UNIVERSIDAD DE

La Universidad de Deusto ha coeditado con el Consejo Superior de Investigaciones Cienctíficas-: , un trabajo que forma parte de una trilogía cuya elaboración ha llevado más de ocho años y tiene sus orígenes en una publicación de 2005, Los jardines en la Antigüedad. La curiosidad de los autores, Santiago Segura y Javier Torres Ripa, por los usos y las utilidades de las plantas en los primeros tiempos les dirigían reiteradamente a la Biblia, ya que el hombre siempre ha utilizado la vegetación que le rodea para facilitar su existencia y progresar. En sus obras anteriores, tanto la de 2005 como Historia de las plantas en el mundo antiguo, estudiaron las referencias a las plantas en textos clásicos como la Odisea y la Iliada. Sin embargo, para este último se han basado exclusivamente en la Biblia.

Las plantas en la Biblia explora las referencias a las plantas en textos bíblicos en mayor profundidad que los anteriores libros. Es un texto acerca de los orígenes de los jardines, la interpretación de los paisajes en los textos bíblicos y las propiedades tanto culinarias como curativas de estas plantas, protagonistas, de la vida cotidiana de aquellos tiempos. El conjunto se compone de una breve introducción al Pueblo hebreo y luego se centra en las plantas, arbustos y árboles citados en la Biblia.

Los primeros dos capítulos se dedican a los árboles silvestres como el abeto, el ciprés, el olmo y el sauce, entre otros. En cuanto a los árboles frutales el libro ofrece descripciones muy detalladas de la vid y el olivo por su importancia simbólica. Otras especies tenían un gran valor comercial entre las que cabe destacar: el almendro, el manzano, el granado y la palmera.

A continuación, el libro se detiene en los arbustos y las plantas acuáticas como la adelfa, el junco, el mirto y el papiro. Luego dedica un capítulo a los cereales, las hortalizas y las plantas de cultivo. El trigo destaca como símbolo religioso y alimento base de la humanidad. Otras plantas como el lino y el algodonero fueron claves para el desarrollo cultural. La cebolla, las lentejas y los garbanzos, entre otros, eran de gran importancia por su aporte nutricional.

Una parte importante de la obra se dedica a las plantas espinosas, los cardos y otras malas hierbas, como la espina de Cristo o la zarza ardiente de Moisés. La identificación de estas especies, requiere una interpretación de las creencias populares de la época. Las plantas venenosas como el beleño, la mandrágora y la cicuta también tienen su momento de protagonismo junto con especias como el azafrán y la canela. Por último, se incluye un capítulo de flores y hierbas silvestres, como la manzanilla, la amapola y el narciso. Además, un rico glosario y una abundancia de imágenes, facilitan la comprensión de la obra.

Los autores, que han obtenido premios nacionales de edición por los dos libros anteriores que forman parte de esta trilogía, han combinado sus conocimientos para crear esta nueva obra. Santiago Segura Munguía, profesor emérito de la Universidad de Deusto es uno de los autores de mayor renombre en el mundo de la cultura clásica. Javier Torres Ripa, director de Publicaciones de la misma universidad, ha publicado varios libros y artículos de jardinería. El escaso número de publicaciones sobre esta materia hace de este libro una fuente inspiradora de nuevos campos de investigación sobre los orígenes del jardín.