UNIVERSIDAD DE NAVARRA

El Gran Canciller, Mons. Javier Echevarría, aboga por un diálogo interdisciplinar imprescindible para una investigación innovadora

La Universidad de Navarra ha celebrado  el acto de investidura como de tres personalidades. Se trata del cardenal húngaro , arzobispo de Budapest y presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa; el catedrático de Derecho de la Universidad de Nueva York ; y el pintor , que no pudo estar presente en el acto por un problema de salud.

Más de 450 personas, entre autoridades y académicos, asistieron al evento celebrado en el Aula Magna y presidido por el Gran Canciller, Mons. Javier Echevarría. Asimismo, otras 370 personas vieron el acto desde diferentes estancias del edificio Central.

El prelado del Opus Dei destacó que los tres nuevos doctores, cada uno desde su especialidad, comparten “una honda vinculación” a la institución universitaria. “Su acendrada personalidad -dijo- ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la tarea de formación de las personalidades jóvenes y sobre el empeño por ampliar las fronteras del conocimiento, mediante la investigación científica”.

Sobre Antonio López, uno de los máximos representantes del realismo contemporáneo en España y considerado el padre de la escuela hiperrealista madrileña, indicó que “su obra se caracteriza por un agudo sentido investigador de la realidad, actitud que le sitúa también en condiciones de reconocer la huella de Dios en las criaturas”.

Del cardenal Péter Erdö, segundo miembro más joven del Colegio Cardenalicio, afirmó que “es una clara muestra de apertura de la mente al conocimiento de la realidad, en sus aspectos más dispares”. Asimismo, destacó su honda formación como canonista y teólogo y su trayectoria estrechamente ligada a la vida académica. “Ha sido, y es, un gran cultor de la historia, gran maestra de la vida”.

Por último, se refirió al profesor como uno de los mayores expertos en el derecho de la Unión Europea y un gran académico. “Con el máximo nivel docente, es en la actualidad profesor de la Universidad de Nueva York, además de miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, y son numerosas y profundas sus publicaciones”.

La búsqueda de conocimiento

Tras la presentación de los padrinos y la concesión de los títulos de honoris causa, cada doctor pronunció su discurso. En el caso de Antonio López, distinguido con el doctor honoris causa por la Escuela de Arquitectura, se proyectó un video grabado con motivo del acto y Juan José Aquerreta, artista con el que imparte el Taller de Pintura de la Universidad de Navarra, leyó su discurso.

En él, se refirió a la búsqueda del conocimiento, que consideró común entre su tarea como artista y la labor de la Universidad: “Ha sido en la vida del hombre una aspiración constante y noble, y parece que se ha superpuesto a todas las vicisitudes y dificultades de la vida. La bondad, la belleza, la inteligencia, la salud, esos ‘dones mayores’ los concede Dios en una medida y apariencia desigual que nunca podremos comprender. Pero sorprende y emociona la voluntad de muchas personas por mejorar a través del conocimiento”.

Con respecto al aprendizaje en la pintura, indicó que “se va haciendo de una forma más turbulenta y oscura y, en una proporción a veces desestabilizadora y destructiva”. “Para mí, haya acertado o no en mi trabajo -recalcó-, ese lugar inestable siempre me ha gustado, porque lo siento en armonía con la impresión que me produce la vida. En este espacio he encontrado medios de supervivencia, personas que me han acompañado y que me han hecho mejor, y una forma de trabajar que me ha relacionado bien con el mundo”.

Inmaculada Jiménez, profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra y madrina de Antonio López, destacó que, si bien el artista no es arquitecto de formación, la Escuela ha querido concederle su primer porque ha enseñado a los profesionales de esta disciplina “a ver la ciudad de una especial manera”. Según expresó, con esta distinción la Universidad quiere reconocer “la personalidad profundamente universitaria de Antonio López, un hombre que según él mismo confiesa dedica su trabajo al conocimiento de la verdad de las cosas”.

Un canonista singularmente completo

Tras recibir el doctorado honoris causa por la Facultad de Derecho Canónico, Mons. Péter Erdö (Budapest, 1952) pronunció un discurso titulado ‘El principio del Primado y su formulación técnica en el Derecho Canónico’, en el que realizó un recorrido sobre las expresiones canónicas del primado. Afirmó que “se trata de un elemento constante y fundamental de la Constitución de la Iglesia, cuya actualidad jurídica no queda disminuida en modo alguno como consecuencia del Concilio Vaticano II”. Asimismo, concretó algunos ejemplos recientes de su desarrollo, que se suman a otros que se han dado anteriormente a lo largo de la historia.

El padrino del nuevo doctor, el profesor de la Facultad de Derecho Canónico Eduardo Molano, repasó su biografía y destacó que a pesar de ser uno de los cardenales más jóvenes del actual Colegio Cardenalicio, “cuenta ya con un largo historial de servicio a la Iglesia, en el que su excelente preparación teológica y jurídica ha contribuido a convertirlo en un gran pastor y hombre de gobierno”, destacó.

El profesor Molano enfatizó las aportaciones del Cardenal al Derecho Canónico: “Se trata de un canonista singularmente completo y llama poderosamente la atención que su producción jurídica abarca todos los campos”.

Relación entre Derecho y Santidad

Por su parte, el catedrático de la Universidad de Nueva York Joseph Weiler, que recibió el doctorado honoris causa por la Facultad de Derecho, se refirió en su intervención a la relación entre Derecho y santidad. Según el experto, “todos consideramos que el Estado de Derecho en su sentido más amplio, el denominado rule of law, es un elemento constitutivo de nuestro paradigma de valores democráticos. Sin embargo, difícilmente vemos en él un valor espiritual y nos resulta difícil entender cómo puede engarzarse e incluso integrarse en la idea de santidad”.

“El proyecto de santidad es omnicomprensivo, cubre todas las esferas de la vida. La santidad toca a la familia, la santidad se halla en los ritmos de trabajo, la santidad afecta a la fidelidad religiosa, la santidad está en los ritos, la santidad está en la caridad en la vida cotidiana…”.

Joseph Weiler fue elogiado por su padrino el profesor Rafael Domingo, que repasó su prestigiosa carrera profesional caracterizada por su “espíritu itinerante y cosmopolita”. “Es una ‘síntesis viviente’, totalmente genuina y atípica, de tradición judía, scholarship británica, genio italiano e innovación norteamericana, puesta al servicio de la universidad en su sentido más genuino de comunidad de saberes”. Según agregó, “su constitucionalismo supranacional ha jugado un papel determinante en el proceso de integración de la Unión Europea” y afirmó que “ha sabido trascender la ciencia del Derecho, para convertirse en un verdadero teólogo de la justicia”.

Responder a los retos de la sociedad avivando la esperanza

En su discurso, el Gran Canciller de la Universidad de Navarra, Mons. Javier Echevarría, aseguró que el momento actual se presenta “grávido de desafíos”. “La comunidad académica no ha de replegarse sobre sí misma: sería una irresponsabilidad grave. Ha de responder, en cambio, a los diversos retos que se le presentan, avivando los motivos de esperanza”.

Según dijo, sólo el acercamiento sapiencial a la naturaleza, a la sociedad y a la persona, a la verdad de su origen y de su destino, puede ofrecer una sólida base para la educación de las nuevas generaciones. “Respetando cuidadosamente la libertad de los estudiantes, los profesores han de entrar en diálogo personal con los alumnos, y también entre ellos, para ampliar horizontes culturales y orientarse hacia la superación de tantas perplejidades morales como se alzan ante su mirada, en un entorno social que se halla en trance de perder toda sustancia ética”.

Tal y como manifestó en su discurso, “lejos de ofrecerles un refugio protector, reductivo, la universidad ha de contribuir a templar el ánimo de los jóvenes, para que se lancen con valentía a revitalizar una sociedad más libre, creativa y solidaria: más cristiana”.

Mons. Javier Echevarría insistió en que en lugar de rendirse a exigencias meramente pragmáticas, “la universidad debe reorientarse constantemente hacia la búsqueda de la verdad, camino que va acompañado por el amor al bien y por el gozo de la belleza”. Y apostó por una concepción del mundo que no tienda a dispersarse en especialidades cada vez más angostas o aisladas: “Frente a esa dinámica centrífuga, que conduce a la disgregación, se advierte hoy nuevamente que el diálogo interdisciplinar es imprescindible para una investigación innovadora”.

Además de la interdisciplinariedad en el plano científico, reclamó para el ámbito personal de la universidad “un ambiente caracterizado por la apertura a lo universal, presente en las corporaciones académicas desde su mismo origen histórico”. Y por último, reivindicó la necesidad de que la educación universitaria “se forje sobre una visión amplia y profunda del ser humano, con la aportación de las diversas ciencias, con especial énfasis en los saberes humanísticos”.