UNIVERSITAT DE VALENCIA

Más de un centenar de obras descubren en el la producción íntima e inédita del artista

La ocupa tres salas del edificio. Estructurada en cuatro secciones, reúne cuadros, esculturas, dibujos, video instalaciones e incluso un bodegón cubista tridimensional de proporciones arquitectónicas que puede ser recorrido por el público.

La muestra recoge una producción artística muy variada, procedente de momentos históricos diversos que van desde el clima sórdido de la España predemocrática hasta la actualidad.

Asociada a la decisión de trabajar al margen del mercado, la obra de Ballester brota directamente de la experiencia poética interior, moldeada por los presupuestos estéticos e ideológicos del propio artista.

El vicerrector de Cultura, Igualdad y Planificación, , ha destacado que se trata “de una exposición extraordinaria que ocupa tres salas, de una personalidad artística como Jorge Ballester, quien los últimos 35 años no ha expuesto”. “Por eso -dice Ariño- es una oportunidad de que la sociedad valenciana pueda acceder a su obra obra”. “Esta exposición es una muestra de su pasión por el arte”, ha recordado el vicerrector.

Uno de los ejes fundamentales de la programación del Centre Cultural la Nau de la Universitat de València es servir de plataforma para presentar y difundir propuestas artísticas significativas vinculadas a los autores y creadores valencianos. Las exposiciones temporales organizadas por la Universitat de València de los últimos años evidencian claramente esta línea de gestión cultural.

En este contexto, la Universitat de València inicia la programación de exposiciones de este curso con la exposición «Ucronías, autopsias, vendette. Jorge Ballester, memoria y prospectiva», una exposición muy ambiciosa que se estructura a lo largo de tres salas del edificio histórico de la Universitat y en la que se exponen los trabajos del artista Jorge Ballester (Valencia, 1941), fundador del Equipo Realidad, que no ha expuesto en Valencia en los últimos 35 años. Esta muestra permite conocer la obra de Jorge Ballester y supone su primera aparición individual como artista tras 50 años de trayectoria. La exposición se inaugurará al público hoy, día 20 de septiembre, a las 20 horas y podrá visitarse hasta el próximo día 4 de diciembre.

Comisariada por Jaime Brihuega y Joan Dolç, la exposición «Ucronías, autopsias, vendette. Jorge Ballester, memoria y prospectiva», organizada por la Universitat de València, pretende mostrar una amplia selección de obras producidas desde finales de los setenta hasta la actualidad, con el objeto de “corregir una situación de intencionado eclipse” y que el público pueda conocer la singular trayectoria vital y los trabajos plásticos de Jorge Ballester.

Esta exposición reúne un centenar de pinturas, dibujos, bocetos, esculturas e instalaciones en tres espacios expositivos de La Nau: Sala Estudi General, Sala Martínez Guerricabeitia y Sala Thesaurus y su relato argumental se articula en cuatro secciones: «Postrimerías de la realidad. Los años de plomo», «Ucronías cubistas», «Carnés de identidad» y «Queridos monstruos», además de tres videoinstalaciones y un documental en el que se entrevista al artista, realizados por Joan Dolç. Las obras expuestas permiten aprehender los ideales de compromiso político, social que subyacen en la obra de Ballester, así como su interés por la reflexión histórica.

Tanto Brihuega como Dolç coinciden en afirmar la importancia de Jorge Ballester en la escena artística española desde los años sesenta a los principios de los ochenta, un periodo en el que sus obras, englobadas en el estilo pop art, mostraron la vertiente más comprometida en lo político y en lo social a través del Equipo Realidad. Tras este fructífero episodio en la historia del arte contemporáneo, Ballester desapareció de la escena artística. Pero no así del quehacer plástico, como corroboran ambos comisarios y la obra que ahora se expone. Sus trabajos ven la luz ahora tras 35 años en la sombra.

Para Brihuega esta exposición “es una propuesta ideológica del artista, instalada entre aquello que podría ser el arte y lo que verdaderamente es”, porque según explica, “con su decisión de trabajar al margen del mercado ha salvado su obra de los condicionantes de éste, habitualmente dedicado a aportar atributos de diferenciación social a los nuevos ricos que la ingeniería financiera está produciendo”. En este sentido, Dolç añade que “a lo largo de más de treinta años Jorge Ballester ha evitado cosificarse en tanto que artista y su personalidad no se ha retroalimentado de la respuesta de la sociedad -léase el capital, sus portavoces y los medios que le sirven-. Y es eso, precisamente, lo que le ha permitido mantenerse vivo como artista, escapar de la aberrante lógica del espectáculo. Renunció al mercado y el mercado ya no lo espera, está ocupado en otras cosas”.

“Tras muchas dudas” -confiesa el propio artista Jorge Ballester- “y mucho rumiar el proyecto, la decisión de llevar a cabo esta exposición ha sido lo correcta y tengo en esto mucho que agradecer a la Universitat de València, a mis amigos, los dos comisarios, y al realizador del catálogo, Gonzalo Mora”. Ballester señala que “siempre le ha gustado pintar, pero no la profesión de pintor, por lo que entraña de relación social”. Ahora, tras 35 años sin exponer, su obra artística sale del terreno más íntimo para mostrarse en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València: “En realidad no tenía sentido decir lo que piensas a través del arte y esconderlo. Soy consciente que estaba aquí por algo y es el momento de mostrarlo”.

Sobre Jorge Ballester. Nacido en Valencia en 1941 a los cinco años emigró a México como otros exiliados republicanos. Acompañado de sus padres y su hermano, se reencontró con sus tíos Manuela Ballester y Josep Renau en México, pero su exilio no supuso una erosión, una pérdida o una tragedia personal sino que el contexto familiar propició que conociera y se impregnara de destacados miembros del exilio intelectual republicano, entre los que, por citar algunos, estaban Buñuel, León Felipe, Juan Rejano, Pedro Garfias, Max Aub o Ramón José Sender. A lo largo de su vida, además de en Valencia, Jorge Ballester ha residido en otras ciudades como Ciudad de México, Roma y Los Ángeles que han influido en su discurso artístico. Fundador del Equipo Realidad en 1966 junto con el pintor con quien compartió este proyecto durante más de una década, decidió proseguirlo tras la marcha de éste, con el fotógrafo Enrique Carrazoni y luego en solitario. Tras la disolución en los ochenta del Equipo Realidad, Ballester sigue pintando pero en la intimidad y no expone (como mucho presta alguna obra para alguna exposición colectiva). Profesionalmente se decanta por el diseño gráfico y el diseño en arquitectura. En este campo realizó el “diseño”, a la manera de Félix Candela, de los dos edificios principales del Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, un proyecto ejecutado por este arquitecto español en el exilio que no llegó a ver culminado por su fallecimiento.

La exposición se estructura en cuatro partes:

Postrimerías de la realidad. Los años de plomo. Sala Estudi General.

En 1976, Joan Cardells abandona Equipo Realidad. Durante los dos años siguientes, Jorge Ballester todavía continuará trabajando bajo la misma rúbrica. Primero con Carrazoni y, finalmente, en solitario. De este periodo proceden una serie de obras, prácticamente desconocidas, que cierran el ciclo de aquella relevante presencia en la historia del arte español de la segunda mitad del siglo XX.

Una selección de estas piezas conforma el prolegómeno de la presente exposición. Suponen el nexo entre el último Jorge Ballester asentado en la memoria colectiva, testigo implacable de los años de plomo, y el que ahora renace de sus cenizas, dispuesto a rediseñar, tanto el no-haber-sido como el poder-ser. Son obras gestadas en el ambiente de una sórdida España predemocrática. Se trata de obras gobernadas por el confuso ritmo de aquellos acontecimientos his­tóricos que, día a día, iban perfilando el tortuoso itinerario del periodo que conocemos como la Transición.

Ucronías cubistas. Sala Estudi General.

En este bloque y a través de bocetos, dibujos, cuadros, esculturas y un espacio monumental, compuesto por una botella, un vaso y una fruta gigante de color blanco, Ballester reflexiona visualmente más allá de los límites que el propio Cubismo se impuso a sí mismo. En el bodegón tridimensional de proporciones habitables, el público puede pasear y modificar la visión del espacio cubista en función de la acción claroscurista de la luz y del punto de vista de quien lo contemple En esta sección, Ballester reflexiona visualmente más allá de los límites que el propio cubismo se impuso a sí mismo y aborda una revisión de la experiencia cubista en términos de ucronía propiamente. Unas veces, Ballester disuelve conscientemente la frontera entre la pintu­ra y el diseño gráfico, que el propio Cubismo había jugado a debilitar o a trans­formar.

Carnés de Identidad. Sala Thesaurus.

Cuando le preguntan a Jorge Ballester por su profesión, suele contestar que es “hartista”. Lo que equivale a manifestar su hartazgo con respecto a un buen número de cosas, muchas de ellas propias de la esfera del arte, que parece seguir funcionando como si todo estuviera bien en el mejor de los mundos. Pero tal ironía no deja de ser sino la exhibición de un conceptual carné de identidad. Asunto, este de la identidad, que le preocupa especialmente, como lo demuestra la galería de protagonistas de la aventura estética contemporánea que se reúne en este ámbito. Se trata de verdaderos retratos-prospectivos de personajes como Picabia, Marat, Paulina Bonaparte, Savinio, Beckmann, Pittaluga, Salmon… a los que somete a metamorfosis, suplantaciones y otros ejercicios, a través de los que muestran un trasfondo no siempre visible. Ballester también aborda personajes anónimos y su propio autorretrato.

Queridos monstruos. Sala Thesaurus y Martínez Guerricabeitia.

Este último apartado de la exposición propone un ámbito más íntimo, en el que se mostraría una de las mitologías personales de Ballester. Para esta ocasión se ha elegido el peculiar ambiente que gira en torno a la lucha libre mexicana. Con sus máscaras y atuendos chillones y estrafalarios, travestidos en personajes de un cómic de cartón piedra o de un kabuki sudorosamente cutre, aunque vulnerablemente humanos, los personajes de este inframundo contrastan con otras caricaturas mediáticas del mundo del espectáculo de la lucha.

Otras fotografías de la exposicón en el siguiente enlace: http://www.uv.es/ruizb/ballester.zip