de cómo funciona.

Uno de ellos ya lo hemos mencionado: el laudo.

¿Qué es el laudo?

“Laudo” es la denominación de la resolución que dicta un árbitro y que sirve para dirimir y poner fin a un conflicto entre dos o más partes.

El equivalente al laudo en el orden jurisdiccional es la sentencia, que es la que dicta un . La diferencia estriba en que, mientras que la jurisdicción del viene marcada por la ley, la jurisdicción del árbitro viene dictada por la autonomía de la voluntad. Por lo tanto, el arbitraje debe ser aceptado por ambas partes (ya sea de forma previa, a través de un contrato, o posteriormente, cuando ya ha surgido el conflicto) como forma de resolver el litigio.

Para la ejecución del laudo arbitral, es necesario el apoyo jurisdiccional del Juzgado del lugar del arbitraje. Es decir, se debe acudir a un juez, que es quien tiene la potestad para ordenarlo y, en su caso, forzar su cumplimiento. En todo caso, los jueces que conocen de la ejecución forzosa de los laudos no pueden entrar a valorar el fondo de la controversia, sino limitarse a despachar ejecución y hacer cumplir lo dispuesto por el árbitro.

Diferentes tipos de laudo

  • Parciales: resuelven temas de competencia, validez del laudo arbitral, medidas cautelares en incidentes que surjan durante el desarrollo del procedimiento.
  • Totales: resuelven el fondo de la controversia.
  • Laudos por acuerdo de las partes.