Cualquier contrato, sea del tipo que sea, puede llevar un convenio arbitral. Lo primordial es que ambas partes estén de acuerdo.

El objetivo de incorporar una cláusula es que el procedimiento gane en rapidez, eficacia y se ahorren costes. Es importante, por otra parte, tener bien definidas las condiciones de sometimiento al . Por ejemplo, citar a la entidad que se hará cargo de administrarlo, en el caso de un institucional, o si será ad hoc, etcétera.

A una cláusula que no están bien especificada se la denomina “”. Suelen ser ambiguas, con ciertos errores o vicios y, por lo general, no delimitan el alcance del propio procedimiento. Las cláusulas patológicas constituyen un verdadero problema. Ya de entrada, hay que designar quién va a conocer del asunto, lo que supone una demora accesoria e innecesaria.

Por lo tanto, si queremos evitar este tipo de problemática en un futuro, lo mas importante es redactar una cláusula que deje bien definida la sede o árbitro que conocerá del asunto, el tipo de arbitraje al que nos sometemos, ya sea derecho o equidad, el idioma y el lugar de arbitraje.

La Asociación Europea de Arbitraje, como institución arbitral, propone la siguiente:

“Toda controversia derivada de este contrato o convenio o que guarde relación con él -incluida cualquier cuestión relativa a su existencia, validez, terminación, interpretación o ejecución- será resuelta definitivamente mediante arbitraje [de Derecho/equidad], administrado por la Asociación Europea de Arbitraje de Madrid (Aeade), de conformidad con su Reglamento de Arbitraje vigente a la fecha de presentación de la solicitud de arbitraje. El Tribunal Arbitral que se designe a tal efecto estará compuesto  por [tres/un único] árbitro[s] y el idioma del arbitraje será el [español/otro]. La sede del arbitraje será [ciudad + país]…”.